Opinión
Rebeldes en los 60/rebeldes a los 60
No nos gustaba la España de los sesenta. Por eso nos rebelábamos. Pero tampoco nos gusta la actual. Por eso nos volvemos a rebelar.
Nos rebelábamos contra la existencia de 4.000 coches oficiales con matrícula PMM». Pero no para encontrarnos con 10.000, que aunque no lleven matrícula distintiva, tienen la misma finalidad de transportar a «la autoridad».
Nos rebelábamos contra la existencia de unas Cortes Orgánicas dedocraticamente constituidas, pero no para encontrarnos con 20 Gobiernos ( 19 autonómicos más el Central), 20 Parlamentos (más un Senado), 20 Defensores del Pueblo y 20 Tribunales Superiores de Justicia.
Nos rebelábamos contra un injusto reparto de la carga impositiva, pero no para encontrarnos con un aumento del 800% de la misma : lo que va del 2,7% del I.T.E. al 21% del I.V.A.
Y de un I.R.P.F. para ricos a una obligación universal, aunque el salario o la Pensión no llegue para final de mes
Nos rebelábamos contra una deficiente asistencia sanitaria, pero no para encontrarnos con un País líder en el llamado «turismo sanitario» : vienen, se operan y se van.
Nos rebelábamos contra la carestía de los productos de primera necesidad, pero no para encontrarnos con un aumento de un 70 % en los últimos cinco años de la luz y el gas.
Nos rebelábamos contra la carestía de la vivienda, pero no para encontrarnos con viviendas familiares de padres, hijos y nietos teniendo que vivir bajo el mismo techo!.
Nos rebelábamos contra una Justicia impartida en nombre de unos «Principios Fundamentales», pero no para ser impartida por representantes «de cuota» de los Partidos mayoritarios.
Nos rebelábamos, en fin, contra el sistema de ocupación de cargos públicos en una meritocracia basada en ser » hijo de «, pero no para encontrarnos con una «casta parasitaria» ignorante y sin formación ni experiencia alguna, cuyo único mérito ha sido el de aguantar en alguna sede local del Partido hasta ser incorporado en alguna lista (cerrada) para ocupar algún cargo electo.
De nuevo nos tenemos que rebelar los que podamos aportar al sistema dosis de saber, experiencia y conocimientos.
Es la hora.
De volver a rebelarse por una España que, de nuevo, no nos gusta nada como está.
España
Se les acaba la alfalfa en el pesebre. Por Jesús Salamanca Alonso
.«Es un hecho que la afiliación sindical ha descendido del año 2000 para acá; son los sectores de servicios los que acaparan mayor afiliación: educación, biblioteca, etc. Hoy no supera el 12-13% y bajando, según la OCDE»
El pesebre sindical se va quedando sin alfalfa. Al sindicalismo en desuso, consagrado casta y de buen vivir se le acaban los haces de alfalfa como a los aviones de ciertos países, que se van quedando sin queroseno de reserva. Sea por improvisación de los Gobiernos, mala gestión de las políticas o simplemente la conflagración de una guerra inesperada, el caso es que quienes comían ya no comen, al igual que los que vivían del lujo, malgastando fondos de la Junta de Andalucía o del Fondo europeo ya no vive igual y comprueba como Anticorrupción, la UCO o Hacienda le tienden trampas. Algunas iguales a las que tienden a los contribuyentes, que ponerlas las ponen.
Hacienda, la UCO y la Fiscalía Anticorrupción lleven a cabo una investigación en profundidad sobre la opacidad del patrimonio sindical y, en algunos casos, el de los líderes que llevan años enclaustrados con tumbona, porrón, cacahuetes y naipes de ocio alargado. Algunas sanciones a esos sindicatos machistas, privilegiados y casta se han pagado con patrimonio sindical, cuando las sanciones han sido aplicadas por la mala gestión efectuada. No echen en saco roto cómo uno de esos sindicatos amamantado por el Erario Público pagaba a su gente viajes al Caribe con cargo de los fondos que recibía de la Junta de Andalucía. Investiguen, investiguen, verán como no es necesario que me retracte.
Durante muchos años han vivido de los presupuestos y del dinero público. Ahora parece que el grifo se queda sin agua o tiene fugas por otros sitios. Grifo sin agua y vaca sin leche ya se sabe. Han tirado tanto de la ubre que no da más de sí. Están obligados a pedir perdón a los trabajadores por usos y representación fraudulenta. En España, entre los trabajadores de 25 a 44 años, está afiliado a un sindicato el 18% de los empleados a tiempo completo. Parece que ese porcentaje desciende al 10% entre los trabajadores que trabajan parcial. Es un hecho que la afiliación sindical ha descendido del año 2000 para acá; son los sectores de servicios los que acaparan mayor afiliación: educación, biblioteca, etc. Hoy no supera el 12-13% y bajando, según la OCDE.
«Más allá de su función institucional (…), el grado en que los trabajadores deciden afiliarse a un sindicato refleja su nivel de identificación con estas organizaciones y la capacidad de éstas para atraer y retener nuevos miembros. En los últimos años, diversos estudios han señalado un proceso de debilitamiento de la afiliación sindical en muchas economías avanzadas, especialmente entre los trabajadores más jóvenes y aquellos con trayectorias laborales más inestables». Eso se debe a una transformación estructural del mercado de trabajo, el aumento de la temporalidad y una mayor rotación en el empleo, así como por los cambios habidos en las relaciones laborales.
El nivel de identificación en España con este tipo de organizaciones no supera el cuatro por ciento. Están obligados a cambiar su estructuración, su dedicación al afiliado o usuario y a un aumento de las exigencias para la mejora de sus servicios. El gran logro del siglo XXI se habrá alcanzado cuando aprendan a mantenerse con sus propios presupuestos para ganar independencia respecto al Estado. Ahora es ese momento: vivir de sus afiliados y mantener sedes y servicios de ellos, ajenos al Estado y a las empresas. «Han vivido del robo y la venta de los trabajadores y se han dado lujos de los que se privaban los trabajadores: mariscadas, vicios mayores, orgías a destiempo, etc.», dice E. San Román, afiliado hasta su desengaño.
Ahora empezarán las huelgas que llevan años sin hacer porque, estando lleno el buche, no dan ganas de algaradas ni de quema de contenedores. Les interesan más sus intereses y llenar sus bolsillos que las necesidades de los trabajadores. Movilizaciones las llaman, pero solo recurren a ellas si les tocan el bolsillo. ¡Vividores a trabajar! Castilla y León se han comprometido a quitar las subvenciones a los sindicatos y a enseñarlos a vivir de lo que generen. Ya lo hizo en la legislatura anterior, pero solo mientras VOX permaneció en el Gobierno. Si se ha hecho en casi todos los países, ¿por qué en España seguimos sin evolucionar, pringados en naftalina y con estructuras sindicales anquilosadas? A Alfonso Fernández Mañueco le hemos dado un plazo prudencial para cerrar el grifo de las subvenciones inútiles, que las hay, y muchas. Si no lo lleva a cabo tendrá que soportar movilizaciones de la ciudadanía que produce y si no, al tiempo.
Mientras este tipo de sindicatos no cambie y se modernice, solo merecen patatas cocidas (marraneras) y no tantas gambas. ¡Ya está bien de fiestas! Para el 1º de mayo ya está organizado el comité de seguimiento para comprobar cómo desciende el «montante gambeto» de España. Contabilicemos gambas y liberados.
