Sociedad
La ley del «Sí es sí»: un piropo y un ataque con un cuchillo: la misma pena. El hombre deja de tener derecho a la presunción de inocencia. La mujer no necesita aportar ninguna prueba
La diputada Carla Toscano, integrante del partido Vox en el Congreso, señaló a Panam Post que la ley «solo sí es sí» es una maniobra ideológica, que tiene como objetivo demonizar y criminalizar a los hombres. Una obsesión del feminismo en los últimos años.
La ley «sí es solo sí» se decanta por llamar agresión sexual a todo acto sexual no consentido, sin importar si ocurre algún tipo de intimidación. A su vez, lo castiga con 1 a 4 años de prisión o 4 a 12 años si hay acceso carnal, haya o no violencia. (Archivo)
La Ley de Garantía Integral de Libertad Sexual —conocida también como «solo sí es sí»— ha tenido un cúmulo de reacciones desde su aprobación por el Congreso de los Diputados de España, con 205 votos a favor y 141 en contra, el pasado 26 de agosto. Entre las críticas figura el reclamo de la diputada Carla Toscano, militante del partido Vox, quien aseguró que este país deja un precedente para las demás naciones de habla hispana respecto a cómo el feminismo quiebra la igualdad ante la justicia.
En concreto, ¿qué critica Toscano? La ley «solo sí es sí» —que impulsó la ministra de igualdad, Irene Montero, del partido de izquierda radical Podemos— en la práctica impone una mirada acusadora hacia el hombre, sin haber una prueba de ello. Basta con el testimonio de la presunta víctima, sin que entregue alguna evidencia o requisito de lo que se consideró agresión sexual. Asimismo, hay varios factores que merecen mención, como por ejemplo el hecho de que conductas más leves se castiguen con mayor pena que otras más graves.
Hasta la aprobación de la ley «solo sí es sí» había una diferenciación en la proporcionalidad de las penas, dependiendo de la modalidad. En el Código Penal se diferencia entre el uso o no de violencia, así como intimidación, en un hecho delictivo. Es decir, anteriormente, para estos casos, había una distinción entre abuso sexual —sin violencia, ni intimidación, cuya pena va de 1 a 3 años de prisión o 4 a 10 años si hubo acceso carnal— y agresión sexual —donde hay violencia o intimidación y la pena va de 1 a 5 años de prisión o 6 a 12 años si existió acceso carnal—.
Un piropo, al mismo nivel que un ataque con arma blanca
Al abandonar esta diferenciación, la ley «sí es solo sí» se decanta por llamar agresión sexual a toda interacción sexual no consentido, sin importar si ocurre algún tipo de intimidación. A su vez, lo castiga con 1 a 4 años de prisión o 4 a 12 años si hay acceso carnal, haya o no violencia. Entonces, al suprimir esta distinción, se puede calificar como delito —y tiene la misma pena— un tropezón en algún transporte público que atacar a una víctima con un cuchillo, si ambas acciones con catalogadas como que buscan el mismo fin.
Es más, diario El País indica que con respecto a los piropos, práctica que por el propio medio es definida como banal e incluso positivo por quienes aún los profieren, ahora «la nueva norma modifica los apartados 1 y 4 del artículo 173 y considerará autor de un delito leve a quienes ‘se dirijan a otra persona con expresiones, comportamientos o proposiciones de carácter sexual que creen a la víctima una situación objetivamente humillante, hostil o intimidatoria, sin llegar a constituir otros delitos de mayor gravedad’».
En tal sentido, la BBC Mundo especificó que esta acción, ahora tipificada como «acoso callejero» pasará a ser penado y la Justicia podrá perseguirlo a petición de la persona que lo sufra. Este tipo de actitudes se castigarán con entre 5 y 30 días de localización permanente, trabajos comunitarios durante el mismo periodo o multa.
Un tratamiento similar, en cuanto a delitos, puede darse a un hombre que le escriba a una mujer, ella no conteste y él siga escribiéndole. El portal español indicó que «será castigado con la pena de prisión de tres meses a dos años o multa de seis a veinticuatro meses el que acose a una persona llevando a cabo de forma insistente y reiterada, y sin estar legítimamente autorizado, alguna de las conductas siguientes y, de este modo, altere gravemente el desarrollo ‘de su vida cotidiana’. Esas conductas son: que ‘la vigile, la persiga o busque su cercanía física’, que ‘establezca o intente establecer contacto con ella a través de cualquier medio de comunicación, o por medio de terceras personas’».
Es mentira que la ley «solo sí es sí» traiga temas inéditos a la palestra
Para entrar en materia sobre lo que reviste esta ley es importante recalcar que esta narrativa que se ha desprendido del Gobierno español, declarado abiertamente feminista de izquierda, tiene muchas afirmaciones que son viciadas y no del todo ciertas. Entre las más importantes a señalar está, por ejemplo, el hecho de que con la mencionada legislación finalmente se priorice el consentimiento en las relaciones sexuales.
Esto realmente no es de esa forma. De hecho, el primer Código Penal en España, el cual data de 1822, hace 200 años, consideraba delito los actos sexuales no consentidos. Además de ello, este código que estuvo vigente hasta este año —y tuvo su última modificación en 1995— castiga en su artículo 181 la ejecución de cualquier acto sexual sin consentimiento:
El que, sin violencia o intimidación y sin que medie consentimiento, realizare actos que atenten contra la libertad o indemnidad sexual de otra persona, será castigado, como responsable de abuso sexual, con la pena de prisión de uno a tres años o multa de dieciocho a veinticuatro meses.
De la misma forma, es realmente un mito que se absuelve a alguien porque la víctima no pusiera resistencia o también vistiese de manera provocativa. Es perentorio mencionar que el tema de oponerse o no al abusador es para probar la violencia y también elevar la pena.
En otras palabras, se pone el acento en la alevosía con la que actuó el victimario. Es por ello que siguen siendo delitos todos los actos sexuales no consentidos, como lo eran hasta ahora. Argumentar que esta ley pone justo ahora castiga «por primera vez» los actos sexuales no consentidos es una falacia.
¿Cuál sería «la manzana de la discordia» en la ley «solo sí es sí»?
Al adentrarnos a investigar la ley «solo sí es sí» más a fondo, lo más peligroso de ella es que la definición del consentimiento es inconcreta, líquida, en otras palabras. Esto, a su vez, no aplacaría el problema preexistente, el cual radica en determinar la prueba de la ausencia de consentimiento, crearía uno mayor: todo hombre sería culpable, hasta que se demuestre lo contrario, cuando en realidad es al revés este precepto. Tal maniobra se desarrolla con el objetivo de que la mujer pueda acusar más fácilmente a un hombre.
Y lo peor es que el espíritu de la ley es, en palabras de la ministra Irene Montero, que «Ninguna mujer va a tener que demostrar que hubo violencia o intimidación en una agresión para que sea considerada como agresión. Reconocemos todas las agresiones como violencias machistas». Es decir, que la presunción de inocencia del hombre se acaba. Los jueces e instituciones tendrán que creer siempre a la mujer, solo con la declaración de la denunciante, sin más pruebas que la corroboren.
Carla Toscano: «Ninguna mujer tendrá que demostrar que hubo violencia»
La diputada Carla Toscano, integrante del partido Vox en el Congreso, portavoz en la Comisión de Violencia de Género, denunció que la ley «solo sí es sí» no endurece las penas. Al contrario, es una ley ideológica, que tiene como objetivo demonizar y criminalizar a los hombres. Una obsesión del feminismo en los últimos años.
Al respecto, Toscano indicó también que «para lograr este reto de ingeniería social se institucionaliza el adoctrinamiento a menores, vulnerando el derecho constitucional de los padres de educar a sus hijos según sus convicciones, y el adoctrinamiento en todos los niveles de la sociedad. Desde los propios jueces a cualquier administración del Estado».
Asimismo, la representante de Vox ha hecho hincapié en el hecho que desde su partido se quiere igualdad ante la ley, no una ley que solo proteja a la mujer. Al respecto, espetó que «queremos que se respete la presunción de inocencia, y queremos impedir la entrada de inmigrantes que no respetan los derechos fundamentales más básicos. Queremos que se endurezcan las penas para las personas agresoras, y prisión permanente revisable para los casos más graves. Queremos sentido común, no una ley sectaria, ideológica y lesiva de derechos fundamentales que no va a proteger a nadie».
Hoy por hoy, ostenta el feminismo que le otorga a la mujer igualdad o bien equidad, en teoría. Una vez en el poder, crea supremacía para la mujer y prejuicio y perjuicio para el varón. Lo convierte en ciudadano de segunda categoría.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
