Sucesos
Se despeña en el Himalaya un ex alcalde separatista del PSC: había sido denunciado por incumplir la Ley de Banderas y había aparecido con una estelada en una cumbre. Una pena
Fallece el separatista catalán Sergi Mingote tras sufrir un accidente en el K2.
El alpinista separatista catalán Sergi Mingote ha fallecido este sábado a los 49 años, tal como ha confirmado su equipo, durante su aventura en el K2, la segunda cima más alta del planeta.
Mingote sufrió una caída en la última etapa del pico de 8.611 metros, en la que resultó gravemente herido. Según el portavoz del Club, en declaraciones que recoge EFE, Mingote se había fracturado ambas piernas y estaba previsto evacuarle en las próximas horas. Sin embargo, el alpinista español quedó inconsciente y nada se pudo hacer por salvar su vida.
El accidente se produjo mientras llegaba al campamento base.
Mingote quiso formar parte de la primera expedición que coronaba esta montaña en invierno. Los pasos de Sergi Mingote podían seguirse a través del localizador ‘Race Tracker’, que notifica la hora del accidente: «A las 11:19h recibimos señal de @Sergimingote desde 5.935m, por debajo del C1 y las 11:29h (10 minutos más tarde) a 5.296m, 639m más abajo, al lado del ABC. Juan Pablo Mohr que bajaba con él ha tardado en bajar la misma distancia 40 minutos más».
Reacciones a su fallecimiento
Ha destacado especialmente el mensaje de tristeza que ha publicado el Ministro de Sanidad, Salvador Illa, «consternado por la noticia» del fallecimiento de «un amigo personal».
Por su vinculación con la política durante su vida, también han manifestado sus condolencias políticos como el Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez: «Triste fallecimiento de Sergi Mingote en el K2 […] Un abrazo enorme para los seres queridos de este grandísimo deportista».
Alejandro Blanco, presidente del COE, ha escrito «consternado por el fallecimiento de Sergi Mingote, un fantástico alpinista y una gran persona. Quiero enviar mi más sincero pésame a sus familiares y amigos, y a la Federación Española de Deportes de Montaña. Descansa en paz».
La presidenta del CSD, Irene Lozano, ha enviado «mi cariño a todos sus seres queridos y a toda la familia de la @FEDME_es».
Diplomado en función gerencial en las administraciones públicas por ESADE, fue alcalde por el PSC de su ciudad natal, Parets (provincia de Barcelona) entre los años 2011 y 2018, habiendo sido anteriormente concejal de deportes. También fue coach ejecutivo por «The International School of Coaching».
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.

