Internacional
…Pues nada Putin, fenómeno, a seguir así, que vas camino de ganar la guerra
Putin dice que ha conseguido ya los objetivos que se había planteado para la primera fase de la guerra. Veamos unos cuantos logros:
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- – Dejar en ridículo y demostrar las debilidades de sus fuerzas armadas, que a pesar de su supuesto poderío solo consiguen avanzar con enormes dificultades.
- – Reforzar al ejército ucraniano, que cada vez es más capaz de infligirle daños al ejército ruso a pesar de las pérdidas debidas a los bombardeos y misilazos.
- – Crear una épica nacional para el pueblo ucraniano, reforzando su sentimiento nacionalista, que nunca más volverá a querer nada con Rusia.
- – Ha convertido en héroe internacional a un tipo que como presidente de Ucrania era más bien malo.
- – Resucitar a una OTAN que estaba en estado catatónico.
- – Galvanizar a una senescente y débil Europa, urgiéndola a reactivar el presupuesto de sus ejércitos y estimulándola a avanzar hacia la unión política.
- – Mejorar la colaboración entre la UE y los EEUU.
- – Confirmar y aumentar el deseo de los demás países ex-URSS de no querer estar de nuevo jamás en la órbita rusa y protegerse de ella, incluso entrando en la OTAN aquellos que aún no están.
- – Hacer que la UE busque activa y urgentemente fórmulas para dejar de depender del petróleo y gas rusos.
- – Traspasar parte de su negocio gasístico a los EEUU.
- – Dañar la reputación de Rusia, convirtiéndola en un paria internacional.
- – Bloqueo de sus reservas en el extranjero de dólares y euros.
- – Dañar a las empresas rusas que dependen de componentes vitales para su producción fabricados en el extranjero.
- – Castigar al pueblo ruso privándole de bienes y servicios que recibían del extranjero y de la participación de sus deportistas, artistas, etc, en competiciones y actos fuera de Rusia.
- – Permanencia de las sanciones en el tiempo, posiblemente varios años mientras Putin siga en el cargo, aunque se acabe la guerra.
- – Más que posible reclamación de indemnización para la reconstrucción de Ucrania ante el Tribunal de Justicia Internacional.
- – Inicio del proceso para llevar a Putin y sus generales ante el Tribunal Penal Internacional.
- – Etc, etc.
Guillermo Gefaell Chamochín
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
