España
Preguntas para Sánchez, con perdón
Juan Fernández-Miranda. Ahora que La Moncloa ha afirmado abiertamente que los periodistas preguntamos demasiado, incluso nos ha afeado la «enfermiza» demanda de información y hasta nos califica despectivamente de «tertulianos», toca incurrir en el error y enviar por escrito algunas preguntas pendientes al candidato a presidente del Gobierno:
-¿Por qué tras el 28-A usted llamó a Pablo Casado al día siguiente y tras el 10-N tardó más de un mes?
-¿Temía entonces que Casado le hubiera ofrecido el apoyo al PSOE con una única condición: su cabeza?
-¿Fue ese temor el que le llevó a desdecirse en sólo 36 horas y anunciar un acuerdo con Podemos?
-Desde entonces, ¿puede usted dormir bien?
-¿Se arrepiente usted de no haber intentado siquiera llegar a un acuerdo con Albert Rivera tras el 28-A?
-¿No le parece que un pacto de 180 diputados con Cs habría propiciado un Gobierno moderado?
-Cuando Rajoy tenía 123 escaños, tres más que usted, le ofreció a usted una gran coalición o un pacto de legislatura. Su respuesta fue «no es no». «¿Le parece coherente pedir ahora al PP el apoyo a cambio de nada?
-Dado que usted fanfarroneó insinuando a un periodista que usted pone y quita al fiscal general del Estado, ¿le gustaría que así fuera?
-¿Le incomoda la prensa libre?
-¿No cree usted que algunas de las funciones que ha asumido como presidente del Gobierno corresponden al Rey?
-¿Qué le parece que las asociaciones de la prensa le hayan afeado públicamente su alergia a las preguntas de la prensa?
-Como máximo responsable del PSOE, ¿no va a pedir usted perdón por la sentencia de los ERE? (Algo que ya le preguntó ABC en la rueda de prensa de la Cumbre de la OTAN en Londres).
-¿No tiene usted opinión sobre un fraude que supone el dispendio de 680 millones de euros?
-¿Qué sintió el martes 17 al ver las sonrisas de los portavoces de Bildu al ser recibidos en el Congreso por la número 2 del PSOE?
-Cuando el PSN consiguió el Gobierno de Navarra con el apoyo de Bildu, usted dijo: «El PSN y el PSOE tenemos la misma posición, y es que con Bildu no se acuerda nada». ¿Por qué votaron ayer varias medidas conjuntamente?
-¿Por qué en los comunicados del PSOE tras las reuniones con ERC no se cita la Constitución Española?
-¿Por qué los socialistas utilizan eufemismos como «conflicto político» o «crisis de convivencia» para referirse al desafío separatista?
-Sigue manteniendo usted que Torra es «el Le Pen de la política española»?
-¿Comparte usted con Iceta que en España hay 8 naciones?
-¿Comparte usted con Eneko Andueza (PSE) que Castilla-La Mancha es una nación?
-Después de haber dicho en sede parlamentaria que nunca pactaría con independentistas, ¿qué se supone que está haciendo ahora con ERC?
-¿Qué valor le da usted a la coherencia en política?
-Después de escuchar ayer a Puigdemont, a Torra y a Torrent, ¿le parece sensato pactar su investidura con ERC?
-¿Le parece positivo pactar el Gobierno de España con un partido que no acude a la llamada del Rey y que participa activamente en una campaña contra la Monarquía?
-Si usted pactó con Pablo Iglesias un perfil bajo de Podemos en la cuestión Cataluña, ¿qué le parece que ayer Jaume Asens pidiera la puesta en libertad de los políticos condenados por sedición?
-Y una última cuestión, que son dos: ¿Por qué no concede usted una entrevista a ABC? La última la firmó este humilde periodista el 28 de mayo de 2016, hace tres campañas electorales.
-¿Ha influido algo en su negativa a concedernos una entrevista la publicación en este periódico del escándalo de su tesis?
Quede aquí la solicitud formal y por escrito. Atentamente.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
