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Un Madrid de Arbeloas

Redacción

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Hughes.- Veo en Twitter lo que en fútbol se llamaría una cobertura. Toni Kroos respondió a Bernd Schuster, que lo comparó -quizás generosamente- con un tractor diesel, con un “¿Quién?”. El desprecio a Schuster ya era suficiente, pero tuvo que aparecer el inefable Arbeloa para añadir: “No hace falta decir nada más…”.

Pues quizás sí. Bernd Schuster fue uno de los mejores centrocampistas de la década de los 80, quizá el mejor, y además fue campeón de Liga con el Madrid como jugador y como entrenador. Que se ponga Arbeloa la Eurocopa de 1980 y quizás aprenda quién es Bernd Schuster, probablemente la aparición futbolística europea más estruendosa después de Cruyff.

El mal gusto y gregarismo de Arbeloa, el coberturas, importan porque ocupa un cargo en el Madrid: Embajador del club, nada menos.

Pues el Embajador acababa de faltar el respeto, repito, a un campeón madridista como jugador y como entrenador. A una estrella del fútbol que simplemente opina.

Esto, que es grotesco y da vergüenza por suceder en el club de los Bernabéu, Saporta y demás, hay que sumarlo a la reciente destitución de Álvaro Benito, entrenador del Juvenil B y comentarista en medios de comunicación. Podría entenderse que hubiera en eso una incompatibilidad y que el Madrid no la permitiese, pero la destitución llegó tras unas críticas concretas al juego del equipo. Al menos eso ha trascendido. No ha habido adicionales aclaraciones por parte del Madrid.

Álvaro Benito, quinto de Raúl y Guti, iba para figura cuando se lesionó muy pronto y en los medios ha desarrollado una carrera de comentarista que se caracteriza por dos cosas: el conocimiento técnico (bien explicado) y algo que podría llamarse madridismo. El madridismo entendido como aquello que decía Gómez Pintado: “Lo bueno para el Madrid”, guía aristotélica que nada tiene que ver con la grotesca caricatura de lo que es ser madridista difundida en los medios.

En esto ha habido una evolución. El buen periodista Tomás Roncero se construyó hace algunos años un personaje que hizo fortuna. Quienes le conocen dicen que no es un personaje, que es realmente así.

Tanto da. Si es así, no cumple con el cuidado mínimo de reprimirse en público. Con el paso de los años, Roncero se ha convertido en un locutor antiguo de la BBC comparado con lo que ha ido prosperando. El roncerismo ha sido ampliamente superado, en su versión caricaturesca e incluso en una versión deluxe, florida y lírica. El roncerismo fue en su día una caricatura madridista de Prisa (AS), que no estaba tan lejos de la caricatura dibujada por TV3 y que ahora es superada por los sucesivos modelos de madridista que fomenta el otro grupo, A3Media. EL veterano Roncero, buen periodista, gran columnista, enciclopedia del peñismo, ya parece hasta comedido e imparcial.

El Madrid ha ido desarrollando una política de comunicación muy particular. Por un lado está su televisión, de un intervencionismo y triunfalismo sofocantes. El tono Arbeloa: Kroos es el mejor del mundo y lo será siempre. En el estadio está la Grada Fans, que si bien ha evitado las manifestaciones ultras (contra-argumento con el que desactivan además toda crítica acusando de nazi a sensu contrario) ha generado un ambiente acrítico en el estadio. Cuando el Madrid perdía 0-3 contra el Barcelona cantaban “Reyes de Europa, somos los Reyes de Europa”. Pero tímidamente, aun de modo más lastimoso. En pleno chorreo, con los aficionados marchando abochornados del estadio. El aficionado, el forofo, es también crítico. Es natural que lo sea. Tan bueno es aplaudir como silbar o criticar. Tan normal es el júbilo como la ira. Pero con esto se ha generalizado un ambiente norcoreano de aclamación. Un apoyo también cuestionable: cuando Lopetegui estaba mórtimer no se escuchaban grandes apoyos.
Hace bastantes años, en el Primer Florentinismo, circulaba una cinta de cánticos del Madrid que sonaba en las celebraciones. Era muy repetitiva, casi minimalista. La Grada funciona un poco como esa cinta. Da ambiente, esto es innegable, y es maravillosamente constitucional, pero desactiva todas las posibles espontaneidades críticas de una grada.

Suma y sigue. Son variadas las formas en las que se manifiesta la comunicación del club. Otra es la influencia indirecta en los medios. Por ejemplo, Arbeloa participa en El Chiringuito y hay periodistas afines, satelitales. Esto explica la asimetría en el trato a algunos jugadores o que se hable del gol como de la pertinaz sequía: “El gol llegará, el gol llegará”, como si fuera a llegar con una delantera formada por Vinicius, Lucas y Benzema. Estos periodistas han ido difundiendo una visión del madridismo que coincide como una plantilla con el florentinismo. Por ejemplo, el Madrid “nunca jugó bien”. El estilo es para otros, el Madrid es ganar. Se ha justificado el sesteo durante meses porque al final llega la chilena salvadora. Pero luego tampoco es ganar como Simeone. Esa “intensidad” está vedada. Esta especie de sandwich es una larga creación de cierta prensa: el Madrid no admite entrenadores como Capello o Mourinho, pero tampoco se exige o pide un creador de estilo. Lo que gusta es el entrenador simpático o amable, el Solari, el Pellegrini, en coincidencia con aquel “perfil bajo” que diseñó Valdano para el banquillo blanco.

Es fundamental la forma en que del Mourinhismo, en unión con la oficialidad del club, sale el mensaje de que “el Madrid nunca jugó bien al fútbol”. Me parece algo asombroso.

En relación con esto, queda acercarse a las redes. Con los años surgió en internet algo que se llamó “madridismo underground” y que explotó y se echó a perder en el mourinhismo, pues fue secuestrado por el éxito y por algún que otro arribista. De alguna forma, este ser forofo en internet fue perdiendo la energía y acercándose a posiciones oficiales. No está de más pensar que fue un acercamiento de las dos partes. Pero el movimiento inicial era crítico con los medios y también con el club, siendo la resultante del postmourinhismo que la crítica ya se dirija solo a los medios. Fue cómico cómo algunos reciclaron el 0-3 de Copa con la disculpa de que “El Madrid jugó bien” (cosa que además no es cierta, jugó con casta, nada más). En ese consolatorio “jugar bien” estaban volviendo a las posiciones anteriores a Mourinho, es decir, a los días de Pellegrini en los que el Madrid era dócilmente vapuleado por el Barcelona.
Este había sido el viaje de aquel mourinhismo: volver a la casilla de salida.

El Madrid hace bien en proponer una política de comunicación, pero no hay que confundir el florentinismo (el actual estado de cosas, por bueno que sea) con el madridismo. A Arbeloa y sus troleos con el viejo Madrid.

Sobre el club siempre se han cernido poderes dominantes. Estaba José María García, la guerra del fútbol, y lo que él llamaba “el imperio del monopolio”, que luego se atomizó o disgregó en otros medios. Teles, radios, periódicos. Y es verdad que además existe un fuerte antimadridismo que es innegable y una tendencia a lo aberrante, al espectáculo absurdesco y a lo irracional en los medios (irracionalismo del que se salvó siempre Álvaro Benito), pero lo que el Madrid levanta en oposición a ello se parece a un madridismo aclamatorio, sesgado, circunstancial y miope que lo justifica todo: tener muchos delanteros o no tener apenas. Algo completamente acrítico, sin debates futbolísticos, donde decir que Kroos no se va ni de una silla es sospechoso, lo que a la larga contribuye al mal fútbol endémico del Madrid y a su trayectoria en las competiciones regulares, las nacionales, donde ha perdido la hegemonía. Leía hoy un titular lisérgico de James Rhodes: Hay una línea que une a Bach con Rosalía. Yo me atrevería decir, aunque no soy pianista, ni “espartano”, que hay una línea que une la calidad del debate madridista con la calidad de su juego.

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La figura del entrenador personal: de lujo exclusivo a necesidad real en la vida moderna

Redacción

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Durante años, la idea de contar con un entrenador personal estaba asociada a celebridades, deportistas de élite o, en general, a personas con alto poder adquisitivo. Sin embargo, esa percepción ha cambiado de forma radical en la última década. Hoy, el entrenador personal se ha consolidado como una figura clave para quienes buscan mejorar su salud, optimizar su tiempo y alcanzar objetivos físicos reales y sostenibles.

El auge del fitness, unido a una mayor concienciación sobre la importancia del bienestar, ha transformado el panorama. Cada vez más personas entienden que entrenar no consiste únicamente en “hacer ejercicio”, sino en hacerlo de forma inteligente, adaptada y segura, recurriendo a profesionales como un entrenador personal Bilbao, capaces de diseñar rutinas eficaces y sostenibles en el tiempo.

El usuario moderno busca resultados concretos: perder grasa, ganar masa muscular, mejorar su rendimiento o prevenir lesiones. Y ahí es donde entra en juego el entrenador personal, que aporta planificación, criterio técnico y seguimiento continuo.

Lejos de improvisar, estos profesionales diseñan programas individualizados que tienen en cuenta factores como la edad, el nivel físico, posibles patologías o el estilo de vida del cliente. Esto no solo mejora los resultados, sino que reduce considerablemente el riesgo de lesiones.

La personalización como valor diferencial

En un mundo saturado de información —y desinformación—, la figura del entrenador personal actúa como filtro. No todo lo que circula en redes sociales funciona para todo el mundo, y aplicar rutinas sin criterio puede ser incluso contraproducente.

Un buen entrenador personal no solo diseña entrenamientos. También educa. Enseña técnica, corrige errores, adapta cargas y ayuda a entender el porqué de cada ejercicio. Esta capacidad de personalización es, probablemente, su mayor valor.

Además, la relación directa con el cliente permite ajustar el plan en tiempo real. Si algo no funciona, se modifica. Si el progreso se estanca, se replantea la estrategia.

Más allá del físico: impacto en la salud y el bienestar

Aunque muchas personas recurren a un entrenador personal con objetivos estéticos, los beneficios van mucho más allá del aspecto físico. El entrenamiento supervisado tiene un impacto directo en múltiples áreas de la salud.

Trabajar con un profesional cualificado ayuda a entrenar de forma segura y eficiente, reduciendo el riesgo de lesiones y mejorando la adherencia al ejercicio, uno de los factores clave para obtener resultados reales a largo plazo.

A esto se suma un factor fundamental: la constancia. El entrenador actúa como elemento motivador y de compromiso, algo que muchas personas necesitan para no abandonar.

Entrenador personal vs. entrenamiento autodidacta

Con la cantidad de contenido gratuito disponible, es lógico preguntarse si merece la pena invertir en un entrenador personal. La realidad es que, para la mayoría, entrenar sin guía implica errores, estancamiento o incluso abandono.

El entrenamiento autodidacta puede funcionar en perfiles muy concretos, pero el entrenador personal optimiza el proceso: reduce el margen de error, acelera los resultados y aporta seguridad.

No se trata solo de entrenar más, sino de entrenar mejor.

La evolución del sector: hacia un servicio más accesible

Otro factor clave en el crecimiento del entrenamiento personal es la diversificación de servicios. Hoy no se limita a sesiones en gimnasio: existen entrenamientos a domicilio, al aire libre, online o en formato híbrido.

Esta evolución ha hecho que el servicio sea cada vez más accesible. De hecho, el entrenamiento personal se ha convertido en una de las opciones más demandadas dentro del sector fitness, consolidándose como una tendencia estable en España.

Cómo elegir un buen entrenador personal

No todos los entrenadores son iguales, y elegir bien es clave. Algunos aspectos importantes a valorar son:

  • Formación y certificaciones oficiales
  • Experiencia demostrable
  • Capacidad de adaptación
  • Comunicación clara
  • Metodología estructurada

También conviene desconfiar de promesas irreales. Los resultados sostenibles requieren tiempo, constancia y un plan bien diseñado.

Una inversión en salud a largo plazo

Contratar un entrenador personal no es un gasto, sino una inversión en salud y calidad de vida. Mejorar la condición física, reducir molestias o ganar energía tiene un impacto directo en el día a día.

En una sociedad cada vez más sedentaria, contar con un profesional que guíe el proceso puede marcar una diferencia enorme. Todo apunta a que esta figura seguirá ganando importancia en los próximos años.

Porque, al final, cuidar el cuerpo ya no es una opción: es una necesidad.

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