Opinión
Un exministro del PSOE pide echar a Podemos del Gobierno: «Sánchez ha jugado todas las cartas de la irresponsabilidad y de la ignominia»
El exministro de Cultura del Gobierno de Zapataro entre 2007 y 2009, César Antonio Molina, ha reclamado echar a Podemos del Gobierno y ha afirmado que Pedro Sánchez se está disputando con Pablo Iglesias «el liderazgo de toda la extrema izquierda». El exministro, en un artículo en El Mundo publicado este miércoles, se ha mostrado muy crítico con el pacto de los socialistas con Bildu, a los que ha considerado unos «ejecutores despiadados» y ha afirmado que Pedro Sánchez «ha jugado todas las cartas de la irresponsabilidad y de la ignominia».
«La presencia en el Gobierno de Iglesias, su mujer y adláteres, es un cáncer para nuestro país y hay que echarlos. Y el presidente debe hacerlo antes de que se le eche a él mismo. Si no es así crecerán las amenazas. Y una violencia que los mismos políticos no serán capaces de frenar» ha apuntado Molina. El exministro del Gobierno de Rodríguez Zapatero asegura que «Sánchez se ha entregado a Iglesias».
«Pactar con los asesinos de ETA, pactar con los ejecutores despiadados de tantas personas y de tantos militantes socialistas. Sánchez se ha entregado a Iglesias, dicen, mientras que yo creo que es que el presidente le está disputando a su vicepresidente el liderazgo de toda la extrema izquierda independentista o no» apunta.
«El juego con Ciudadanos es eso, un simple juego político que a él le beneficia. Es como darle celos a la novia oficial y luego volver con ella con más amor. Así, el presidente lo abarca casi todo: desde el centro ahora inclinado a la izquierda, hasta el populismo de Podemos. Y por si fuera poco, continúa su andar funambulista entre nacionalistas e independentistas manchados de sangre» lamenta.
César Antonio Molina concluye el escrito afirmando que «el presidente del Gobierno español ya ha jugado todas las cartas de la irresponsabilidad y la ignominia» y que «el país se sigue hundiendo, y nuestro prestigio también».
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
