Opinión
«Sinfonía epiléptica» por José Luis Rodríguez

Primera clase de teoría política.
Para comprender con sencillez lo que es un Gobierno, vamos a compararlo con una orquesta sinfónica que se dispone a interpretar una melodía. Hay una señorita con un contrabajo, un señor que toca el clarinete, etc, igual que tenemos un Ministro de Economía, otro de Transporte, una Ministra de Exteriores… y así todo un equipo supuestamente preparado para tomar las riendas de un País.
Antes de que el director de orquesta dé la señal, cada uno comprueba la afinación de su instrumento, produciéndose un alboroto sin sentido ni ritmo, desagradable incluso para el espectador. Pero una vez que el director da la señal, se espera que cada uno toque su instrumento en tiempo y tono correcto, haciendo disfrutar al respetable de un digno espectáculo, a través de la música. ¿Ocurre lo mismo una vez que el Gobierno ha asumido sus funciones? El éxito en la gestión de un país depende tanto de la habilidad de sus Ministros para ejercer sus funciones, como del Presidente para coordinarlos. Recuerdo que el Presidente tiene un número de asesores directamente proporcional a su incompetencia, que por lo visto, son elegidos por tener pocas luces, no sea que dejen en mal lugar al patrón. Difícil misión tiene cuando necesita el apoyo de los menos indicados para aprobar los presupuestos, de los que depende tanto el funcionamiento optimo de la Nación como de la supervivencia del Presidente en el cargo. Ahí tenemos al ahora hombre de paz, que posó esposado junto a la Guardia Civil, decidiendo si éstos se aprueban… Cosas que pasan en España.
Da igual qué tipo de Gobierno sea, su ideología o sus métodos, si no es capaz de ejecutar correctamente su función, es un Gobierno fallido, como los que hemos tenido en España durante los últimos cuarenta años, y la función será tan decepcionante como las anteriores. No nos engañemos, no recuerdo un Gobierno, y tengo algunos años ya, que fuera capaz de entonar algo remotamente armónico, ya no digo del gusto de los espectadores, me conformo con que no sea insultante, o nocivo para la salud en general. Cada uno va a su aire, sin seguir partitura alguna, e intentando destacar entre el resto, desafinando más que los demás. Cada escándalo se supera, cada idiotez aumenta el grado de la anterior, y entre tanto desconcierto, es inútil buscar un culpable, pues culpables son todos y cada uno de ellos. No se olviden de que somos soberanos y propietarios de España, y dependen de nuestro voto para mantenerse en el poder, así que si no se siente representado, la única forma visible que tiene de protestar, no es quedarse en casa y no ir a votar, al contrario, vaya y vote en blanco para que no puedan adueñarse de su voto, o elija una opción que represente el voto blanco computable, y pónganse a despedir políticos.
¡¡¡USTED PUEDE!!!!
José Luis Rodríguez
España
Elecciones autonómicas o juegos florales. Por Jesús Salamanca Alonso

«El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria».
Trascurrido el 8-M con división, amenazas entre las diversas «tribus» innombrables, desnudos malogrados –aunque ellas mismas se llamen feministas o «feminazistas»– esputos, amenazas e insultos a las periodistas que cubrían la noticia, parece que volvemos a la normalidad diaria que, en estas fechas, son las elecciones de las distintas comunidades, siendo las más cercanas las de Castilla y León.
Tal comunidad, decíamos hace unos días, que tenía sus revoluciones pendientes; incluso León (solo) trabaja por su independencia uniprovincial, otra revolución pendiente y que ya huele. Sigue insistiendo Fernández Mañueco que va a exigir a Vox que, si hay acuerdo, lo sea para toda la legislatura. Él tiene la impresión de que el Mediterráneo estaba sin descubrir hasta que llegó a presidente con su declaración rimbombante. Algo que es lógico y que no se cumplió la legislatura pasada por la falta de cuadros y la división interna del partido que «acaudilla» un tal Santiego Abascal y del que empiezan a mofarse sus seguidores más jóvenes y buena parte de la ciudadanía madura. En fin, si la incompetencia volara…seguramente no nos daría el sol.
Alguien dijo eso de que «éramos pocos y parió la abuela». Pues justamente es lo que está sucediendo en el partido a la derecha del Partido Popular. Abascal se ha ido quedando sin los mejores por las cacicadas que se han impuesto desde la cúpula ultraderechista. Recordarán a Macarena Olona, a Espinosa de los Monteros, la ejecutiva de Murcia y más recientemente a Ortega Smith. Quienes mejor podían conformar los cuadros de gestión están en la calle y durante la campaña electoral tan sólo se ha visto a Abascal. ¿Le molesta que otros chupen cámara? ¿Acaso piensa que le van a destronar de un plumazo por su caudillismo mal enfocado? ¿quiere seguir presumiendo de su enfrentamiento pasado con ETA?
Por mucho que hable Alfonso Fernández Mañueco de exigir compromisos para toda la legislatura, eso no lo puede hacer con Vox porque hay una tremenda deficiencia en sus inexistentes cuadros de gestión. Carece de banquillo, como se dice ahora. Lo estamos viendo en Extremadura y en Aragón, aquí parece que los militantes son más sensatos. En Extremadura ha sido calamitosa la actuación del líder regional de Vox, asesorado por los de más arriba, por eso se están marchando los militantes a chorro. No olviden que los políticos son como los libros de una biblioteca, cuanto más latos están menos sirven.
Casi un 70% de la población extremeña culpa a la formación de Abascal de huir, de no dar la cara y de no haber entendido el voto de las urnas. Han aterrizado en política como podían haber planeado y caído en una vaquería. Si quieren presumir de torpeza, allá ellos, pero la ciudadanía no se lo va a consentir. No deben olvidar que los atropellos se pagan siempre en las urnas y, a veces, antes.
En Castilla y León de prevé un proceso parecido al de Extremadura: «aguanto como que soy fuerte, pero en dos meses te desgasto». Eso no es hacer política, sino terrorismo electoralista y con ello se parece a EH Bildu, pero desde otra perspectiva. ¡Qué poca cabeza tiene el líder extremeño de Vox, si al final acabará claudicando, como dejaba constancia de ello el 53% de los extremeños! La actitud de Vox en Extremadura se conoce en mi pueblo como «enmarranar más al cerdo». En otros tiempos le hubieran «hecho los perrillos» como hacíamos en el colegio a quienes presumían de algo o fantasmeaban demasiado. Y lo hacíamos por su mala fe, tocapelotas, imbécil e insensato.
Tan sólo el 31% de extremeños culpa a María Guardiola del bloqueo por no haber sabido atraerse a los de Santiago Abascal. Posiblemente, la peor noticia para Vox sería convocar ahora mismo nuevas elecciones porque, según las dos encuestas consultadas, esa formación ultraderechista perdería entre dos y cuatro diputados, que sumaría el PP y dos perdería el PSOE.
Si Vox no tiene más que estratagema, esa se combarte con una buena estrategia. Siempre ha sido así. Al PSOE de Extremadura le hundió los engaños del «hermanísimo», las trampas mafiosas de Garrido y la desconfianza de los socialistas. Si se hubieran convocado antes las elecciones generales sería otro el resultado, pero donde no hay mata, no hay patata.
Según veo en una encuesta de Signa Dos para El Mundo, siguen divididos los deseos de los extremeños y mientras uno de cada cuatro apoya que el PSOE permita un gobierno de la derecha pepera en solitario, entre quienes se dicen votantes socialistas, un 40% quiere ese gobierno en solitario del PP. Un 22% de extremeños prefiere que haya repetición electoral porque creen que la ultraderecha acabará de morros contra las urnas. Y créanme que no van descaminados.
El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria. Ni Castilla ni León van a permitir tonterías, ni se va a esperar a que caiga el higo de la higuera o a Abascal lo alumbre San Apapucio, patrón de la estupidez.
Cuando ese santo alumbra, la estupidez y la torpeza ya están instaladas en la persona. Y si no ceden las partes todo lo que haya que ceder, que dejen la política y se vayan a poner copas y cacahuetes a los lupanares de Pedro Sánchez y malversadora señora «catedrática» o a República Dominicana a contar los aterrizajes del Falcon sin transparencia.






