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Opinión

«Propietario de España» Por Carlota Sales

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Una conversación con un amigo suele ser interesante, más cuando tu interlocutor es prácticamente un desconocido, militar y patriota, y aborda el nacionalismo de manera natural. La atenta escucha a su argumentario puede abrir ventanas que hasta el momento te habían pasado desapercibidas.

Con total decisión se definió como propietario de España, afirmación que captó de inmediato mi atención y dio pie a su exposición.

Afirmó ser poseedor de un Documento Nacional de Identidad del Estado Español, lo que le convierte en ciudadano de pleno derecho y por tanto, en soberano, como dicta la Constitución en su artículo primero. Y que por tal motivo, las decisiones que requieran cambios en la propia Constitución le han de ser consultadas mediante referéndum.

Razón no le falta, y si el conjunto de los españoles tuviesen tan claro éste concepto, otro gallo cantaría, y bien, porque de no ser así la decisión de desplumarlo estaría en nuestra mano.

Ante circunstancias poco habituales, me esfuerzo en utilizar el pensamiento lateral, ver las cosas desde diferentes puntos de vista para realizar un análisis más preciso a fin de obtener un resultado objetivo.
Encuentro en esa afirmación una nota preocupante.

Si ser poseedor del DNI te otorga la calidad de ciudadano de pleno derecho y el respectivo título de propietario de España, en su fracción correspondiente de una parte de un todo indivisible, entiendo el efecto llamada y la ausencia de control en la inmigración ilegal, no como un acto solidario, ni como mano de obra necesaria, sino como la entrega de nuestra propiedad a extraños con intenciones destructivas para la Nación.

Eso es el papeles para todos, otra forma de dinamitar los cimientos de la Madre Patria, señora ninistra. (deberían haberle dado un sartenazo en el lado izquierdo del rostro al decir semejante estupidez (matria) y dejar el derecho de reserva por si osa repetirlo).

A partir de aquí, los nacionalistas catalanes también son propietarios del territorio nacional, lo que no les autoriza en ningún modo a reclamar para sí parte de una tierra que nos pertenece a todos por igual.

La teoría de la independencia, si ésta se encontrara dentro del marco legal, que no es el caso, debería ser sometida mediante referéndum a todo el pueblo español, catalanes incluidos. Repito, no es el caso.

El asunto que me preocupa es el número de NIEs expedidos a diario, los privilegios que se les otorgan por encima de los nativos y el trasfondo malintencionado disfrazado de solidaridad y socialismo.

Así pues, considere su estatus como propietario de España como equivalente a un título de Lord Inglés, y defienda sus tierras como tal, espada en mano, si es necesario, y suelte algún sartenazo por el camino, para corregir actitudes cretinas y carentes de talento, eso hará bien a su espíritu.
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España

Elecciones autonómicas o juegos florales. Por Jesús Salamanca Alonso

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«El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria».

Trascurrido el 8-M con división, amenazas entre las diversas «tribus» innombrables, desnudos malogrados –aunque ellas mismas se llamen feministas o «feminazistas»– esputos, amenazas e insultos a las periodistas que cubrían la noticia, parece que volvemos a la normalidad diaria que, en estas fechas, son las elecciones de las distintas comunidades, siendo las más cercanas las de Castilla y León.

Tal comunidad, decíamos hace unos días, que tenía sus revoluciones pendientes; incluso León (solo) trabaja por su independencia uniprovincial, otra revolución pendiente y que ya huele. Sigue insistiendo Fernández Mañueco que va a exigir a Vox que, si hay acuerdo, lo sea para toda la legislatura. Él tiene la impresión de que el Mediterráneo estaba sin descubrir hasta que llegó a presidente con su declaración rimbombante. Algo que es lógico y que no se cumplió la legislatura pasada por la falta de cuadros y la división interna del partido que «acaudilla» un tal Santiego Abascal y del que empiezan a mofarse sus seguidores más jóvenes y buena parte de la ciudadanía madura. En fin, si la incompetencia volara…seguramente no nos daría el sol.

Alguien dijo eso de que «éramos pocos y parió la abuela». Pues justamente es lo que está sucediendo en el partido a la derecha del Partido Popular. Abascal se ha ido quedando sin los mejores por las cacicadas que se han impuesto desde la cúpula ultraderechista. Recordarán a Macarena Olona, a Espinosa de los Monteros, la ejecutiva de Murcia y más recientemente a Ortega Smith. Quienes mejor podían conformar los cuadros de gestión están en la calle y durante la campaña electoral tan sólo se ha visto a Abascal. ¿Le molesta que otros chupen cámara? ¿Acaso piensa que le van a destronar de un plumazo por su caudillismo mal enfocado? ¿quiere seguir presumiendo de su enfrentamiento pasado con ETA?

Por mucho que hable Alfonso Fernández Mañueco de exigir compromisos para toda la legislatura, eso no lo puede hacer con Vox porque hay una tremenda deficiencia en sus inexistentes cuadros de gestión. Carece de banquillo, como se dice ahora. Lo estamos viendo en Extremadura y en Aragón, aquí parece que los militantes son más sensatos. En Extremadura ha sido calamitosa la actuación del líder regional de Vox, asesorado por los de más arriba, por eso se están marchando los militantes a chorro. No olviden que los políticos son como los libros de una biblioteca, cuanto más latos están menos sirven.

Casi un 70% de la población extremeña culpa a la formación de Abascal de huir, de no dar la cara y de no haber entendido el voto de las urnas. Han aterrizado en política como podían haber planeado y caído en una vaquería. Si quieren presumir de torpeza, allá ellos, pero la ciudadanía no se lo va a consentir. No deben olvidar que los atropellos se pagan siempre en las urnas y, a veces, antes.

En Castilla y León de prevé un proceso parecido al de Extremadura: «aguanto como que soy fuerte, pero en dos meses te desgasto». Eso no es hacer política, sino terrorismo electoralista y con ello se parece a EH Bildu, pero desde otra perspectiva. ¡Qué poca cabeza tiene el líder extremeño de Vox, si al final acabará claudicando, como dejaba constancia de ello el 53% de los extremeños! La actitud de Vox en Extremadura se conoce en mi pueblo como «enmarranar más al cerdo». En otros tiempos le hubieran «hecho los perrillos» como hacíamos en el colegio a quienes presumían de algo o fantasmeaban demasiado. Y lo hacíamos por su mala fe, tocapelotas, imbécil e insensato.

Tan sólo el 31% de extremeños culpa a María Guardiola del bloqueo por no haber sabido atraerse a los de Santiago Abascal. Posiblemente, la peor noticia para Vox sería convocar ahora mismo nuevas elecciones porque, según las dos encuestas consultadas, esa formación ultraderechista perdería entre dos y cuatro diputados, que sumaría el PP y dos perdería el PSOE.

Si Vox no tiene más que estratagema, esa se combarte con una buena estrategia. Siempre ha sido así. Al PSOE de Extremadura le hundió los engaños del «hermanísimo», las trampas mafiosas de Garrido y la desconfianza de los socialistas. Si se hubieran convocado antes las elecciones generales sería otro el resultado, pero donde no hay mata, no hay patata.

Según veo en una encuesta de Signa Dos para El Mundo, siguen divididos los deseos de los extremeños y mientras uno de cada cuatro apoya que el PSOE permita un gobierno de la derecha pepera en solitario, entre quienes se dicen votantes socialistas, un 40% quiere ese gobierno en solitario del PP. Un 22% de extremeños prefiere que haya repetición electoral porque creen que la ultraderecha acabará de morros contra las urnas. Y créanme que no van descaminados.

El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria. Ni Castilla ni León van a permitir tonterías, ni se va a esperar a que caiga el higo de la higuera o a Abascal lo alumbre San Apapucio, patrón de la estupidez.

Cuando ese santo alumbra, la estupidez y la torpeza ya están instaladas en la persona. Y si no ceden las partes todo lo que haya que ceder, que dejen la política y se vayan a poner copas y cacahuetes a los lupanares de Pedro Sánchez y malversadora señora «catedrática» o a República Dominicana a contar los aterrizajes del Falcon sin transparencia.

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