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Scariolo: «Tenemos que estar preparados para otro partido a cara de perro»
Sergio Scariolo, seleccionador español de baloncesto, advirtió a sus jugadores en la víspera de la final del Mundial frente a Argentina de que tendrán que estar preparados «para otro partido a cara de perro» ante un rival que, cuantos más vídeos suyos ve, más le preocupa.
«Estamos bastante ocupados todo el día dándole vueltas un poquito y, cuanto más los vemos, más sube nuestra sensación de que va a ser un partido muy, muy complicado», declaró a la prensa en el hotel de concentración de la selección española en Pekín.
Recordó que la Albiceleste «no ha llegado hasta aquí por casualidad», sino que lo ha logrado «jugando un grandísimo baloncesto, con una determinación, un carácter, una fuerza defensiva y una optimización de los recursos ofensivos brutal».
Por ello, le tiene «mucho respeto individual y colectivo» y espera otro partido «difícil» en el que atravesarán momentos duros que tendrán que superar porque, hasta el final, el choque «probablemente esté igualadísimo».
Entre los aspectos en los que coinciden los dos finalistas de China 2019 destacó que ambos llegaron «contra todo pronóstico» al último partido «y eso cualifica el trabajo que se ha hecho», ya que, al margen de los nombres o quinielas, «son los dos mejores equipos de este campeonato del mundo y se merecen estar en la final».
«Nos pondrán problemas de todo tipo», avanzó el italiano, para quien Facundo Campazzo es el jugador «que determina más en Argentina su forma de jugar» y -respondiendo a una broma del base del Real Madrid el día anterior en la que decía que Llull y Rudy eran unos «asesinos» en la pista- dijo que «el primer asesino es él» y después Luis Scola, «que es otro que sabe cómo matar».
«Es un equipo con muchas armas para generar peligro en la defensa rival -continuó-, pero sobre todo es uno de los mejores equipos de toda la competición, si no el mejor de los rivales a los que nos hemos enfrentado».
El mérito de su próximo oponente es, a su juicio, que al margen de Campazzo y Scola ha sabido complementar su plantilla con jugadores de la calidad de Nico Laprovittola o Gabriel Deck «que, saliendo del banquillo, son unos cambiapartidos».
«Además Brussino y Garino complementan fenomenalmente el perímetro y Delia hace un trabajo importantísimo. Son un equipo que, como nosotros, ha tenido que reducir sus rotaciones, pero ha encontrado una química y dinámica de funcionamiento del equipo muy buena», añadió el seleccionador español.
Por último, preguntado por cómo puede afectar a sus hombres el hecho de haber tenido que jugar dos prórrogas el viernes, respondió: «El desgaste de las prórrogas esta ahí, pero hemos jugado cuatro horas antes que ellos».
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Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy
zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.
La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.
Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.
También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.
Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.
En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.
La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).
Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.
Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.
