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Opinión

Putin lo sabe. Por Eduardo García Serrano

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Occidente no sólo ha renegado de la Cruz, también de la sabia Madre Roma“La espada no es la solución para todos los conflictos, pero hay conflictos que sólo se solucionan con la espada. Si vis pacem, para bellum”. Y Putin lo sabe. Perfectamente. Sabe que en el 10 de Downing Street no está Churchill, ni siquiera Neville Chamberlain, está Boris Johnson, y que en la Casa Blanca no está Roosevelt, está Joe Biden, y que el resto de los líderes (perdón por el desproporcionado eufemismo) europeos son basura reciclada del Pacifismo a toda costa y a cualquier precio, que creen que la inversión en Defensa es un gasto inútil y que los Ejércitos, en el mejor de los casos, están para desfilar en las fiestan patronales de cada uno de sus mercados (que no de sus Patrias) y, en la más heróica de las ocasiones, para apagar incendios, desaguar inundaciones, repartir mantas, tiritas y aspirinas, y llorar mucho en los telediarios cuando se retiran con el aplauso de los lugareños a los que les han quitado la lava del felpudo. La Milicia de Occidente ya no es una religión de combate, es un híbrido del Padre Ángel y de las Chicas de la Cruz Roja. Y Putin lo sabe. Perfectamente.

Sabe que Occidente no está en decadencia, es la consagración y la encarnación de la decadencia; con lujo y opulencia y bienestar… decadentes. Sabe que la OTAN iba de farol. Farol que sólo ha engañado al presidente de Ucrania, el pobre Volodimir Zelenski, al que sus aguerridos aliados han abandonado ante las orugas de los tanques rusos con muchos y conmovedores madrigales, eso sí, exaltando la democracia, la libertad, la soberanía, el respeto a las fronteras, al Derecho Internacional y demás hojarasca retórica que alfombra el camino de los tanques rusos con la estrella roja y el águila bicéfala de los zares almenando sus torretas, cargando de historia sus cañones y proclamando ante el mundo cual es la voluntad y el destino de Rusia, cuyo oráculo, intérprete y líder es Vladimir Putin, heredero de Iván el Terrible, de Pedro el Grande, de Lenin y de Stalin. De todos ellos, de la grandeza de Rusia y de la Unión Soviética, también.

Frente a los tanque rusos sólo hay amenazas de sanciones económicas pero ni una sola bayoneta occidental dispuesta a combatir por la libertad, la independencia y la democracia ucranianas. Y Putin lo sabe, tal y como sabe perfectamente que los aliados de los mercados occidentales empezarán a saltarse esas sanciones económicas al día siguiente de entrar en vigor. Lo han hecho siempre: al día siguiente de la Victoria de LepantoVenecia negociaba con los turcos, del mismo modo que los firmantes del Tratado de Versalles negociaban, al márgen de sus abusivas y feroces cláusulas, con la República de Weimar, y de la misma manera que la dulce Francia negociaba con Sadam Husein al día siguiente de haber firmado las sanciones contra Iraq. Lo han hecho siempre. Está en su naturaleza.

Putin lo sabe. Como sabe que la OTAN y Occidente saben que Rusia no es Serbia, que Rusia no es Bosnia, que Rusia no es Kosovo, que Rusia no es Iraq, ni Siria ni Afganistán. Saben que Rusia es un gigante colosal, inmenso, inabarcable, invencible y riquísimo en materias primas y en hombres. O sea, en soldados y en voluntades imperiales. Lo saben ellos y lo sabe Putin. Los ucranianos también lo saben, pero se creían que la  OTAN y Occidente iban a luchar por ellos aún sabiendo lo que es Rusia y lo que Putin quiere que vuelva a ser.  

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España

Elecciones autonómicas o juegos florales. Por Jesús Salamanca Alonso

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«El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria».

Trascurrido el 8-M con división, amenazas entre las diversas «tribus» innombrables, desnudos malogrados –aunque ellas mismas se llamen feministas o «feminazistas»– esputos, amenazas e insultos a las periodistas que cubrían la noticia, parece que volvemos a la normalidad diaria que, en estas fechas, son las elecciones de las distintas comunidades, siendo las más cercanas las de Castilla y León.

Tal comunidad, decíamos hace unos días, que tenía sus revoluciones pendientes; incluso León (solo) trabaja por su independencia uniprovincial, otra revolución pendiente y que ya huele. Sigue insistiendo Fernández Mañueco que va a exigir a Vox que, si hay acuerdo, lo sea para toda la legislatura. Él tiene la impresión de que el Mediterráneo estaba sin descubrir hasta que llegó a presidente con su declaración rimbombante. Algo que es lógico y que no se cumplió la legislatura pasada por la falta de cuadros y la división interna del partido que «acaudilla» un tal Santiego Abascal y del que empiezan a mofarse sus seguidores más jóvenes y buena parte de la ciudadanía madura. En fin, si la incompetencia volara…seguramente no nos daría el sol.

Alguien dijo eso de que «éramos pocos y parió la abuela». Pues justamente es lo que está sucediendo en el partido a la derecha del Partido Popular. Abascal se ha ido quedando sin los mejores por las cacicadas que se han impuesto desde la cúpula ultraderechista. Recordarán a Macarena Olona, a Espinosa de los Monteros, la ejecutiva de Murcia y más recientemente a Ortega Smith. Quienes mejor podían conformar los cuadros de gestión están en la calle y durante la campaña electoral tan sólo se ha visto a Abascal. ¿Le molesta que otros chupen cámara? ¿Acaso piensa que le van a destronar de un plumazo por su caudillismo mal enfocado? ¿quiere seguir presumiendo de su enfrentamiento pasado con ETA?

Por mucho que hable Alfonso Fernández Mañueco de exigir compromisos para toda la legislatura, eso no lo puede hacer con Vox porque hay una tremenda deficiencia en sus inexistentes cuadros de gestión. Carece de banquillo, como se dice ahora. Lo estamos viendo en Extremadura y en Aragón, aquí parece que los militantes son más sensatos. En Extremadura ha sido calamitosa la actuación del líder regional de Vox, asesorado por los de más arriba, por eso se están marchando los militantes a chorro. No olviden que los políticos son como los libros de una biblioteca, cuanto más latos están menos sirven.

Casi un 70% de la población extremeña culpa a la formación de Abascal de huir, de no dar la cara y de no haber entendido el voto de las urnas. Han aterrizado en política como podían haber planeado y caído en una vaquería. Si quieren presumir de torpeza, allá ellos, pero la ciudadanía no se lo va a consentir. No deben olvidar que los atropellos se pagan siempre en las urnas y, a veces, antes.

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En Castilla y León de prevé un proceso parecido al de Extremadura: «aguanto como que soy fuerte, pero en dos meses te desgasto». Eso no es hacer política, sino terrorismo electoralista y con ello se parece a EH Bildu, pero desde otra perspectiva. ¡Qué poca cabeza tiene el líder extremeño de Vox, si al final acabará claudicando, como dejaba constancia de ello el 53% de los extremeños! La actitud de Vox en Extremadura se conoce en mi pueblo como «enmarranar más al cerdo». En otros tiempos le hubieran «hecho los perrillos» como hacíamos en el colegio a quienes presumían de algo o fantasmeaban demasiado. Y lo hacíamos por su mala fe, tocapelotas, imbécil e insensato.

Tan sólo el 31% de extremeños culpa a María Guardiola del bloqueo por no haber sabido atraerse a los de Santiago Abascal. Posiblemente, la peor noticia para Vox sería convocar ahora mismo nuevas elecciones porque, según las dos encuestas consultadas, esa formación ultraderechista perdería entre dos y cuatro diputados, que sumaría el PP y dos perdería el PSOE.

Si Vox no tiene más que estratagema, esa se combarte con una buena estrategia. Siempre ha sido así. Al PSOE de Extremadura le hundió los engaños del «hermanísimo», las trampas mafiosas de Garrido y la desconfianza de los socialistas. Si se hubieran convocado antes las elecciones generales sería otro el resultado, pero donde no hay mata, no hay patata.

Según veo en una encuesta de Signa Dos para El Mundo, siguen divididos los deseos de los extremeños y mientras uno de cada cuatro apoya que el PSOE permita un gobierno de la derecha pepera en solitario, entre quienes se dicen votantes socialistas, un 40% quiere ese gobierno en solitario del PP. Un 22% de extremeños prefiere que haya repetición electoral porque creen que la ultraderecha acabará de morros contra las urnas. Y créanme que no van descaminados.

El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria. Ni Castilla ni León van a permitir tonterías, ni se va a esperar a que caiga el higo de la higuera o a Abascal lo alumbre San Apapucio, patrón de la estupidez.

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Cuando ese santo alumbra, la estupidez y la torpeza ya están instaladas en la persona. Y si no ceden las partes todo lo que haya que ceder, que dejen la política y se vayan a poner copas y cacahuetes a los lupanares de Pedro Sánchez y malversadora señora «catedrática» o a República Dominicana a contar los aterrizajes del Falcon sin transparencia.

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