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Opinión

Si quieres ser moderno recurre a los eufemismos

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El mayor –posiblemente- especialista en revoluciones y conquista del poder, José Stalin, decía lo siguiente: «De todos los monopolios de que disfruta el Estado, ninguno será tan crucial como su monopolio sobre la definición de las palabras. El arma esencial para el control político será el diccionario».

La modernidad ha venido y nadie sabe por qué, ni cómo ha sido. Nadie sabe cómo ha llegado, pero sin apenas darnos cuenta, casi imperceptiblemente nos hemos visto inmersos en la modernidad.

La modernidad ya está aquí. La modernidad se llama eufemismo –y a ser posible con circunloquios- el eufemismo como requisito para llegar a lo política y socialmente correcto, el eufemismo para llegar al pensamiento único. La modernidad significa erradicar por todos los medios posibles, del habla de la gente aquello de “al pan, pan y al vino, vino”, no sea que alguien se vaya a ver especialmente perturbado o sufrir un especial impacto del cual no nunca sea capaz de recuperarse. Modernidad significa atenuar, endulzar, camuflar las expresiones especialmente groseras, malsonantes, “demasiado violentas”, es declarar como proscritos determinados vocablos por hacer referencia a cuestiones “tabúes”, prohibidas.

Como resultado de todo ello ha surgido una nueva ideología lingüística, que proclama que la tendencia al eufemismo es la manera de sentar las bases de una sociedad más tolerante, igualitaria y de respeto a los demás.

También hay quienes, por el contrario, opinan que todo ello es una forma de totalitarismo lingüístico tras el que se esconde el totalitarismo del siglo XXI.

Lo socialmente correcto es la forma de actuación de determinadas personas que, están en la idea de que existe una única forma de ser correctos, proporcionados, justos en todos los ámbitos de la vida. Esta forma de pensamiento, esta doctrina-ideología los lleva a tener unos gustos estéticos socialmente correctos, formas de ocio, de recreación, de divertimento, socialmente correctos, vestimentas -uniformes, mejor dicho- social y políticamente correctas, y por supuesto una forma de expresión oral y escrita socialmente correctas. En resumen: ellos (me niego a hacer uso del “ellas y ellos” aunque sea “antiguo”) son los “mejores”, los humanos (los demás son infrahumanos) poseen una superioridad moral fuera de lo común y nos van a redimir a todos, a “desasnarnos”, a civilizarnos, a sacarnos del subdesarrollo en el que (pobrecitos ignorantes nosotros) estamos los demás.

He aquí algunas muestras de esa bondad con la que tratan de ayudarnos a alcanzar la felicidad haciendo desaparecer (según parece) lo trágico, lo malo, lo feo, lo desagradable, lo mal visto, lo malsonante del idioma llegando a extremos absolutamente esperpénticos:

  • Si no quiere ser tildado de “antiguo” no utilice “hombre” como genérico, use usted “ser humano”.
  • No se le ocurra decir “niños”, debe decir “infancia”, y si además usted quiere evitar que, además de poco moderno le digan que usted es “sexista”, diga “las niñas y los niños” (¡Ojo, siempre en ese orden!)

  • Nunca diga “viejo”, o “anciano” o palabras sinónimas, evite ser ofensivo, diga “tercera edad”, gente mayor, o palabras semejantes. No olvide que otro distintivo de la modernidad, postmodernidad tal vez, es ser joven y parecer joven a toda costa.

  • No olvide, si usted quiere estar a la última y no desentonar que, debe evitar vocablos tan políticamente incorrectos como “ciego”, “sordo”, o “paralítico” o vocablos similares de los que siempre se ha echado mano para nombrar a alguien que sufre alguna tara, merma, etc.; diga usted “diverso”, o mejor aún, “persona diversa”, para evitar el riesgo de ser tachado de sexista. Las expresiones tales como discapacitado, minusválido, o similares, ya han sido proscritas por los gestores de la moral colectiva y de lo social y políticamente correcto.

  • No se le ocurra decir “maricón” o “tortillera”, diga “homosexual”, diga “gay”, diga “lesbiana”; las demás son antiguallas y además puede ser tachado de homófobo y eso ya son palabras mayores si hablamos de modernidad. También, otro distintivo de la modernidad es haber abrazado la religión o doctrina “de género”.

  • Los ejércitos ya no hacen lo guerra, hacen excursiones con fines humanitarios, civilizadores y liberadores. Los muertos de esas acciones humanitarias son “daños colaterales”.

Otro rasgo importantísimo de la modernidad, en la línea de la “tolerancia”, el buen tono, el talante, es el “respeto a las minorías”. Se parte, obviamente, de que hay grupos sociales -“colectivos” los llaman ahora- que, tradicionalmente han sido sojuzgados, que han sido violentados por la mayoría, o por un grupo hegemónico-dominante con intereses egoístas y perversos. El primer paso es “concienciar” a los miembros del grupo de ser “víctimas” (también al resto de la población), ésta es la premisa para iniciar el camino hacia la recuperación de la “autoestima”, proceso para el cual se requiera una actitud de “empatía solidaria” por parte del resto de la ciudadanía –éste es otro palabro imprescindible para parecer “moderno”-. Hay que magnificar al máximo el asunto y darle una dimensión de genocidio, terrorismo, crímenes de lesa humanidad, etc. para poder justificar la necesidad de compensar a esos “colectivos” con los que la sociedad tiene una “deuda histórica” pendiente. También es necesario utilizar este argumento para promover, desde la “mala conciencia”, la erradicación de “las malas prácticas”.

Como es fácil suponer, estas “cruzadas” con fines liberadores-humanitarios comienzan con campañas de modificación del lenguaje, el objetivo es (según sus promotores) evitar que esos “colectivos” sigan siendo vejados-victimizados en el habla, en el idioma que, según dicen, “no es neutral”.

Lo que en principio podrían ser consideradas causas justas, ámbitos necesitados de mejoras para hacer que el mundo que, nos ha tocado vivir sea un poquito mejor; las que podríamos considerar preocupaciones razonables se convierten en causas reaccionarias, de gente de la peor calaña.

El que se utilicen expresiones como “gente de color” o gente de “etnia tal o cual”, o cosas por el estilo, no hace que desaparezcan realidades como la xenofobia o el racismo; sólo se consigue con ello enmascarar, dulcificar la realidad pura y dura. No se olvide que el racismo, el machismo, y otros “ismos” son actitudes y no palabras. Al racista no le cuesta nada adaptarse y decir “subsahariano”, por poner un ejemplo.

Quienes hayan tenido la santa paciencia de llegar hasta aquí, habrán llegado también a la conclusión de que estoy hablando de manipulación del lenguaje. Sí, efectivamente, de ello se trata.

Manipular significa manejar. Manipular consiste en emplear trucos, engañar, para influir sobre otras personas cuando éstas tienen que tomar decisiones, es hacerles creer que quien los manipula, está buscando su felicidad, y de ese modo conseguir que adopten una actitud de servidumbre más o menos voluntaria. Manipular es conseguir que una persona tome determinadas decisiones, de la misma manera que lo consigue un encantador de serpientes.

Para conseguir manipular no es imprescindible ser la persona más inteligente del mundo, sino poseer astucia y un enorme grado de falta de escrúpulos, hasta el extremo de que los manipuladores llegan a influir en personas más inteligentes que ellos. El manipulador recurre a automatismos. El manipulador repite hasta el hartazgo, hasta aburrir, una palabra o frase. Quienes se arrogan la representación de la modernidad y del progreso (que además dicen ser de izquierdas), suelen tener una extraña habilidad, además de poseer el don de la oportunidad para apropiarse de determinados conceptos, reciclarlos y adecuarlos a sus intereses, recurriendo, claro está, a eufemismos y circunloquios, pero, sobre todo a frases y palabras talismán. De este modo han acabado ganando la batalla del lenguaje, lo cual les permite divulgar consignas con las que logran desinformar y manipular a sus potenciales votantes-clientes.

Las palabras talismán son vocablos que a lo largo del tiempo han adquirido un enorme prestigio, una fama inmerecida en la mayoría de las ocasiones, llegando a tal situación que nadie se atreve a ponerlas en cuestión.

Se han apropiado de vocablos tales como “progreso”, y han logrando que sea su seña de identidad –“progresistas” se hacen llamar, frente a sus contrincantes a los que denominan “reaccionarios”- y recurren con enorme éxito al uso monopolístico de algunos adjetivos que sirven de bellos envoltorios para sus ideas, a la vez que denigran a los contrincantes hasta tal punto que, han logrado convencer, o casi, a la mayoría de la gente de que ellos son lo único moralmente aceptable, y que lo demás es absoluta maldad. Bueno, también han conseguido que quienes no se hacen llamar de izquierdas hayan acabado utilizando y adoptando su jerga, su forma de expresión, e incluso gran parte de sus postulados, como es el caso del Partido Popular o Ciudadanos, cada vez más socialdemócratas, cada vez más estatistas, más intervencionistas.

Ante lo que vengo narrando, permítanme que les diga que, no debemos dejarnos enceguecer, engatusar, amedrentar por la fama, generalmente inmerecida, por la autoridad y el enorme prestigio de los eufemismos y de las frases y palabras talismán, permítanme también que les recomiende, que los invite a que estén en guardia y los sometan a revisión.

Y ya para terminar, y con ánimo de ser “despertador de conciencias”:

Ya que el lenguaje políticamente correcto no sirve para que la realidad cambie, ¿no será que los partidarios del uso de eufemismos intentan que la gente tenga una falsa conciencia de la realidad, falsear la percepción de la realidad para que la realidad pase desapercibida?

Y, un último consejo: Hay que mantener la calma, aguantar, pues quienes recurren al eufemismo, a los circunloquios, a las frases y palabras talismán, ni son demócratas, ni les interesa la libertad, les interesa coaccionar a los demás para que piensen como ellos. Trataran de amedrentarnos, recurrirán a todo lo inimaginable, tratarán de criminalizarnos, recurrirán a la falacia ad hominem, y toda clase de falacia lógica,… pero debemos mantenernos firmes, y no rehuir el combate pues, está en juego nada menos que nuestra libertad en el sentido único que debe dársele a la palabra, la de ser personas capaces de elegir, sin tutela de ninguna clase, y de hacernos responsables de nuestros actos, como personas adultas.

 


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«Volveremos a pasar» Por Fátima Pellico

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A la que esto escribe le horroriza profundamente que nadie, en nombre de una etérea Libertad, venga a amordazar, a golpear, a torturar, a humillar, a intentar, en fin, masacrar de manera democrática a otras personas no afines a su estercolero de pensamiento (llamarlo «ideológico» sería darle una clase que no merece ni pagando por el título).

Madrid es de todos.

Madrid es Patrimonio de la Humanidad, porque quien va a Madrid nunca se siente forastero, primero porque es donde reside gente de toda España y segundo porque los madrileños acogemos a todo aquel que viene a nuestra amada tierra. Y lo digo yo, madrileña gata, que vivo exiliada voluntariamente de mi tierra desde hace varios años y no puedo evitar sentirme orgullosa cuando alguien me dice que se nota mucho que soy madrileña por mi acento.

A lo que iba: en Madrid nadie es extranjero. Cada barrio de esta ciudad tiene sus peculiaridades y quizás ciertos mitos algunas de ellas que han pasado de generación en generación.

Tal es el caso de Vallecas. Yo he vivido muchos años muy cerca del puente de Vallecas, dado que la plaza de Mariano de Cavia estaba a un tiro de piedra de Ciudad de Barcelona y desde allí son unos quince minutos a buen paso hasta el Puente. Quiero recordar a todos que en el Puente de Vallecas los amigos de nuestros gobernantes el 11 de diciembre de 1995 tuvieron a bien ASESINAR a 6 personas y HERIR  a 44 más. Sí, amiguitos, sí: LOS AMIGOS DE NUESTROS GOBERNANTES.

Me da un asco profundo, una náusea que me sale de lo más profundo, que tres partidos de lo que se llama la izquierda en España ,y que para mí son simplemente sicarios de la Libertad y del progreso, tenga la poca o nula vergüenza de hacer un llamamiento para que nadie vaya a escuchar qué tiene que decir de bueno VOX para Madrid y los madrileños.¿Quién es esa patulea para llamar a nadie a machacar en nombre de la Libertad a nadie?
Que yo sepa Podemos es comunista, es decir, lleva más de cien millones de muertos en sus hediondas y nauseabundas chepas, al igual que Más Madrid, que es lo mismo que Podemos pero disfrazado de plataforma ciudadana. Y ya del PSOE para qué hablar: corrupción, terrorismo de Estado ( recordemos a los Gal, que tan chapuceramente estaban hechos)… Es decir, los mismos perros con distintos collares.

Pues bien, queridos compatriotas de izquierdas de Madrid (y de toda España por extensión): la Libertad es patrimonio de todos, y vosotros, adalides de la pobreza y la miseria, no vais a tapar la boca a nadie ni con piedras, ni con botellas ni con insultos. Ya podéis guardar en el armario al intelectual rodante que tenéis en vuestras filas ( por favor, que devuelva la silla y se pague una) y a todos esos pobres esperpentos que se pasan la vida en Twitter haciendo que hacen y creyéndose alguien y que tan buenos ratos me proporcionan ( y a todos aquellos que les hacemos el favor de hacerles un poco de caso para que se ganen el jornal… aunque  a ministra no se llega sólo tuiteando desde la caja de ninguna superficie comercial).

Vallecas es de todos, al igual que todos y cada uno de los barrios de Madrid. Que sea el teórico punto caliente obrero de la ciudad no os da permiso para intentar echar a nadie, y como veréis podéis intentar asustar, pero nada más. Juntitos parecéis muy valientes pero por separado hedéis a excremento orgánico en vuestra ropita interior.

VOX llegó para quedarse y nadie va a acallar la voz de la libertad y los derechos civiles de todos los españoles. Hagáis lo que hagáis y que ya sabemos todos lo que soléis hacer cuando las cosas no os van como os gustaría.

Y, por favor os lo pido: el intelectual se ha ganado una silla nueva. Pagádsela con los curiosos  fondos de Podemos y que devuelva la que le han pagado los españoles.

Una y mil veces volveremos a pasar.


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Opinión

Los grandes peligros del relativismo moral socialista que se impone en nuestros tiempos

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Siempre les resultó problemático justificar que sus profetas, intelectuales y políticos fueran de todos clase burguesa.

El relativismo nunca se extendió tanto ni se entendió peor que en estos tiempos. Todo conocimiento científico, por ejemplo, es relativo a la información conocida –y paradigmas– del momento. Y variará con el avance de la ciencia. De eso no se deduce lógicamente que no exista la verdad. O que sea inalcanzable. Pero eso postula el actual relativismo como –paradójico– absoluto. Y es para imponer la negación de toda posibilidad de certeza moral.

Algo muy peligroso –y justamente por eso lo propagan, quienes lo propagan– porque el hombre común es capaz de crímenes  atroces, sin sentir culpa, cuando los realiza bajo una autoridad en la que aprendió a confiar irracionalmente.

Pero no somos incapaces de descubrir imperativos morales, absolutos y verdaderos, en nuestra propia naturaleza. Tan capaz es el hombre común de obedecer la autoridad criminal como de rebelarse contra su opresión. Ambas cosas han ocurrido una y otra vez en la historia. Pero el relativismo –especialmente como se lo entiendo hoy en día– niega la posibilidad de tales imperativos. Y adopta al positivismo moral y jurídico. Moralidad y Ley serán hoy, única y exclusivamente, voluntad del soberano. En democracia moral será lo que la multitud desee.

Ley lo que los legisladores decreten. Sea lo que sea. Y eso defienden, de una u otra forma, todos los socialistas –incluida la tan influyente como ultra elitista agenda socialista difusa de nuestros tiempos, generalmente denominada globalismo– porque ¿cómo sino podrían establecer cualquier forma de socialismo, si su pretensión última fue y será crear un hombre nuevo, es decir, cambiar la naturaleza de la especie humana por la fuerza, en una o dos generaciones?

Joseph Ratzinger –papa emérito Benedicto XVI– explicaba como cardenal prefecto de la “Congregación para la Doctrina de la Fe” en 2004 que:

“El relativismo puede aparecer como algo positivo, en cuanto invita a la tolerancia, facilita la convivencia entre las culturas reconocer el valor de los demás, relativizándose a uno mismo. Pero si se transforma en un absoluto, se convierte en contradictorio, destruye el actuar humano y acaba mutilando la razón. Se considera razonable solo lo que es calculable o demostrable en el sector de las ciencias, que se convierten así en la única expresión de racionalidad: lo demás es subjetivo. Si se dejan a la esfera de la subjetividad las cuestiones humanas esenciales, las grandes decisiones sobre la vida, la familia, la muerte, sobre la libertad compartida, entonces ya no hay criterios. Todo hombre puede y debe actuar solo según su conciencia. Pero “conciencia”, en la modernidad, se ha transformado en la divinización de la subjetividad”

Y Ratzinger –nos guste o no– es uno de los más notable teólogos y filósofos realistas de nuestros  tiempos. Pero no es necesario ser creyente para entender los peligros de ese relativismo moral. La cumbre de la filosofía racionalista –nos guste o no– la alcanzó una filósofa realista rigurosamente atea con su filosofía objetivista del siglo XX. Y Ayn Rand explicaba que:

“La supervivencia del hombre requiere la guía de valores conceptuales obtenidos a partir de un conocimiento conceptual. Pero el conocimiento conceptual no se obtiene automáticamente (…)”

“(…) Un ser que no sabe automáticamente qué es verdadero y qué es falso, tampoco puede saber automáticamente qué es correcto y qué es incorrecto, es decir qué es bueno para él, y qué es malo. Sin embargo necesita de éste conocimiento para poder vivir. No está exceptuado de las leyes de la realidad, es un organismo específico, con una naturaleza específica, que requiere acciones específicas para mantenerse con vida.

No puede lograr su supervivencia por medios arbitrarios, ni con actos efectuados al azar ni por ciegas urgencias, ni por casualidad, ni por capricho. Es su naturaleza la que determina qué requiere para sobrevivir, y esto no queda sometido a su arbitrio. Lo que sí está sometido a su elección es si lo descubrirá o no, si habrá de elegir las metas y valores correctos o no. Es libre de efectuar una elección errada pero no de tener éxito a través de una mala elección (…)”

“(…)Es libre de evadir la realidad, de desenfocar su mente y trastabillar a ciegas a lo largo de cualquier pendiente que le plazca, pero no es libre de evitar el abismo que se niega a ver. El conocimiento, para todo organismo consciente, es un medio de supervivencia: para una conciencia viviente todo es implica un debe. El hombre es libre de elegir no ser consciente, pero no es libre de escapar a la pena que merece la falta de conciencia: la destrucción. El hombre es la única especie viviente que tiene el poder de actuar como su propio destructor (…) y ésa es la manera en que ha actuado a lo largo de la mayor parte de su historia.”

Y no deja de ser curioso que el socialismo en sentido amplio –y el neo-marxismo como su principal corriente radical contemporánea– sean absolutamente relativistas hoy en día, porque el viejo marxismo no era relativista en ese sentido. Su teoría clasista del conocimiento lo parecía –y ha terminado por serlo– pero no lo era originalmente.

El marxismo era una variante clasista del racismo, y así como los racistas sostenían que las diferentes razas tenían diferentes capacidades mentales y con ello diferentes percepciones de la propia realidad, unas mejores que otras, los marxistas sostenían claramente –y todavía sostienen, pero de manera relativista y difusa actualmente– que es la pertenencia a una clase social la que determina la capacidad de compresión de la realidad del individuo. Siempre les resultó problemático justificar que sus profetas, intelectuales y políticos fueran de todos clase burguesa.

Pero sus supuestas leyes deterministas de la historia pretendían ser objetivas y verdaderas, en sentido realista. Que finalmente adoptaran un relativismo absoluto para inventarse clases oprimidas transversales, dialécticas materiales cruzadas e infinitos relativos “proletariados” revolucionarios –como conejos del sombrero del mago– muestra cómo el relativismo inevitablemente oculta absolutos encubiertos especialmente perversos.

 

Guillermo Rodríguez.

Guillermo es profesor de Economía Política en el área de extensión de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Monteávila, en Caracas, investigador en el Centro Juan de Mariana y es autor de varios libros.

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La campaña electoral va a ser de todo menos limpia. Por el General Chicharro

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Mal comienzo tuvo ayer la precampaña electoral para las próximas elecciones del próximo día 4 de mayo en Madrid. Y digo mal comienzo por la violencia inusitada que la izquierda radical desencadenó ayer en Vallecas, que no por previsible dejó de ser sorprendente. Azuzada e instigada por sus líderes ricachones desde sus buenas “dachas” una banda de deshecho social se lanzó cumpliendo las consignas recibidas al ataque directo contra los representantes de un partido legal como lo es VOX. A mí lo primero que me viene a la cabeza es cómo es posible que esta panda de energúmenos se deje todavía engatusar y engañar por quienes, aprovechándose de la política, hasta ahora lo único que han hecho por el pueblo al que dicen defender ha sido “forrarse” económicamente con un descaro y cinismo sin parangón. Se ve que el odio inoculado por el Sr. Zapatero y ahora por el Sr. Sanchez con sus proclamas y leyes ideológicas está dando desgraciadamente sus frutos. El enfrentamiento y división entre españoles inexistentes hace 20 años están hoy presentes como vimos ayer en Vallecas o con anterioridad en Barcelona o en las provincias vascongadas.

Ayer, salvo algunos heridos , no ocurrió una desgracia mayor porque Dios no lo quiso pues a la vista de los objetos lanzados todo podía haber ocurrido. La inoperancia de la Policía Nacional al establecer un dispositivo inadecuado así como su tibieza en la respuesta a los ataques que se produjeron no me deja otra idea de que respondieron a órdenes recibidas. No me cabe otra opinión pues no dudo de su eficacia si así se lo hubieran ordenado. Y esto es muy grave pues nos indica que quienes mueven los hilos de la división y el enfrentamiento, o sea el Gobierno socialcomunista, no da puntadas sin hilo al permitir que hechos como el de ayer se hayan producido. Me temo que esto no es más que el comienzo de lo que está por venir. Está escrito en los libros de historia y en las tácticas subversivas en curso y ante cuya aplicación estamos asistiendo. Es todo de libro. Y si de historia hablamos no está de más que la parte socialista de este Gobierno recuerde que el comunismo siempre intensifica sus acciones violentas cuando tiene la sensación de la debilidad del Estado. La apariencia del poder comunista es siempre inferior a su verdadera realidad. Ojo a esto. Deberían tomar buena nota los ideólogos de la Moncloa.

Nos encontramos, nos vamos a encontrar, con una campaña electoral que va a ser de todo menos limpia. La previsible victoria en las urnas de la derecha sociológica ha desatado una especie de terror mental en la izquierda sectaria que todo apunta que están dispuestos a todo. No son pocos los ejemplos históricos, algunos no lejanos, que nos lo demuestran.

Y si seguimos bebiendo de la historia es menester igualmente que la denominada derecha liberal, en concreto, hoy, el Partido Popular, aprenda de hechos pasados y que no caiga en errores como otrora hizo al condenar por ejemplo el Alzamiento de 1936 en un afán ridículo y cobarde por no sufrir la congoja de que se dudase de su liberalismo. Parece que aún no han aprendido que por ser fieles a esa falsa idea fueron en su momento asesinados o tuvieron que huir sus antecesores ideológicos en el liberalismo como Marañón, Ortega y Gasset o Ramón Pérez de Ayala.

Y en estas estamos cuando en España, al igual que ha sucedido siempre en nuestra larga historia, aparece un grupo de jóvenes liderados por Santiago Abascal, que no se arredran ante el peligro y hacen frente de cara a la inquina totalitaria que representa el marxismo. Para mí esto no supone ninguna novedad. Les conozco desde hace años y soy consciente del valor demostrado muchas veces en su día en elecciones en las vascongadas o en Cataluña o en la reivindicación de Gibraltar. La dirección del contubernio marxista en España, que sí bebe de la historia, sabe y conoce que solo unos cuantos hombres de acción, decididos a todo y bien organizados acaban imponiéndose a la mayoría siempre. Y digo que lo saben pues no se han olvidado de que la revolución rusa triunfó por el esfuerzo de un grupo insignificante en su día de bolcheviques. He aquí la razón de sus desaforados ataques a VOX. No les quepa duda.

Es la hora de los valientes y estos están representados hoy en España por quienes lideran VOX, herederos directos de aquel Partido Popular de Miguel Ángel Blanco, Gregorio Ordóñez o María San Gil entre otros muchos y quiero pensar que también hoy por Ayuso en Madrid.

Y finalizando estas líneas un recuerdo a modo de aviso a esa caterva de mala gente, que es lo que son los adinerados dirigentes socialistas y comunistas, para que no menosprecien a los que despectivamente llaman “Cayetanos” o del “barrio de Salamanca” porque a la hora de la verdad en el momento oportuno siempre aparecen y su valentía y apego a la Patria ya la han demostrado en muchas ocasiones anteriores. Sin ir más lejos nutriendo las filas del bando nacional en 1936 y regando el suelo patrio con sangre.

A lo largo de estas líneas he apelado a la historia e incluso dado algún aviso recordatorio, por lo que desde la Fundación Nacional Francisco Franco que en ningún caso es plataforma de ningún partido político, aunque sí de ideas , recuerde a los valientes, que lo son, y mucho, que si bien el Generalísimo Franco está ya en la historia pues murió hace casi medio siglo no así los enemigos a los que él venció que precisamente son los mismos que ayer gritaban “ A por ellos, a Paracuellos” y que es hora de evitar complejos  y recordar su nombre y su puesto en la historia. ¿Se atreverán? Les aconsejo que lean sin temor sus últimas palabras: su testamento. Siguen siendo de actualidad. La historia es maestra del arte de la política.

 

General de División (R) Juan Chicharro Ortega.

Ingresó en la Escuela Naval Militar en 1969.
Ha participado en las siguientes operaciones: Campaña del Sáhara en 1975, En Nicaragua/Honduras en 1989 y en Bosnia Herzegovina en 1999.
Es General de División de Infanteria de Marina y Diplomado de Estado Mayor del Ejercito de tierra.
Actualmente en la situación de reserva ha sido el Comandante General de la Infantería de Marina entre el 2006 y el 2011 y fue Ayudante de Campo de SM el Rey durante 4 años.
En la actualidad es Presidente de la Fundación Nacional Francisco Franco.

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Opinión

Una guía para evitar los cuentos que son dañinos para los niños. Por Roberto Marchesini

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Pocos cuentan cuentos a los niños, olvidándose de su utilidad, pero los enemigos del ‘Logos’ continúan produciendo cuentos para los más pequeños. ¿Cómo entender qué libro tenemos en nuestras manos? Aquí hay algunas preguntas. Las respuestas te ayudarán a orientarte.

Algunos padres me han preguntado cómo reconocer, qué pistas seguir para detectar los libros que portan ideologías sospechosas.

Personalmente, antes de ocuparme de los libros, me preocuparía por la televisión. A decir verdad, sugeriría tirar a la basura la televisión… pero no me gustaría pasar por un talibán. Ocupémonos pues de los libros para niños y adolescentes.

Las ideologías revolucionarias tienen como objetivo la destrucción de la filosofía aristotélico-tomista, es decir, esa filosofía que se basa en el finalismo y en la ley natural, que conocemos en forma de ley moral y religiosa.

Según esta filosofía, los seres no son realmente como son, sino como deberían ser. Cada ser -ente- tiene su propio proyecto (una «naturaleza») que guía su desarrollo, su realización. Esto, obviamente, se aplica al ser humano: todo hombre tiene un proyecto; una vocación, para decirlo en términos religiosos. Por tanto, existe un must be [deber ser], superior a lo que es actualmente. La razón es la facultad humana más elevada; tiene la tarea de discernir el bien (lo que es según la naturaleza) del mal (lo que está en contra de la naturaleza) y guiar a la persona hacia su propia realización.

La literatura y el cuento han sido la herramienta fundamental para la construcción de la civilización europea, fundada en el ‘Logos’

Las ideologías más recientes, por supuesto, lo niegan. No hay naturaleza humana, no hay proyecto, no hay necesidad de serlo. Somos quienes queremos ser. Como no hay fin, la moralidad, el bien y el mal también son obviados. La razón, destronada, es reemplazada por las pasiones, por los movimientos del cuerpo. Todo esto, evidentemente, se refleja en la literatura infantil y juvenil.

La literatura y el cuento han sido la herramienta fundamental para la construcción de la civilización europea, fundada en el Logos. Basta pensar en los poemas homéricos, los relatos bíblicos, la literatura caballeresca, la Divina Comedia… Ahora Europa parece haber olvidado la importancia de este instrumento: pocos cuentan cuentos a los niños antes de dormirse, el narrador parece una figura perdida en la niebla mientras la televisión ha sustituido a la chimenea y el bafle al abuelo. Pero los enemigos del Logos, no: continúan produciendo cuentos y narraciones, especialmente para los más pequeños. De los cuentos del Marqués de Sade a Little Egg y Daddy’s Secret, la literatura revolucionaria ha cambiado el destino y el idioma.

He aquí, entonces, algunas sugerencias para distinguir la literatura infantil «tradicional» de la literatura ideologizada.

1) ¿Quién es el enemigo? En la literatura tradicional, el enemigo es una persona. El mal no es abstracto, sino que actúa bajo la apariencia de un ser personal. Alguien ha elegido el mal, ha decidido estar de su lado y actuar en consecuencia. En la literatura ideológica, sin embargo, el enemigo es impersonal: es tradición, prejuicio, expectativas. No hay «buenos» ni «malos».

En la literatura tradicional, frente al enemigo, el protagonista cambia, crece, se convierte en lo que debería ser. La lucha es una circunstancia que permite la propia realización

2) ¿Cómo luchas contra el enemigo? En la literatura tradicional, el enemigo lucha a través de una lucha real, luchando también físicamente; es decir, arriesgando su propia seguridad e incluso su vida. En la literatura revolucionaria, el enemigo se vence convenciendo a los demás, mostrándoles que están equivocados, gracias a los buenos argumentos.

3) ¿Hay crecimiento y cambio? En la literatura tradicional, frente al enemigo, el protagonista cambia, crece, se convierte en lo que debería ser. La lucha es una circunstancia que permite la propia realización. En la literatura ideológica el protagonista no cambia: está bien como está, con sus rarezas y peculiaridades (que otros consideran defectos). Todos los demás cambian. Es el vuelco de la materia de la paja y la viga (Lc 6, 41).

4) ¿Cómo termina la historia? En la literatura tradicional, el protagonista triunfa y se regocija. Pagó un precio por su victoria, pero enfrentarse al enemigo lo ayudó a lograr su propia realización. El enemigo es derrotado: si no está muerto, es exiliado y se muerde a sí mismo por la derrota. En la literatura ideológica, por lo general, todos están felices y en armonía. Nadie ha perdido, nadie ha sido derrotado.

El modelo de la literatura ideológica es, para simplificar, El patito feo de Andersen (1805-1875). Es la historia de un patito que se siente diferente: feo, en comparación con otros patitos. Luego huye y, tras varias aventuras, es recibido por una bandada de cisnes. Descubre así que su malestar se debe a que se obliga a asumir un papel que no le pertenece. Habiendo cambiado el contexto social, ahora es libre de ser lo que quería: un hermoso cisne. Un ejemplo más reciente de un cuento ideológico es, nuevamente, por ejemplo, el Cuento del tiburón (Dreamworks 2004).

Obviamente, estos son solo algunos puntos ilustrativos; no es seguro que en todo relato ideológico haya todos y sólo estos. Pero me parecen un buen punto de partida para evaluar si el libro que los tíos le regalaron a nuestro cachorro es adecuado o, más bien, un tortuoso vehículo propagandístico.

 

 Roberto Marchesini es filósofo. Publicado en la Nuova Bussola Quotidiana


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