España
Sánchez claudica y entrega al País Vasco la gestión de la Seguridad Social y Prisiones
Hoy es el comienzo de la ruptura de la caja única de la Seguridad Social. Otra gran hazaña en nombre de la igualdad y de la solidaridad del Gobierno socialcomunista y un paso fundamental en el desmantelamiento y el debilitamiento de la nación española.
El Gobierno de Sánchez claudica ante una de las principales reivindicaciones del PNV: conseguir que el País Vasco gestione la Seguridad Social. La ministra de Política Territorial, Carolina Darias, y el consejero vasco de Gobernanza Pública y Autogobierno, Josu Erkoreka, están citados este jueves en Vitoria para concretar el calendario de transferencias pendientes, en el que se incluirá la gestión del régimen económico de la Seguridad Social.
La reunión se cerró el pasado 5 de febrero en un encuentro previo entre Darias y Erkoreka que se celebró en Madrid y al que el Ejecutivo autonómico llevó su reivindicación de traspaso a Euskadi de una treintena de competencias recogidas en el Estatuto de Gernika que aún no son gestionadas por las instituciones autonómicas. Entre ellas, una de las más relevantes y más reclamada por el Ejecutivo de Vitoria es la relativa a la gestión del régimen económico de la Seguridad Social que, tal y como ha precisado este miércoles la líder de los socialistas vascos, Idoia Mendia, se incluirá en el calendario que propondrá la ministra.
Según ha concretado, se trataría de transferir a Euskadi «medios materiales y humanos: funcionarios y edificios». «Lo que no se rompe es la caja única. Las pensiones las va a seguir pagando y garantizando el Gobierno de España», ha dejado claro. El Ejecutivo vasco será el que gestionaría estos fondos, aunque no podría subir las pensiones por su cuenta. La comunidad tiene un déficit de unos 2.200 millones en el sistema, por lo que se nutre de la solidaridad regional.
La de Prisiones es otra de las competencias pendientes más relevantes para el Gobierno vasco. Su portavoz y consejero de Autogobierno, Josu Erkoreka, ha vuelto a insistir este miércoles en que no hay motivos para no hacer efectivo este traspaso porque «no plantea problemas técnicos, ni jurídicos» y ni tan siquiera «políticos» desde la desaparición de ETA.
En este sentido, ha rechazado que se «intente mezclar este anuncio» con factores como el acercamiento de los presos de ETA a cárceles próximas a sus lugares de origen, tal y como reclama el gabinete de Iñigo Urkullu. «Quienes lo mezclan todo solo quieren inocular miedo», ha advertido.
En el anterior encuentro, Darias y Erkoreka acordaron que el primer paquete de traspasos incluiría la legislación sobre productos farmacéuticos, los seguros escolares y las ayudas previas a la jubilación ordinaria de trabajadores afectados por expedientes de regulación de empleo. También se decidió constituir grupos de trabajo para tratar sobre la litigiosidad competencial y evitar recursos en tres leyes, dos vascas y una española. Se trata de las leyes vascas sobre establecimientos comerciales y de la Policía, así como los decretos estatales sobre la seguridad digital.
Las negociaciones entre ambos ejecutivos, que quedaron interrumpidas tras convocarse las últimas elecciones generales, se han retomado a petición del Gobierno vasco que lo solicitó al central una vez que se conformó el Ejecutivo de Pedro Sánchez. El anterior Gobierno de Sánchez se comprometió a cumplir un calendario de trabajo en el que se establecía el traspaso a Euskadi, en distintos plazos y hasta 2020, de un total de 33 competencias recogidas en el Estatuto de Gernika. De él quedaron fuera el Instituto Social de la Marina y la gestión del régimen económico de la Seguridad Social, que ahora se podría incluir, mientras que la de prisiones no fue incluida entre las prioritarias.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
