Opinión
Tucker Carlson, la estrella de los informativos de la FOX, nos dice lo que ya sospechábamos: «Van a usar los disturbios del Capitolio para anular y recortar los derechos y libertades fundamentales»
El miércoles, Tucker Carlson de Fox News Channel pronunció un monólogo sobre los disturbios ocurridos en el Capitolio de Estados Unidos que dejaron cuatro muertos y muchos más heridos.
Después de enfatizar lo «horrorizado» que estaba por la violencia, Carlson dijo en «Tucker Carlson Tonight» que mientras la gente sienta que «su democracia es fraudulenta» y sea silenciada al hablar al respecto, la gente actuará como se vió el miércoles y en la historia. Advirtió que los líderes de la nación podrían utilizar el caos en el Capitolio para despojar a los estadounidenses de sus derechos básicos.
Reproducimos a continuación una transcripción parcial de las palabras del señor Carlson:
Mientras las personas crean sinceramente que pueden cambiar las cosas votando, se mantienen tranquilas. No asaltan La Bastilla. No irrumpen en la cámara del Capitolio. Hablan y se organizan y votan. Pero lo contrario también es cierto. Si la gente comienza a creer que su democracia es fraudulenta, si concluye que votar es una farsa, que el sistema está manipulado y es administrado en secreto por un pequeño grupo de personas poderosas y deshonestas que actúan en beneficio de sus propios intereses, entonces Dios sabe qué podría pasar. De hecho, sabemos lo que podría pasar. Está sucediendo ahora mismo. Ha sucedido en muchos otros países durante incontables siglos, y el ciclo es siempre el mismo porque la naturaleza humana nunca cambia.
«¡Escúchanos!» grita la población. «Cállate y haz lo que te dicen», responden sus líderes. Frente a la disidencia, el primer instinto de un liderazgo ilegítimo es tomar medidas enérgicas contra la población. Pero las medidas enérgicas nunca lo mejoran. En cambio, siempre hacen que el país sea más volátil y peligroso. Las personas a cargo rara vez entienden eso. No les importa aprender o escuchar porque toda esta conversación es un referéndum sobre ellos y su liderazgo, por lo que toman medidas drásticas. “Obedece, te digo. ¡Obedecer!» Este es el programa Romanov. Termina mal cada vez. Pero eso no significa que no lo intentarán de nuevo. Por supuesto que lo harán porque es su naturaleza. Así es como llegamos aquí en primer lugar.
Millones de estadounidenses creen sinceramente que las últimas elecciones fueron falsas. Puede descartarlos como locos, puede llamarlos teóricos de la conspiración, puede echarlos de Twitter, pero eso no hará que cambien de opinión. En lugar de intentar cambiar de opinión para convencerlos y asegurarles que el sistema es real, que la democracia funciona como usted lo haría si se preocupara por el país o la gente que vive aquí, nuestros nuevos líderes intentarán silenciarlos.
Lo que sucedió hoy será utilizado por las personas que toman el poder para justificar despojarlo de los derechos con los que nació como estadounidense. Su derecho a hablar sin ser censurado, su derecho a reunirse, a no ser espiado, a ganarse la vida, a defender a su familia, de manera más crítica. Estas son las libertades más básicas y antiguas que tenemos. Es por eso que vivimos aquí en primer lugar. Por eso estamos orgullosos de ser estadounidenses. Ellos son los que nos hacen diferentes y ahora todos están en peligro. Cuando miles de sus compatriotas asaltan el edificio del Capitolio, no tiene por qué gustarle. No nos gusta.
Usted puede estar horrorizado por la violencia, y como dijimos y lo diremos de nuevo, estamos horrorizados. Es incorrecto. Pero si no se molesta en hacer una pausa y aprender una sola cosa de él, de sus ciudadanos asaltando su edificio del Capitolio, entonces es un tonto. Te falta sabiduría y te falta conciencia de ti mismo. No tienes lugar para dirigir un país. Llegamos a este día triste y caótico por una razón. No es tu culpa. Es culpa suya.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
