Sociedad
Se desconocen las causas del exceso de mortalidad que se dispara en España
El exceso de mortalidad en julio ha alcanzado máximos históricos. Un desconcertante número de fallecimientos inesperados con 11.264 defunciones por encima de lo habitual, si, más de 11.000 muertes de más en un solo mes, esto es, seis veces más con respecto a la serie histórica de la media de este mes de julio (1.844) desde que el Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) la recoge en las estadísticas en el MoMo, el sistema de Monitorización de la Mortalidad, dependiente del Ministerio del Interior. Un exceso de muertes, además, muy por encima de las provocadas por covid oficialmente en el mismo periodo (2.602).
360 muertes diarias sin explicación
Así, a razón de más de 360 decesos diarias sin explicación, sobre cuáles son las razones hay más hipótesis que certezas, y los expertos no saben o no se atreven a decir a que se deben. Según los expertos, no hay una sola causa y, por eso, ningún posible motivo en ese abanico «debe ser tampoco desdeñado sin estudiarlo a fondo»: que el confinamiento pudo crear mucha enfermedad –hipertensión, diabetes, enfermedad cardiovascular, enfermedad mental…– y junto con los retrasos en los diagnósticos de patologías potencialmente mortales, el resultado está dando la cara ahora., pero pocos se atreven a señalar un posible escenario: que sea el resultado de los efectos adversos de la vacunación masiva del Covid. En este contexto, la médica y bioeticista Mónica Lalanda, señala la vacunación masiva como una las posibles causas: «España ha estado a la cabeza de la vacunación masiva. Es imprescindible tener la valentía de valorar posibles efectos colaterales de estas medidas», apunta.
El Ministerio de Sanidad no han sabido responder ante lo que está sucediendo
Ninguna de las administraciones consultadas ha sabido dar una respuesta a qué se debe este exceso de mortalidad. Hasta el momento, la única referencia pública a este tema por parte de los representantes políticos tuvo lugar en diciembre de 2021 cuando la ministra de Sanidad, Carolina Darias, tras ser preguntada por este asunto en la comisión de salud del Congreso de los Diputados, dijo que a ella también «le gustaría saber por qué» se están produciendo estas muertes.
Y es que si observamos el EuroMoMo, las estadísticas muestran un pequeño repunte de la mortalidad en el resto del continente, pero sin parangón con los datos registrados en España, Portugal o Reino Unido, países donde las medidas contra el coronavirus fueron de las más restrictivas y donde más cambios se implantaron en el sistema sanitario y, además, durante más tiempo. Por el contrario, países como República Checa (0,3), Croacia (1,5), Francia (4,4) y Lituania (4,6) presentan pequeños repuntes de exceso de fallecimientos.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
