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Opinión

Toca recuperar España

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Tras el resultado de las elecciones del 28-M no sabemos cuáles pueden ser las consecuencias para España porque nadie mostrará sus cartas hasta que se deshoje la margarita el próximo 26-M. En definitiva, ganó la izquierda, con los mismos escaños que en diciembre de 2015 llevaron a repetir elecciones seis meses después, pero la suma de las izquierdas, PSOE y Podemos, fue equivalente a la de las mal avenidas «tres derechas», nefasto término que, tan zafia como certeramente, caló en la sociedad.

Una mezcla de egolatría, ambición y venganza, y alguna falacia sin duda interesada, consiguieron el efecto que el diseño buscaba, «Divide y vencerás», materializado por dos circunstancias. Por un lado, la egolatría de Alberto Carlos Rivera, caracterizado desde su salto al ámbito nacional en 2014 por su veleidad ideológica, que hizo de Ciudadanos el «partido veleta» -hace un año liberal tras nacer socialdemócrata- y sus promesas de no pactar con los que luego sí.

Por otro, la ambición de Santiago Abascal y su afán de venganza por lo que él cree que «le debe» el PP, del que «se fue» cinco minutos antes de que todos supiéramos que lo echaban tras su «huida» de Vascongadas y su paso sin pena ni gloria por Madrid, donde ocupó dos puestos sin contenido y sueldo astronómico por no hacer nada, proporcionados por su «hada madrina», Esperanza Aguirre, y que aprovechó muy bien para darse a conocer.

Ninguno aceptó -como sí hizo Rivera en Navarra, con la unión PP/Ciudadanos/UPN- la oferta de Pablo Casado de renunciar -o ir juntos- en provincias donde la Ley D’Hont podía dejarlos fuera y dar escaños a los de verdad rivales. Tampoco aceptaron formar lista única para el Senado en vez de caer en la fantasía del 1+1+1, sólo efectiva de hacerlo todos los votantes de los tres partidos, materialmente imposible de garantizar conociendo la desavenencia entre los extremos de esta tripleta, Vox y Ciudadanos, que ya viene desde que Abascal pidió por carta a Rivera «iniciar conversaciones», en noviembre de 2014, tras la casi desaparición de Vox por el cisma provocado meses antes por él mismo, que impidió la obtención de un escaño en Europa.

Por todo esto, un grupo de exmilitantes de Vox que, como muchos españoles desencantados con las políticas continuistas de Mariano Rajoy, nos sumamos -alguno, como yo, antes de constituirse como partido- y ejercimos cargos de responsabilidad en distintas épocas, firmamos un «Manifiesto por España», que pusimos en Twitter el lunes con un inesperado eco en casi todos los medios.

Lo hicimos así tras venir anunciando algunos, por separado y con poco eco, que votar a VOX era votar a Pedro Sánchez y porque conocíamos muy bien a Abascal, sus malas artes totalitarias y sus verdaderos objetivos desde que llegó al partido en vísperas de su salida a los medios, todavía sentado en la última de las sillas que le puso el PP y que deslealtad tras deslealtad consiguió hacerse con los restos de un partido ya roto, que de 245.000 votos en las elecciones europeas de 2014 pasó a los escasos 46.000 de junio de 2016 e iba a su desaparición. Pero algún oscuro interés los puso en órbita justo después de triunfar la moción de censura y de que Sánchez se reuniera con George Soros, ¿casualidad o causalidad? En un artículo anterior al 28-A, definía la evolución del partido como «Vox: Alternativa… Desilusión… Vacío… Hibernación y… ¿Secta?». Tal parecen los comportamientos con síntomas de «abducción» de muchos de los que no supieron vencer el justificado en su momento «odio» al tándem Rajoy/Soraya y la corrupción de algunos.

Pedimos unificar el voto en torno a Pablo Casado porque creemos que el Partido Popular cuenta con mejores cuadros y experiencia de gestión demostrada y es el único que puede liderar la oposición y, en su caso, la alternativa, a un PSOE dispuesto a ponerse en manos de los enemigos de España, como ya hizo en junio de 2018, para cumplir el sueño dorado de Sánchez, gratis total. Para ello «instamos a la generosidad de los españoles para que antepongan el bien de España a intereses personales o partidistas, desde la serenidad de la reflexión y aparcando la visceralidad que nada bueno trajo nunca a nuestra querida Nación».

Se puede ganar el partido de vuelta el 26-M. Aprendamos la lección del Liverpool: «Esfuerzo y unidad». Juntos, podremos.

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España

Elecciones autonómicas o juegos florales. Por Jesús Salamanca Alonso

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«El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria».

Trascurrido el 8-M con división, amenazas entre las diversas «tribus» innombrables, desnudos malogrados –aunque ellas mismas se llamen feministas o «feminazistas»– esputos, amenazas e insultos a las periodistas que cubrían la noticia, parece que volvemos a la normalidad diaria que, en estas fechas, son las elecciones de las distintas comunidades, siendo las más cercanas las de Castilla y León.

Tal comunidad, decíamos hace unos días, que tenía sus revoluciones pendientes; incluso León (solo) trabaja por su independencia uniprovincial, otra revolución pendiente y que ya huele. Sigue insistiendo Fernández Mañueco que va a exigir a Vox que, si hay acuerdo, lo sea para toda la legislatura. Él tiene la impresión de que el Mediterráneo estaba sin descubrir hasta que llegó a presidente con su declaración rimbombante. Algo que es lógico y que no se cumplió la legislatura pasada por la falta de cuadros y la división interna del partido que «acaudilla» un tal Santiego Abascal y del que empiezan a mofarse sus seguidores más jóvenes y buena parte de la ciudadanía madura. En fin, si la incompetencia volara…seguramente no nos daría el sol.

Alguien dijo eso de que «éramos pocos y parió la abuela». Pues justamente es lo que está sucediendo en el partido a la derecha del Partido Popular. Abascal se ha ido quedando sin los mejores por las cacicadas que se han impuesto desde la cúpula ultraderechista. Recordarán a Macarena Olona, a Espinosa de los Monteros, la ejecutiva de Murcia y más recientemente a Ortega Smith. Quienes mejor podían conformar los cuadros de gestión están en la calle y durante la campaña electoral tan sólo se ha visto a Abascal. ¿Le molesta que otros chupen cámara? ¿Acaso piensa que le van a destronar de un plumazo por su caudillismo mal enfocado? ¿quiere seguir presumiendo de su enfrentamiento pasado con ETA?

Por mucho que hable Alfonso Fernández Mañueco de exigir compromisos para toda la legislatura, eso no lo puede hacer con Vox porque hay una tremenda deficiencia en sus inexistentes cuadros de gestión. Carece de banquillo, como se dice ahora. Lo estamos viendo en Extremadura y en Aragón, aquí parece que los militantes son más sensatos. En Extremadura ha sido calamitosa la actuación del líder regional de Vox, asesorado por los de más arriba, por eso se están marchando los militantes a chorro. No olviden que los políticos son como los libros de una biblioteca, cuanto más latos están menos sirven.

Casi un 70% de la población extremeña culpa a la formación de Abascal de huir, de no dar la cara y de no haber entendido el voto de las urnas. Han aterrizado en política como podían haber planeado y caído en una vaquería. Si quieren presumir de torpeza, allá ellos, pero la ciudadanía no se lo va a consentir. No deben olvidar que los atropellos se pagan siempre en las urnas y, a veces, antes.

En Castilla y León de prevé un proceso parecido al de Extremadura: «aguanto como que soy fuerte, pero en dos meses te desgasto». Eso no es hacer política, sino terrorismo electoralista y con ello se parece a EH Bildu, pero desde otra perspectiva. ¡Qué poca cabeza tiene el líder extremeño de Vox, si al final acabará claudicando, como dejaba constancia de ello el 53% de los extremeños! La actitud de Vox en Extremadura se conoce en mi pueblo como «enmarranar más al cerdo». En otros tiempos le hubieran «hecho los perrillos» como hacíamos en el colegio a quienes presumían de algo o fantasmeaban demasiado. Y lo hacíamos por su mala fe, tocapelotas, imbécil e insensato.

Tan sólo el 31% de extremeños culpa a María Guardiola del bloqueo por no haber sabido atraerse a los de Santiago Abascal. Posiblemente, la peor noticia para Vox sería convocar ahora mismo nuevas elecciones porque, según las dos encuestas consultadas, esa formación ultraderechista perdería entre dos y cuatro diputados, que sumaría el PP y dos perdería el PSOE.

Si Vox no tiene más que estratagema, esa se combarte con una buena estrategia. Siempre ha sido así. Al PSOE de Extremadura le hundió los engaños del «hermanísimo», las trampas mafiosas de Garrido y la desconfianza de los socialistas. Si se hubieran convocado antes las elecciones generales sería otro el resultado, pero donde no hay mata, no hay patata.

Según veo en una encuesta de Signa Dos para El Mundo, siguen divididos los deseos de los extremeños y mientras uno de cada cuatro apoya que el PSOE permita un gobierno de la derecha pepera en solitario, entre quienes se dicen votantes socialistas, un 40% quiere ese gobierno en solitario del PP. Un 22% de extremeños prefiere que haya repetición electoral porque creen que la ultraderecha acabará de morros contra las urnas. Y créanme que no van descaminados.

El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria. Ni Castilla ni León van a permitir tonterías, ni se va a esperar a que caiga el higo de la higuera o a Abascal lo alumbre San Apapucio, patrón de la estupidez.

Cuando ese santo alumbra, la estupidez y la torpeza ya están instaladas en la persona. Y si no ceden las partes todo lo que haya que ceder, que dejen la política y se vayan a poner copas y cacahuetes a los lupanares de Pedro Sánchez y malversadora señora «catedrática» o a República Dominicana a contar los aterrizajes del Falcon sin transparencia.

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