Sociedad
¿Qué pinta la Iglesia en el Foro de Davos?
Al igual que ocurrió el año pasado, el cardenal Peter Turkson, prefecto del Dicasterio para el Desarrollo Humano, ha intervenido de forma virtual en el Foro Económico anual que se celebra en la localidad suiza de Davos, uno de los eventos globalistas por excelencia. Lo que pinte la Iglesia católica en semejante reunión, es otro cantar.
“Es el mundo de la pobreza, que sufre más la herida del Covid, el que diseña el cardenal Peter Turkson ante el prestigioso parterre del Foro de Davos, al que la pandemia ha reconfigurado en clave virtual. Un mundo que necesita certezas más fuertes que las desmoronadas por la pandemia”, señala el medio vaticano Vatican News.
“Estamos viendo cómo los gobiernos se centran sólo en su propia gente y luego en los demás”, señaló el cardenal, que respondió a una serie de preguntas. Me cuesta ver cómo le puede sorprender esto al purpurado africano. De hecho, cambiemos la frase: Estamos viendo cómo los padres se centran sólo en sus hijos y luego en los demás. En fin, no parece tan descabellado.
“Varios países también tienen la capacidad de producir medicamentos y si la propiedad intelectual se flexibilizara podrían llevar la producción a nivel local” reduciendo el impacto del contagio. Hay nuevas cepas del virus que son inquietantes, la de Sudáfrica, por ejemplo, y si se pudieran “explorar algunas terapias alternativas”, dice el cardenal Turkson, “esto podría ayudar a gestionar la emergencia y reducir las tasas de mortalidad”.
“La cuestión de la vacuna es una prioridad en esta contingencia global, pero no la única. La sesión del Foro en la que intervino el cardenal es elocuente, detener la pobreza antes de que se convierta en “viral”. La Santa Sede se ha movido rápidamente gracias a la Comisión Covid-19 creada por el Papa, un grupo de expertos encargado de estudiar lo que está sucediendo y proponer una visión de futuro. “Desde hace algún tiempo”, explica el Prefecto vaticano, “nos hemos comprometido con lo que llamamos “grupos de movimientos populares”. Hemos identificado tres áreas clave: tierra, trabajo y vivienda. Estos tres objetivos son los que perseguimos ahora para garantizar que la gente tenga un lugar donde dormir, y esto también significa salvaguardar a la familia y su seguridad y bienestar”, leemos en Vatican News.
“Cuando hablamos de la dignidad de la persona humana, no podemos transigir y debemos defenderla”, dijo. Es una cuestión de atención que se convierte en una opción política y en una dirección de acción. “A un cierto punto”, argumenta el cardenal, “tratamos de crear una plataforma con políticas económicas sociales” capaces de “cuidarse mutuamente, porque la familia humana es una única familia interconectada”. Y la práctica de la solidaridad, del “cuidado”, concluye, crea y difunde la “fraternidad humana”.
Me cuesta ver el sentido de la participación de la Iglesia en un foro de esta índole para decir estas cosas. ¿Dónde quedan Dios, Jesucristo, la Buena noticia, el sentido de la muerte y el sufrimiento, una llamada a reconciliarse con nuestro Creador? No dudo de las buenas intenciones del cardenal, pero da la sensación de estar oyendo al portavoz de una ONG filantrópica. Y, como ha dicho el Santo Padre en numerosas ocasiones, la Iglesia no es una ONG, no es una organización asistencial, una empresa, sino el Cuerpo místico de Cristo.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
