Sociedad
Queman a una chica en Bangladesh tras denunciar a su director por acoso sexual
Una chica de 19 años de Bangladesh fue asesinada por varios compañeros de su colegio días después de haber denunciado a su director por acoso sexual. En concreto, los asesinos de Nusrat Jahan Rafi la bañaron con queroseno para luego prenderle fuego. La chica, que consiguió llegar con vida al hospital, tenía quemaduras en el 80% de su cuerpo. Este caso ha abierto un serio debate en el país asiático por la desprotección que sufren las mujeres antes actos machistas. Según los datos del Gobierno del país asiático, en 2018 hubo 201 casos de violación, pero se sospecha que esa cifra es mayor.
Los hechos comenzaron el pasado 27 de marzo, cuando el director de la escuela donde Nusrat iba a estudiar la llamó a su despacho. Allí, según el testimonio de la chica, el director comenzó a realizarle tocamientos. Antes de que el asunto avanzara más, Nusrat salió corriendo del despacho.
A pesar de que en Bangladesh estos hechos suelen quedar en nada por el miedo de la víctima a denunciar, Nusrat no se quedó parada y decidió ir a la comisaría a denunciar a su director por acosos sexual. Allí, un policía le tomó declaración grabándola en vídeo. En el mismo, Nusrat se tapa la cara con las manos por vergüenza y se puede escuchar al policía comentar que los hechos no son gran cosa. Días después el vídeo se filtró a los medios locales.
Tras la denuncia, el director fue detenido, pero el calvario de Nusrat no hizo sino comenzar. Dos estudiantes del colegio organizaron concentraciones exigiendo la puesta en libertad del director, a la vez que la gente de la localidad de Nusrat comenzó a culpar a la chica de lo sucedido.
Pero todo no quedó ahí. El 6 de abril Nusrat tenía que hacer los exámenes finales. Sin embargo, ese día sería el último al que iría a la escuela. Nada más llegar, una de sus compañeras le dijo que fuera a la azotea corriendo porque una de sus amigas estaba sufriendo una agresión. Al llegar, varios compañeros cubiertos con burkas empezaron a presionarla para que retirara los cargos hacia el director.
Nusrat se negó en rotundo, y en ese momento la rociaron con queroseno y le prendieron fuego. Los asesinos querían que todo pareciera un suicidio, pero su plan falló. Nusrat llegó a salir con vida de la escuela cuando acudió la ambulancia. En el trayecto al hospital, ella pudo grabar una declaración de lo sucedido antes de morir.
Su caso ha conmocionado a la población del país. Miles de personas acudieron a su funeral y se manifestaron para que haya más protección a las mujeres en Bangladesh. En total han sido arrestadas quince personas y el primer ministro, Sheikh Hasina, prometió a la familia de Nusrat que toda persona involucrada en el asesinato sería llevada ante la justicia.
«Ninguno de los culpables se librará de una acción legal», aseveró.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
