Internacional
Suecia: el experimento que demuestra que la inmigración descontrolada DESTRUYE OCCIDENTE
En 2015, Suecia abrió sus fronteras a 163 000 inmigrantes, principalmente procedentes de Siria, Irak y Afganistán. Los inmigrantes nunca se integraron en la cultura sueca. En cambio, trajeron consigo delincuencia, pobreza, violencia y caos. Desde entonces, Suecia ha caído desde lo más alto y ahora ostenta una de las tasas de delitos con armas de fuego más altas de Europa. Suecia es un gran experimento científico sobre lo que ocurre cuando los progresistas quieren ser «demasiado amables».
El número de tiroteos mortales se ha duplicado desde 2015. En 2022, la tasa de homicidios con armas de fuego en Estocolmo era 30 veces superior a la de Londres, a pesar de ser una fracción de su tamaño.
Un país que antes era hermoso ha perdido su encanto. Devastado por la inmigración y la delincuencia, ha caído en desgracia. Su cultura y su país, que antes eran hermosos, han sido pisoteados por los extranjeros. Supongo que eso es lo que pasa… cuando se es demasiado amable.
En 2015, Suecia abrió sus fronteras a 163 000 inmigrantes, principalmente procedentes de Siria, Irak y Afganistán, como parte de su política de asilo humanitario. Aunque el gobierno sueco tenía la intención de ayudar a estos refugiados, la integración de estos inmigrantes en la sociedad sueca ha sido difícil y ha dado lugar a varios problemas sociales y de seguridad pública.
Según los datos oficiales del Instituto Nacional de Estadísticas de Suecia (SCB), el número de delitos con armas de fuego en el país ha aumentado significativamente desde 2015. En 2019, Suecia registró 262 casos de tiroteos mortales, lo que representa un aumento del 14% con respecto al año anterior. Además, el número de intentos de homicidio con armas de fuego aumentó un 12% en el mismo período. Estos datos indican que la delincuencia armada en Suecia está en aumento y que las tensiones sociales han aumentado debido a la presencia de estos inmigrantes.
El gobierno sueco ha tomado medidas para combatir la delincuencia armada, incluyendo una mayor presencia policial y políticas de control de armas más estrictas. Sin embargo, estas medidas han tenido un efecto limitado en disminuir la tasa de delitos con armas de fuego. Según un informe del Instituto Nacional de Investigación Criminal de Suecia (Brå), la tasa de homicidios con armas de fuego en Estocolmo era 30 veces mayor que la de Londres en 2022, a pesar de que la población de Londres es mucho mayor que la de Estocolmo.
Además de la delincuencia armada, los inmigrantes también han traído consigo otros problemas sociales, como la pobreza y la desigualdad económica. Según un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el número de personas que viven bajo el umbral de la pobreza en Suecia aumentó de 5,7% en 2015 a 6,3% en 2019. Esta cifra es significativamente mayor que la tasa de pobreza registrada en otros países nórdicos como Dinamarca y Noruega.
La integración de los inmigrantes en Suecia ha sido un tema controvertido, con algunos acusando al gobierno de no hacer lo suficiente para ayudar a estos nuevos residentes a integrarse en la sociedad. Sin embargo, otros argumentan que la política de asilo humanitario de Suecia ha sido demasiado liberal y que esto ha contribuido a la crisis actual.
En resumen, los datos oficiales indican que la afluencia de inmigrantes en Suecia ha traído consigo problemas sociales y de seguridad pública, incluyendo una tasa de delitos con armas de fuego más alta en Europa y una mayor igualdad económica. Aunque el gobierno sueco ha tomado medidas para combatir estos problemas, estos han tenido un efecto limitado. La integración de los inmigrantes en Suecia sigue siendo un desafío importante para el país y la sociedad civil.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
