Sociedad
¿Quién es Brenton Harrison?
Brenton Harrison Tarrant, el autor del tiroteo en la mezquita neozelandesa de Christchurch, nació en Australia hace 28 años. El joven se grabó a sí mismo en un video que retransmitió en directo en Facebook dentro de su coche escuchando una canción que hace apología de Radovan Karadzic, instantes antes de asaltar la mezquita Al Noor de la avenida Deans de Christchurch.
Tarrant se describía como «tipo normal de una familia blanca de clase trabajadora» que decidió pasar a la acción «para garantizar el futuro de mi gente».
Nacido en Grafton, en el estado de Nueva Gales del Sur, a unos 600 kilómetros al norte de Sídney, en 2009 comenzó a trabajar como entrenador personal en el gimnasio de la ciudad, donde estaría empleado dos años, según la cadena ABC.
«Era un entrenador muy dedicado. Trabajaba en nuestro programa que ofrece entrenamiento gratuito a chicos de la comunidad y lo hacía con mucha pasión», dijo la directora del gimnasio, Tracey Gray, a la televisión.
Su afición por el deporte le vendría de su padre, Rodney, participante de maratones y el Iron-man, la versión más dura del triatlón, que murió de cáncer en 2010 a los 49 años.
Un año más tarde, Tarrant dejó el trabajo para viajar por el mundo, en un periplo que lo llevó a países como Corea del Norte, Pakistán y Europa, donde quedó fuertemente impactado por la presencia de importantes comunidades inmigrantes en las ciudades europeas.
Tarrant residía en Dunedin, la segunda ciudad más grande de la isla sur de Nueva Zelanda y ubicada a 360 km del lugar donde ejecutó su plan. Allí ha residido durante los dos últimos años viviendo una vida modesta en un apartamento de una sola habitación. Sus vecinos lo catalogan como una persona reservada que no compartía sus sentimientos.
En un manifiesto dado a conocer este viernes, Tarrant asegura que inicialmente no tenía pensado realizar su ataque en Nueva Zelanda pero que acabó haciéndolo en este país porque al ser considerado como un lugar seguro este tendría un mayor impacto en la opinión pública.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.

mirrir
07/07/2019 at 13:21
Quien es?
UN HEROE
mirrir
19/03/2019 at 01:23
Quien es?
UN HEROE