España
Todo por mantener a «Pedro en Moncloa»
Arranca la precampaña electoral para los comicios del 28 de abril, que unida a la posterior campaña de las autonómicas y municipales y europeas del 26 de mayo van a sumir a España en tres meses de campaña permanente.
Sánchez llega a la cita bien pertrechado después de unos meses en La Moncloa orientados principalmente a la búsqueda del «momentum», en palabras de algunos de sus colaboradores: el momento exacto en el que convocar las elecciones generales.
Todo ha estado supeditado a ello. Por eso Sánchez trasladó de Ferraz a Moncloa a su secretario de Análisis Electoral, Francisco Salazar. Para hacer básicamente lo mismo que hacía en la sede del partido pero con un soporte de medios materiales y humanos mucho mayor.
Este equipo, en consonancia con el gabinete del presidente, Iván Redondo, se ha constituído como un auténtico comité de campaña. Ambos, tanto Salazar como Redondo, participan en las reuniones del Comité Electoral del PSOE que formalmente dirige el ministro José Luis Ábalos. La simbiosis es absoluta. Aunque con la campaña los cuadros de Ferraz ganan protagonismo respecto al personal de comunicación de Moncloa.
La comunicación del Gobierno ha tenido un carácter eminentemente presidencial. Un presidente que corre, amante de los animales y con unas manos a destacar. Fueron los primeros pasos de una estrategia tendente a fortalecer la imagen de un Sánchez, y por extensión de la marca PSOE, que hasta la llegada a La Moncloa se encontraban a la baja.
En la construcción de ese perfil presidencial ha sido fundamental la apuesta por una potentísima agenda exterior que no tiene precedentes en el inicio de mandato de un presidente.
Su mandato se ha caracterizado por una incapacidad para sacar adelante medidas con sus 84 diputados que le han obligado a recurrir casi en exclusiva al Real Decreto Ley. Su legislatura más que lo hecho se caracteriza por lo anunciado: como la reforma de la Constitución para suprimir los aforamientos.
La ausencia de grandes reformas antes defendidas también ha sido característica. Primero la no reforma del modelo de elección del Consejo General del Poder Judicial. Pero, especialmente importante por la coyuntura electoral, fue el golpe de mano para cambiar la cúpula de RTVE. Un proceso convulso que al final terminó con Rosa María Matero como administradora única. Del concurso público nada más se supo.
Colocar a José Félix Tezanos en el CIS, miembro de la dirección socialista en el momento del nombramiento, ha sido una de las decisiones más controvertidas. Tezanos ha incluído en su barómetro preguntas para testar la acción gubernamental. El último gran acto en la construcción de ese relato ha sido la publicación de un libro con pretensiones autobiográficas en el que cuenta «su» verdad y que ha sido cuestionado por su parcialidad.
Se ha revelado también lo que estaba sucediendo en Correos, donde Sánchez colocó a quien había sido jefe de su jefe de Gabinete en el PSOE, Juan Manuel Serrano. Fuentes internas de la empresa denunciaron su instrumentalización en favor del Gobierno:«Si con 200.000 euros llevé a Pedro a La Moncloa, imagínate aquí», dijo Serrano tras cambiar a toda la cúpula para cumplir «compromisos» y poner la empresa «al servicio de Pedro».
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
