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Opinión

Rusia: El desastre organizativo más grande del mundo. Por Francisco Rubiales

Redacción

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Las tropas rusas, derrotadas, desmoralizadas y sin combatir, abandonan la estratégica ciudad ucraniana de Jerson y escapan a la orilla izquierda del rio Dniéper, donde se fortalecen creando un fortín.

Esa retirada y la guerra entera reflejan la debilidad del antes temible Ejercito Rojo, que nadie se esperaba, salvo los servicios de inteligencia de Estados Unidos y Gran Bretaña.

Los norteamericanos y los ingleses sabían que Rusia es un país débil por su desorganización y deficiente estructura de poder interna. Por eso creen que la Guerra de Ucrania la pueden perder los que son la primera potencia atómica y el país más grande y con más recursos naturales del planeta.

El reclutamiento de los 300.000 soldados para reforzar el contingente ruso en Ucrania ha sido un desastre con reclutas «cazados» en las calles y miles de ellos huyendo al extranjero; muchos rusos recién reclutados mueren antes de llegar a Ucrania; los accidentes en los campos de entrenamiento y en el frente son demasiado numerosos; hay episodios documentados de tiroteos y matanzas entre unidades rusas; los suministros no llegan; las armas escasean y han tenido que recurrir a compras urgentes en Irán y Corea del Norte; muchos generales han sido destituidos y Putin está como loco, destrozado por su ridículo fracaso, mientras el temible Ejercito Rojo, cargado de gloria por derrotar a los nazis en la II Guerra Mundial, se muestra hoy como una inepta compañía de opereta.

Rusia está demostrando, ante la sorpresa del mundo, que es «un gigante con los pies de barro» y, como decía Mao Tse tung, «un tigre de papel».

La convicción de que Rusia es un país caótico e incapaz de organizarse ha llevado a Estados Unidos e Inglaterra a alimentar la resistencia ucraniana, convencidos de que el pequeño país puede derrotar al gigante ruso.

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Las perdidas de materiales rusas son insoportables, sobre todo en tanques, vehículos blindados y helicópteros. Las armas y las tecnologías occidentales han demostrado ser mucho más eficaces y poderosas que las rusas.

Hasta ahora, Rusia sólo ha cosechado en Ucrania dramas y desastres: imagen mundial de país asesino, ineficacia militar, pérdida masiva de hombres y equipos, desprestigio del ejercito, desmoralización, aislamiento internacional y debilitamiento profundo de Putin y su estructura de poder.

Hasta las amenazas rusas de guerra atómica están dejando de ser creíbles y temibles.

En política exterior las cosas no les van mejor: China, vital para Rusia, sigue condenando la anexión de territorios ucranianos y otorgando a Putin un apoyo frío y distante. Ningún otro país importante, salvo Irán y Corea del Norte, han demostrado un cierto apoyo a los rusos.

El mundo está sorprendido ante la debilidad rusa y espera grandes acontecimientos.

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Francisco Rubiales

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España

Elecciones autonómicas o juegos florales. Por Jesús Salamanca Alonso

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«El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria».

Trascurrido el 8-M con división, amenazas entre las diversas «tribus» innombrables, desnudos malogrados –aunque ellas mismas se llamen feministas o «feminazistas»– esputos, amenazas e insultos a las periodistas que cubrían la noticia, parece que volvemos a la normalidad diaria que, en estas fechas, son las elecciones de las distintas comunidades, siendo las más cercanas las de Castilla y León.

Tal comunidad, decíamos hace unos días, que tenía sus revoluciones pendientes; incluso León (solo) trabaja por su independencia uniprovincial, otra revolución pendiente y que ya huele. Sigue insistiendo Fernández Mañueco que va a exigir a Vox que, si hay acuerdo, lo sea para toda la legislatura. Él tiene la impresión de que el Mediterráneo estaba sin descubrir hasta que llegó a presidente con su declaración rimbombante. Algo que es lógico y que no se cumplió la legislatura pasada por la falta de cuadros y la división interna del partido que «acaudilla» un tal Santiego Abascal y del que empiezan a mofarse sus seguidores más jóvenes y buena parte de la ciudadanía madura. En fin, si la incompetencia volara…seguramente no nos daría el sol.

Alguien dijo eso de que «éramos pocos y parió la abuela». Pues justamente es lo que está sucediendo en el partido a la derecha del Partido Popular. Abascal se ha ido quedando sin los mejores por las cacicadas que se han impuesto desde la cúpula ultraderechista. Recordarán a Macarena Olona, a Espinosa de los Monteros, la ejecutiva de Murcia y más recientemente a Ortega Smith. Quienes mejor podían conformar los cuadros de gestión están en la calle y durante la campaña electoral tan sólo se ha visto a Abascal. ¿Le molesta que otros chupen cámara? ¿Acaso piensa que le van a destronar de un plumazo por su caudillismo mal enfocado? ¿quiere seguir presumiendo de su enfrentamiento pasado con ETA?

Por mucho que hable Alfonso Fernández Mañueco de exigir compromisos para toda la legislatura, eso no lo puede hacer con Vox porque hay una tremenda deficiencia en sus inexistentes cuadros de gestión. Carece de banquillo, como se dice ahora. Lo estamos viendo en Extremadura y en Aragón, aquí parece que los militantes son más sensatos. En Extremadura ha sido calamitosa la actuación del líder regional de Vox, asesorado por los de más arriba, por eso se están marchando los militantes a chorro. No olviden que los políticos son como los libros de una biblioteca, cuanto más latos están menos sirven.

Casi un 70% de la población extremeña culpa a la formación de Abascal de huir, de no dar la cara y de no haber entendido el voto de las urnas. Han aterrizado en política como podían haber planeado y caído en una vaquería. Si quieren presumir de torpeza, allá ellos, pero la ciudadanía no se lo va a consentir. No deben olvidar que los atropellos se pagan siempre en las urnas y, a veces, antes.

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En Castilla y León de prevé un proceso parecido al de Extremadura: «aguanto como que soy fuerte, pero en dos meses te desgasto». Eso no es hacer política, sino terrorismo electoralista y con ello se parece a EH Bildu, pero desde otra perspectiva. ¡Qué poca cabeza tiene el líder extremeño de Vox, si al final acabará claudicando, como dejaba constancia de ello el 53% de los extremeños! La actitud de Vox en Extremadura se conoce en mi pueblo como «enmarranar más al cerdo». En otros tiempos le hubieran «hecho los perrillos» como hacíamos en el colegio a quienes presumían de algo o fantasmeaban demasiado. Y lo hacíamos por su mala fe, tocapelotas, imbécil e insensato.

Tan sólo el 31% de extremeños culpa a María Guardiola del bloqueo por no haber sabido atraerse a los de Santiago Abascal. Posiblemente, la peor noticia para Vox sería convocar ahora mismo nuevas elecciones porque, según las dos encuestas consultadas, esa formación ultraderechista perdería entre dos y cuatro diputados, que sumaría el PP y dos perdería el PSOE.

Si Vox no tiene más que estratagema, esa se combarte con una buena estrategia. Siempre ha sido así. Al PSOE de Extremadura le hundió los engaños del «hermanísimo», las trampas mafiosas de Garrido y la desconfianza de los socialistas. Si se hubieran convocado antes las elecciones generales sería otro el resultado, pero donde no hay mata, no hay patata.

Según veo en una encuesta de Signa Dos para El Mundo, siguen divididos los deseos de los extremeños y mientras uno de cada cuatro apoya que el PSOE permita un gobierno de la derecha pepera en solitario, entre quienes se dicen votantes socialistas, un 40% quiere ese gobierno en solitario del PP. Un 22% de extremeños prefiere que haya repetición electoral porque creen que la ultraderecha acabará de morros contra las urnas. Y créanme que no van descaminados.

El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria. Ni Castilla ni León van a permitir tonterías, ni se va a esperar a que caiga el higo de la higuera o a Abascal lo alumbre San Apapucio, patrón de la estupidez.

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Cuando ese santo alumbra, la estupidez y la torpeza ya están instaladas en la persona. Y si no ceden las partes todo lo que haya que ceder, que dejen la política y se vayan a poner copas y cacahuetes a los lupanares de Pedro Sánchez y malversadora señora «catedrática» o a República Dominicana a contar los aterrizajes del Falcon sin transparencia.

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