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Opinión

Sobre héroes y tumbas, Presidente

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Una conocida enciclopedia señala que en la mitología y el folclore un héroe “es un personaje eminente que encarna la quinta esencia de los rasgos claves valorados en su cultura de origen.

Posee habilidades sobrehumanas o rasgos de personalidad idealizados que le permiten llevar a cabo hazañas extraordinarias y beneficiosas”. De hecho, la construcción de los Estados va de la mano con un discurso donde se exalta la gesta de notables personajes, que da origen a una identificación popular. Desde Julio César y el Cid Campeador, hasta otros grandes de la edad moderna. En el siglo XVIII, el nacimiento de los Estados-nación modernos, instrumentaliza la historia para generar una “identidad nacional”, la cual gira alrededor de un territorio, un pasado común (tradición, lengua, cultura) y un proyecto nacional.

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El escritor alemán Hermann Hesse, alguna vez afirmó “Mi historia no es agradable, no es suave y armoniosa como las historia inventadas; sabe a insensatez y a confusión, a locura y a sueño, como la vida de todos los hombres que no quieren mentirse más a sí mismos”. Así pues, la historia o leyenda blanca, no debe ser el objetivo de la narración histórica, pero tampoco la historia o leyenda negra. La historia de un pueblo o nación no es distinta a la de un individuo, está marcada por éxitos, fracasos, vicisitudes y logros.

En una época signada por un nacionalismo gastronómico, o nacionalismo panzón, no debemos ubicarnos en los peligrosos extremos de la narración histórica: mitificación, nacionalismo, chauvinismo, revanchismo socio-político o dramatización. Ahora, el discurso del etno-nacionalismo etarra, exalta discursos históricos peligrosos en la figura de asesinos.

Los héroes son construcciones nacionales inevitables y existen más allá de las decimonónicas gestas militares. Hoy existen héroes deportivos, artísticos, líderes civiles, quienes cumplen esa función identitaria. Esto no quiere decir que debamos olvidar y dejar de reconocer la importancia de personajes que encarnaron la defensa nacional, sino el incorporar a los notables civiles que hicieron tanto por la construcción de una sociedad libre, justa y moderna como Miguel Ángel Blanco.

Esta falta de consenso tal vez explique el hecho de que los personajes relevantes o héroes olvidados de nuestra Historia aparezcan presentados en trabajos realizados exprofeso. A menudo, como meras listas de nombres. Al hilo de la Guerra Civil, tan citada por sus hordas de incultos, destaca, por ejemplo, el libro Católicos del bando rojo (Styria) del investigador y periodista Daniel Arasa. En sus páginas encontramos la historia del general Antonio Escobar Huerta.

El que terminara siendo Jefe del Ejército de Extremadura de la República mantuvo intacta la profesión de su fe durante los años de la guerra. La sublevación le sorprendió en Barcelona y se encontró luchando en el mismo bando que los anarquistas de la FAI que despreciaban y perseguían sus creencias. Ni renegó de ellas ni las ocultó. Escondió monjas en su casa y, tras curarse de las heridas que sufrió en la Batalla de Madrid, le hizo a Azaña una petición insólita: poder viajar a Lourdes a dar gracias a la Virgen. La tendencia a denunciar el anticlericalismo de su bando ha conseguido ocultar la existencia de personajes de su perfil.

O como en el caso de Manuel de Irujo, ministro de Justicia de la República durante un tramo de la guerra, que evitó persecuciones de religiosos firmando una orden que sancionaba las acusaciones falsas y las denuncias por ser sacerdote, además de luchar para restaurar el culto en la zona controlada por el Gobierno republicano. Otro personaje con una reputación cortada por el mismo patrón, que no encaja en los prejuicios que nos dictan los medios, que tienden a alimentarse de una polarización esquemática.

Y no será porque falten ejemplos de esta clase de libros. Héroes de los dos bandos (Temas de Hoy) de Fernando Berlín, versa sobre lo mismo, aunque desde un punto de vista popular. Uno de los relatos que recopila es el de un jugador del Real Madrid, Juan Marrero Pérez “Hilario”, que intercedió por prisioneros republicanos en La Coruña ante piquetes encargados de dar el paseíllo. Pero la animosidad que sigue desatando la tragedia de nuestra guerra entierra el recuerdo de esta clase de personajes.

Es curioso, porque sobre otros periodos históricos también encontramos la misma presentación para recordar la existencia de individuos dignos de idolatría que permanecen en el anonimato. Es el caso de Héroes españoles de la A a la Z (Ciudadela Libros) de José Javier Esparza. Entre sus páginas encontramos al navarro Jerónimo de Ayanz y Beaumont, pionero del diseño de máquinas de vapor ¡en el siglo XVII!, Santiago de Liniers, que rechazó a los ingleses en Buenos Aires y Montevideo. O el comandante Carlos Palanca, al mando de las operaciones en Vietnam para la toma de Saigon en 1859. Son biografías, con gestas repartidas por todo el planeta, que conocen bien los aficionados a la Historia, pero que, para el público general, que sería lógico que hubiera crecido escuchándolas, le resultan completamente ajenas.

Capítulo aparte merecen las mujeres. En la aludida recopilación de Esparza aparecen varias, como Mencía Calderón, la exploradora que llevó a América el primer grupo de mujeres españolas. O Inés de Suárez, que participó en la conquista de Chile en el siglo XVI. Pero para encontrar papeles destacados de mujeres en la Historia de España también, otra vez, hay que recurrir a obras recopilatorias antes que a los manuales.

Sobre la Guerra de la Independencia contra los franceses, uno de los sucesos históricos donde las mujeres tuvieron una participación más activa, está el trabajo de Elena Fernández Mujeres en la guerra de la Independencia (Sílex Ediciones). Al margen de las ineludibles Manuela Malasaña, Clara del Rey o Agustina de Aragón, esta investigadora ha reunido a partir de las declaraciones de testigos para la concesión de pensiones de guerra las actuaciones de otras mujeres contra los franceses en citas de heroísmo colectivo como el levantamiento del 2 de Mayo en Madrid o los Sitios de Zaragoza.

Así conocemos a María Sandoval, que “hizo esfuerzo en la defensa como el hombre más varonil”, Ramona García, quien “arrebató el sable a un oficial, le golpeó e hirió con él”, o la noble María de la Consolación Azlor que en Zaragoza arengó a las tropas desmoralizadas, disparó con fusil desde las barricadas, organizó una compañía de mujeres y convirtió su palacio en un hospital de sangre; y son sólo algunos ejemplos dignos de un guion de Hollywood de los que ha logrado compilar.

De todas formas, no todo el valor se demuestra en hazañas bélicas. Gloria Ángeles Franco, profesora de Historia Moderna en la Universidad Complutense de Madrid, destaca hechos heroicos en otros ámbitos que, desde nuestra perspectiva actual, puede que hayan tenido aún más relevancia que actuaciones temerarias en la guerra. Preguntada por una mujer relevante que permanezca en el olvido, cita a la condesa de Montijo, María Francisca de Sales Portocarrero y Guzmán:

“Era una mujer de la aristocracia que me llamó la atención porque, aunque perteneciera a la gran nobleza y tuviera sus ocupaciones y problemas, fue una persona que estuvo muy comprometida con su época, que estuvo muy interesada por los problemas que tenía el país. Podríamos considerarla, desde nuestra óptica actual, como una activista. En su caso, quiso participar en las asociaciones patrióticas que en la segunda mitad del siglo XVIII buscaban la felicidad y el bien general. Y le costó mucho hacerlo, los hombres se opusieron, temían que con una mujer metida su labor se convirtiera en algo frívolo. Pero finalmente ella consiguió, junto a otras trece mujeres, entrar en la Junta de damas de honor y mérito, adscrita a la Sociedad Matritense. Desde allí trabajó, con una personalidad enérgica y brillante, por la educación de las mujeres o mejorando la situación de las que se encontraban presas.

Sus trabajos en las cárceles hoy podrían ser considerados como políticas de reinserción -cambió las condiciones de alimentación y las higiénicas, acabó con el hacinamiento-, y sirvieron de modelo para otras asociaciones similares en otras provincias españolas. También reformó la Inclusa de Madrid para acabar con los terribles niveles de mortalidad infantil. Había una nodriza para cada siete niños y ella lo cambió por iniciativa particular suya. Fue, en definitiva, una mujer con una proyección social interesantísima y comprometida con su tiempo”. Heroínas de la Sanidad y la Educación. Unos derechos que han vuelto a reivindicarse actualmente y de los que ignoramos quiénes fueron sus precursores y a qué tuvieron que enfrentarse.

Otro profesor, esta vez de la Universidad Autónoma, Javier Villalba, también elude subrayar la importancia de un personaje por su ardor guerrero. En su campo, la Historia Medieval, cree que debería ser más recordado Ruy González de Clavijo: “Fue el embajador de Enrique III de Castilla en la corte de Tamerlán. Para la época de la que se trata se le conoce muy poco. Llevar una embajada para entrar en contacto con ese Imperio es un hecho muy extraordinario. Las relaciones internacionales en la Edad Media son algo muy desconocido, pero el interés del rey castellano por entrar en contacto con Oriente Próximo demuestra una gran visión, es un factor decisivo, sobre todo de lo que iba a suceder en el futuro”.

En nuestra Historia hay personajes encomiables, en todos los ámbitos, y repartidos por todo el globo, y sin embargo parece que sólo precisamos para nuestras diminutas pugnas ideológicas de indeseables como el nombrado por usted, hoy, en el Parlamento, asesino de tiro en la nuca, sanguinario de ETA, en lugar de servirse de nuestros auténticos héroes para darnos una mayor amplitud de miras, como los héroes asesinados por estos bastardos.

Da usted vergüenza; sobre héroes y tumbas tiene mucho que aprender, ¿presidente?

Apoyado en Álvaro González Esteban

*Teniente coronel de Infantería.


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Del “todos contra ETA” al “todos contra la ultraderecha”

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Pablo Casado: arquetipo pluscuamperfecto de la "Derechita Cobarde"
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Siempre hace falta un enemigo. Freud lo dijo muy bien: toda sociedad se crea en torno a un crimen en común, pero si hay algo que cierra filas de verdad es la existencia de un enemigo común. Una amenaza latente, sea o no real. Y no puede ser siempre la misma.

El tiempo pasa y los regímenes también, pero en el fondo no suelen cambiar: se transforman, como la energía. Se hace un lavado de cara para seguir distrayendo a las masas, con caras nuevas, para seguir para adelante con la marcheta de la corrupción y la tiranía. Y ejemplos tenemos los que se quieran. Desde Ciudadanos como marca blanca del PP a Podemos, como un PSOE-IU versión 5.0 con su Isidoro Iglesias a la cabeza. Y también tenemos a Felipe VI, por supuesto, como continuación genética del Emérito, para que nada cambie y todo siga igual en este Régimen “democrático”, pero sí se han producido cambios profundos en el Sistema. Y algunos cambios nos han colado que son groseros, si uno hace perspectiva, y se da cuenta de que nos han dado un cambiazo fundamental.

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Donde antes dije ETA, ahora digo ultraderecha. Ése ha sido el gran cambio. El tocomocho de la última generación.

Pensadlo bien: ¿no está la ETA en las instituciones, desde hace ya lustros, y de ahí han pasado a cogobernar un país al que odian? Por lo que parece, los que dijeron en su día que los terroristas no se iban a salir con la suya estaban del todo en lo cierto: al final, esos parásitos minoritarios han sacado mucho más de lo que ni siquiera ellos mismos se plantearían, en esa pasada semiclandestinidad, pues ahora son poco menos que estadistas. Y todo ello mientras nos presentan a otro malo malísimo, por supuesto: la malvada “ultraderecha”, que viene a ser todo aquél que no se trague las comunistas mentiras del PP. De ahí para la derecha, que hay campo, todos podemos ser fascistas e intolerantes.

Y no hace falta tener el carnet de Vox, que no deja de ser un PP a la Aznar, sino que “ultraderecha” es un conjunto amplio en el que puede entrar literalmente cualquiera. Como en los tiempos en que ser religioso, empresario, liberal o simplemente español podía significar tu condena a muerte instantánea. Unos tiempos que, por cierto, en lo que respecta a los nostálgicos de la “democracia” del 36, fueron idílicos. Y hay que volver a ellos, al parecer.

¿Recordais cuando Rajoy se sumó al frente común contra la derecha reconociendo que los liberales y conservadores sobraban en el PP? Pues ahí siguen

El conjunto de la “ultraderecha” es amplio y maniqueísta: ¿es usted liberal, cazador, librepensante, le gustan los toros, no le gusta cómo se ha gestionado la crisis sanitaria, no le gusta el Gobierno, sí le gusta ir a misa, lee libros o cree que hay otras alternativas al Régimen? Pues el término de marras va por usted, que lo sepa: es usted un miembro de este colectivo peligroso, sobre todo por ser mayoritario, frente al cual es preciso tomar medidas de Estado. Eso sí, por el momento, gracias a Dios, los garantes de la “Democracia” todavía no se han decidido a gasearnos. Se conforman con laminarnos, despreciarnos y amenazarnos, pero por ahora nos dejan vivir. Gracias.

Y gracias a los Suárez, González, Aznares, Zapateros y demás estadistas, que nos aseguraron hasta el infinito que los pistoleros no ganarían al final. ¡Pues ya me dirá usted! Al final, ese cursi “acuerdo de todas las fuerzas políticas contra el terror” ha derivado en otro: el verdadero acuerdo de todos, inclusive los terroristas, contra la peligrosa “ultraderecha. Esas temibles viejitas que van a misa, esos cazadores que dan tiros por el campo o los malvados “negacionistas”, que es la última moda: todos ellos son el verdadero y definitivo peligro y no los que daban tiros por la espalda y ponían bombas. Ahí está el cambiazo definitivo.

El problema que tienen es que el mundillo etarra y separatista alcanzaba un porcentaje minúsculo, en sus buenos tiempos, mientras que esa temible “ultraderecha” es una enorme mayoría. Personas normales y corrientes que sólo quieren vivir sus vidas, trabajar y contribuir al bien común, pero el caso es que no son del gusto de la minoritaria casta política y mediática. Ésos que hace ya un tiempo, curiosamente desde la mañana del 11-M, cambiaron el frente común contra ETA por un frente común contra “la caverna. ¿Os acordáis? Desde esa mañana luctuosa, en que nadie dudaba la autoría de ETA y los políticos les repudiaban, al unísono, como la escoria mafiosa que son, pasamos en cuestión de horas al “cordón sanitario” contra la derecha. A dialogar de forma definitiva con los que quieren destruir a España por completo y combatir todos juntos, luego con la adhesión de Rajoy y el PP, a la derechona mentirosa y golpista. Y así hemos seguido desde entonces.

¡Menos mal que esta gente son los de la convivencia y el buen rollito! Y para demostrarlo, por supuesto, van a demoler una cruz de la que nadie se acordaba hasta ahora. Pero lo hacen por nuestro bien, por supuesto. Para que no seamos tan fascistas.

Y por supuesto, por el camino, tragándonos doblados los términos inquisitoriales del Sistema. Desde “derecha” al emergente “ultraderecha” y desde “conspiranoicos” al “negacionistas, como peligro máximo contra la sociedad, que incluso pueden mezclarse y hacer un frente común muy inquietante: “la ultraderecha y los conspiranoicos”, también conocidos como “cayetanos”. El Sistema se ríe de nosotros y es lógico, claro, cuando nadie les hace resistencia.

Por cierto, amigo lector: ¿le ha gustado a usted este artículo? Pues déjeme decirle, por supuesto que por su bien, que es usted un verdadero fascista, un fan de la ultraderecha y seguramente conspiranoico. ¡Si no se lo digo, reviento!


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Pablo Iglesias, vicepresidente comunista del Gobierno de España: así jalea al verdugo y desprecia a la víctima

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Me encanta escuchar al vicepresidente Pablo Iglesias, protegido por una legión de gorilas, denunciar que hay demasiado alarmismo con okupas, menas y otros delincuentes
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Eulogio López.- Supongo que conocen el viejo chiste del hombre que, a las tantas de la madrugada, llama a la policía para pedirles un coche patrulla porque unos ladrones están robando en su garaje. La policía le responde que en ese momento y en esa zona no tienen ningún coche disponible. El hombre espera un minuto y vuelve a llamar:

-Soy el que he llamado antes porque tenía unos ladrones en el garaje. Ya no tienen que preocuparse: les he disparado.

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A los dos minutos aparecen seis coches patrulla y detienen a los ladrones ‘in fraganti’. El jefe de la dotación le pegunta la propietario de la casa:

-Pensé que nos había dicho que les había disparado.

A lo que la víctima responde:

-Y yo pensé que ustedes me habían dicho que no tenían ningún coche disponible.

Me encanta escuchar al vicepresidente Pablo Iglesias, protegido por una legión de gorilas, denunciar que hay demasiado alarmismo con okupas, menas y otros delincuentes

Me acuerdo del chiste cuando escucho, no una sino varias veces y con distintas variantes, al vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias, hablar del excesivo alarmismo social -sin duda obra de la derecha fascista- sobre las nuevas normas de delincuencia sobre las que los neocomunista de Podemos han montado su carrera política: okupas, menas (son niños, no criminales), vagos y maleantes, etc.

Desde el 15-M se ha gestado una siniestra tendencia en España que podemos describir así: enaltecer al verdugo y despreciar a la víctima. Está última, como decían los etarras en los años de plomo de ETA, “algo habrá hecho”.

Y así, me emociono mucho cuando escucho al vicepresidente Pablo Iglesias, protegido por una legión de gorilas denunciar que hay demasiado alarmismo con okupas, menas y otros delincuentes.

Habrá que insistir: la primera y principal tarea del Estado es la seguridad del individuo. Si lo prefieren, defender al abusado del abusón

Habrá que insistir: la primera y principal tarea del Estado es la seguridad del individuo. Si lo prefieren, defender al abusado del abusón.

Porque de otra forma, querido amigo ocurre que el ciudadano, al sentirse abandonado por su Gobierno (lo de Estado es más riguroso pero aquí estamos hablando del Gobierno), decide protegerse él solito, Es cuando la víctima se sitúa al margen de la ley al tomarse la justicia por su mano… porque no le dejan otra opción.

Podemos es un buen ejemplo de que los antisistema no quieren acabar con el sistema, lo que quieren es controlar el sistema.

Y esto es, justamente, lo que ahora mismo está ocurriendo en España: que se enaltece al verdugo y se desprecia a la víctima. No me extraña: las víctimas suelen ser fascistas.

Los antisistema no quieren acabar con el sistema, lo que quieren es controlar el sistema

Pta: no caigamos en la trampa de criticar a Pablo Iglesias, al menos no sólo a él. Iglesias ha llegado donde ha llegado porque Pedro Sánchez, responsable primero y último, le ha nombrado vicepresidente del Gobierno. El peligro no está en Pablo, está  en Pedro.


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PSOE, una historia de crímenes y traiciones: del golpe de estado de 1933 a los GAL; del pésame por la muerte de un etarra al indulto a los líderes del ‘procés’

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El presidente del Gobierno no pudo caer más bajo hace pocas semanas al dar su más sentido pésame por Igor González Sola, un terrorista de la banda terrorista ETA que se suicidó en la cárcel de Martutene.

Ahora se anuncia que el Gobierno comenzará la semana que viene a tramitar las peticiones de indulto para los condenados por delitos de sedición.

Si bien el Gobierno está obligado a tramitar las peticiones de indulto que le llegan y que no tienen por qué prosperar, a nadie se le escapa que el Ejecutivo está negociando los apoyos para los Presupuestos y desde la Generalitat están presionando para activar cuanto antes la mesa de negociación entre La Moncloa y el gobierno autonómico.

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A este respecto, cabe recordar lo dicho por Pedro Sánchez hace casi un año, concretamente, el 14 de octubre, cuando garantizó que los presos del «procés» cumplirían de manera íntegra sus penas. «El acatamiento de la sentencia significa su cumplimiento, reitero, su íntegro cumplimiento», dijo, y añadió que «nadie está por encima de la ley y todos estamos obligados a su cumplimiento».

No debería extrañarnos esta nueva traición a los españoles si nos atenemos a las evidencias acerca de los antecedentes criminales del PSOE. Preferimos que se ocupe directamente la narración de los siguientes hechos históricos:

El 14 de septiembre de 1923, el capitán general de Cataluña, Miguel Primo de Rivera, marqués de Estella, encabeza un golpe de Estado. Antes dirige un telegrama conminatorio al capitán general de Madrid. Dice que tiene la fuerza y el pueblo. Alfonso XIII transige. Como algunos borbones a lo largo de la historia, lleva ya muchos años transigiendo en tono menor y quizás pensó que el animoso general jerezano le evitaría tomar por sí mismo decisiones más graves. Paradojas del destino, el PSOE recibe la dictadura ‘fascista’ con entusiasmo claramente mayoritario.

Primo de Rivera instaura al principio un Directorio exclusivamente militar. Más tarde entraron en sus gobiernos personajes tan notorios como José Calvo Sotelo, excelente ministro que fuera de Hacienda; el ex gobernador militar de Cataluña Martínez Anido, como responsable del Ministerio de Gobernación y Joaquín Benjumea y Burín, conde de Guadalhorce, al frente de Fomento. Junto a estos, la presencia nada menos que de un notabilísimo representante del PSOE. Y es que Primo de Rivera, implacable con anarquistas, separatistas y comunistas, buscó y obtuvo la cooperación oficial del Partido Socialista y de su central sindical, la UGT. El jefe de los socialistas españoles, Largo Caballero, fue nada menos que consejero de Estado en la dictadura militar primorriverista. El decreto de organización corporativa de noviembre de 1.925 instituyó los comités paritarios dominados por los socialistas que, luego, trataron de sacudirse el sambenito de colaboracionismo explicando el uso propagandístico que habían hecho de esos comités. Como siempre, embusteros compulsivos y tramposos con sus bases.

Las elecciones de 1933, las segundas que celebraba la agitada II república, se saldaron con el aplastante triunfo electoral de la CEDA de Gil Robles, lo que desconcertó por completo a las izquierdas. Aquel inesperado y rotundo triunfo vino a confirmar el fortísimo entronque popular de las derechas, algo que el PSOE no quiso ni pudo aceptar nunca. «Frente a la traición, nuestro deber es la revolución», peroraba Largo Caballero en uno de sus incendiarios discursos post electorales. Es decir, si las urnas no nos dan la razón, quitémosle la razón a las urnas y apostemos por la asonada revolucionaria. Ni Ceaucescu lo hubiese expresado mejor.

El Partido Socialista se pone francamente a preparar la revolución. Ojo, la revolución no fue otra cosa que el intento de revertir de facto el curso de los acontecimientos electorales. Si el PSOE hubiese tenido de su lado al ejército, es fácil deducir cuál habría sido su estrategia.

El diario «El Socialista» pasaba por alto los esfuerzos conciliadores de Besteiro para proclamar, contra los lamentos de concordia lanzados por «El Debate»: «¿Concordia? No, ¡guerra de clases! ¡odio a muerte a la burguesía criminal! ¿Concordia? Sí, pero entre los proletarios que quieran salvarse y librar a España del lubridio». El entonces líder socialista, Largo Caballero, inicia también su largo ciclo de amenazas con la invitación a la lucha callejera.

La responsabilidad golpista del Octubre Rojo fue predominantemente socialista. La Comisión organizadora de la revolución de octubre estuvo compuesta por Largo Caballero, Enrique de Francisco y Anastasio de Gracia. Detrás de Largo Caballero estaban ya los cerebros del socialismo de la época: Araquistain, Álvarez del Vayo y Baraibar. Amparándose en su condición de diputados, los conspiradores contra la legalidad resultante de las urnas republicanas buscaban armas y preparaban planes. Indalecio Prieto, con la colaboración del financiero bilbaino Horacio Echevarrieta, preparaba lo que luego se llamó «el alijo de la turquesa», fantástico contrabando de armas descubierto en la localidad asturiana de San Esteban de Pravia el 10 de septiembre de 1.934.

Otra prueba de la capacidad socialista para jugar todas las cartas la encontramos en un interesantísimo episodio ocurrido en las convulsionadas Cortes de entonces. Lo protagonizaron los en teoría antagónicos Prieto y José Antonio Primo de Rivera. En plenos preparativos de la revolución, el mismo Prieto defiende a Primo de Rivera de un suplicatorio para procesarlo por tenencia ilícita de armas. Ambos se elogiaron en una rocambolesca sesión plenaria.

Los resultados de aquella revolución golpista son por todos conocidos. Centenares de víctimas mortales, ciudades asturianas destruidas, una fractura social que tardaría décadas en restañar sus heridas y, para muchos, el preludio de la ya inevitable contienda civil. Solo el PSOE fue responsable de aquel agrietamiento súbito que, a partir de entonces, haría irreconciliables las posturas. Si pudiera emplearse en historia política el lenguaje penal, la culpa de aquella revolución-golpista y trasgresora de la voluntad popular fue de las izquierdas representadas por el Partido Socialista, en un puro movimiento de reacción ante la inminente toma del poder por las derechas, a quienes democráticamente correspondía.

Ni siquiera se esperó a que la tentativa golpista tuviese la complicidad de los errores gubernativos. El nuevo gobierno, con tres ministros de la CEDA, se conoció el 4 de octubre. A la mañana siguiente, cuando los ministros aún no habían tomado posesión aún de sus despachos, comenzó en toda España la huelga general revolucionaria decretada por el PSOE y la UGT.

El Consejo de Ministros decreta el día 6 el estado de guerra en toda España. En Madrid fracasa la revolución golpista tras esporádicos tiroteos en dependencias públicas. El ministro de la Guerra, Diego Hidalgo, nombró asesor especial al general Franco, quien llamó inmediatamente al teniente coronel Yagüe para mandar una columna de desembarco sobre Asturias, que desde el principio apareció como el foco principal de la rebelión golpista. Franco se convirtió así en el principal valedor y defensor de la legalidad vigente, recibiendo las mismos parabienes y las mismas adhesiones que 48 años más tarde recibió el jefe del Estado español, a la sazón Rey, con ocasión de los hechos, bien conocidos, del 23 de febrero.

Con la rebelión golpista de 1934, el PSOE perdió toda la autoridad para condenar el Alzamiento de 1.936, sin duda uno de sus argumentos recurrentes en los últimos años. No así el dato de que fuese un socialista, Prieto, el encargado de arramblar con todas las reservas del Banco de España. Pero eso ya es harina de otro capítulo.

Y es que los socialistas, como los nacionalistas, armados o desarmados, siempre han tenido un mismo objetivo: alterar la convivencia entre los españoles. Siempre se han distinguido por su resentimiento a España, a lo español. A diferencia de los comunistas, nunca lo han admitido, lo que eleva el grado de vileza de muchos de sus dirigentes.

El PSOE ha sido siempre un proyecto sin salida, un oximonon antiespañol, sustentado en las mentiras, la corrupción y las pistolas. Largo Caballero ya nos ofreció un amplio catálogo de propuestas violentas, como las aparecidas en «El Socialista» durante los agitados años de la república.

Cabe reseñar que socialistas fueron también los miembros de la Guardia de Asalto que asesinaron al dirigente derechista José Calvo Sotelo. O que ETA difícilmente habría sobrevivido tantos años sin el soporte y el apoyo político de una parte nada desdeñable de la izquierda nacional. O que un Gobierno socialista promovió y financió a una organización terrorista como los GAL.

Así que no nos engañemos más ni nos extrañemos de que hoy, este país no sea otra cosa que el resultado de aquello en lo que el PSOE ha querido convertirnos desde la famosa frase guerrista de que a España no la reconocería ni la madre que la parió.


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«España, esa pobre mujer». Por el Teniente Coronel Enrique Area Sacristán

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Estimada ministra Montero: El amor es una construcción cultural. En cada período histórico ha primado una concepción diferente en torno a él y a los vínculos entre matrimonio, amor y sexo, y, desde principios del siglo XIX y hasta nuestros días se establece una conexión entre amor romántico, matrimonio y sexualidad.

En nuestro entorno esta relación se ha ido estrechando cada vez más, llegando a considerarse que el amor romántico es la razón fundamental para mantener relaciones matrimoniales y que «estar enamorado /a» es la base fundamental para formar una pareja y para permanecer en ella.

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En el ámbito de la Psicología, el amor puede entenderse como una actitud, como una emoción o como una conducta y ha sido analizado a partir de diferentes tipologías, incluyendo la propuesta por Lee (1973, 1976), que he tomado como eje del trabajo, o la quizás más conocida de Sternberg (1989).

En la clasificación de Lee se describen los estilos de amor siguientes:

– Eros o amor pasional o romántico: caracterizado por una pasión irresistible, con sentimientos intensos, intimidad, fuerte atracción física y actividad sexual.

– Ludus o amor lúdico: caracterizado por interacciones casuales, con poca implicación emocional, ausencia de expectativas futuras y evitación de la intimidad y la intensidad.

– Storge o amor amistoso: caracterizado por un compromiso duradero que se desarrolla lenta y prudentemente y por compartir actitudes y valores; se basa en intimidad, amistad, compañerismo y cariño y busca más un compromiso a largo plazo que un apasionamiento a corto plazo.

– Pragma o amor pragmático: compuesto de Ludus y Storge, se basa en la búsqueda racional de la pareja ideal.

– Manía o amor obsesivo o posesivo: compuesto de Eros y Ludus, se caracteriza por la intensidad y la intimidad, pero también por los celos, la incomunicación, y los «síntomas» físicos y psicológicos.

– Ágape o amor altruista: compuesto de Eros y Storge, se caracteriza por dar antes que recibir y por el autosacrificio por el bienestar de la pareja.

En nuestros días el estudio del amor cobra particular importancia por su posible relación con un problema social de máxima relevancia como es la violencia contra las mujeres en el marco de la pareja. Así, el modelo de amor (y, específicamente, el de amor romántico) imperante en nuestra sociedad y los mitos asociados a él han sido considerados como uno de los posibles factores favorecedores y/o mantenedores de esta violencia.

En este marco, y desde nuestro interés último por profundizar en el análisis de dicha violencia y de los factores que la generan y mantienen, debe plantearse, ministra, una investigación, que forme parte de un proyecto más amplio, y cuyo objetivo sea realizar un estudio descriptivo del concepto de amor a la España que usted representa, imperante en su entorno, por maltrato de todo tipo.

No me cabe la menor duda que su amor por España está caracterizado por una pasión irresistible, con sentimientos intensos, intimidad, fuerte atracción física y actividad sexual, específicamente esta última con los representantes de ERC, PNV y BILDU y que no han dejado de maltratar a España, esa mujer, por aquello de joderla, durante todo su matrimonio. Creo firmemente que deberían comunicar esta situación a la ministra de «igual da» para que tome las medidas oportunas.

Enrique Area Sacristán es Teniente coronel de Infantería (R) y doctor por la Universidad de Salamanca.


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