España
Ramiro Grau, ex fiscal: «Hay hijos de puta que deben ser condenados a duras penas de prisión hasta que dejen de ser un peligro social»
Ramiro Grau Morancho.- Hoy es un día de llanto y de oración, para quienes somos católicos, y de cariñoso recuerdo para los demás. También de acompañamiento, aunque sea en la distancia, y por medio de nuestras oraciones, a los padres, familiares, novio, amigos y compañeros de doña Laura Luelmo, esa joven valiente y ejemplar, que buscaba labrarse un futuro, tras acabar brillantemente su carrera, realizar un máster, y demostrar una competencia y vocación docente, fuera de toda duda.
Representa a nuestra mejor juventud, esa que lucha por sus sueños, por sus ideales, que se sacrifica, que no le importa cambiar de residencia, que no busca la comodidad, sino ser útil en la vida a los demás, en definitiva esa juventud que aguarda, y a la que la sociedad tiene que darle oportunidades, abrirle caminos, y protegerla debidamente.
Su asesinato no es un problema de machismo o de feminismo, sino de que hay hijos de puta que deben ser condenados a duras penas de prisión, permanentes y revisables, hasta que dejen de ser un peligro para la sociedad.
La sociedad tiene derecho a protegerse de esas alimañas, y el ideal constitucional de que las penas deben facilitar la reinserción social del penado (art. 25, 2), se convierte en papel mojado cuándo el reo no quiere rehabilitarse, sino que se ha situado al margen de la sociedad, y no respeta a nada ni a nadie, como sucede en el caso que nos ocupa.
Esa casta política que tenemos la desgracia de soportar, y esa castuza nueva, que vienen a vivir de nosotros, con planteamientos giliprogres, de que el hombre es bueno por naturaleza, y es la sociedad la que nos hace malos, como decía Rousseau, harían bien en revisar sus fallidas teorías, pues por desgracia hay determinadas personas que son malas por naturaleza, que han venido a la vida para hacer el mal, y que la sociedad tiene derecho a librarse de ellas, y ponerlas a buen recaudo.
Y no me refiero ya a sí es lícita o no la pena de muerte, sino a la necesidad de aislar a determinados hideputas, que han acreditado sobradamente que son un peligro público para los demás-
Utilizar este triste asesinado, secuestro, intento de violación, etc., para hacer propaganda del feminismo, como hace esa inútil vicepresidenta del gobierno que tenemos, es ser una feminista francamente miserable.
Nosotros no tenemos la culpa de que su vida personal deje mucho que desear, que sus 3 o 4 matrimonios hayan devenido en fracaso tras fracaso, y no se puede culpar a los hombres de sus desgracias, como si todas las mujeres fueran buenas, y todos los hombres malos. Es una simplificación completamente arbitraria, y como tal, errónea.
Laura, descansa en paz. Nunca te olvidaremos. Rezaremos por ti y por tus familiares, para que Dios y la Virgen del Pilar les ayuden a soportar esta horrible pérdida.
Pero también rezaremos para que al culpable de tu asesinato se le imponga la prisión permanente revisable, pues es de Justicia.
*Ex juez y ex fiscal. Profesor universitario de Derecho y académico correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
