Sucesos
Un magrebí causa el pánico al herir a una joven con un cuchillo en Murcia y escapar dando gritos en árabe
El violento incidente provocado este miércoles por la tarde en pleno centro de Murcia por un ciudadano de origen magrebí, que hirió a una joven con un cuchillo de grandes dimensiones y luego trató de escapar a través de una cafetería, derivó en una auténtica situación de pánico entre decenas de clientes de ese local y de viandantes que transitaban por la zona. El agresor fue arrestado minutos después por agentes de la Policía y conducido a las dependencias de la Jefatura Superior, donde los investigadores tratarán ahora de conocer las motivaciones del ataque, aunque este miércoles se daba prácticamente por descartada cualquier vinculación con los movimientos yihadistas.
Los hechos se produjeron en torno a las seis y media de la tarde, cuando ese hombre se sentó en una parada de autobús de la Plaza de Camachos, en las inmediaciones del Puente de los Peligros, y de forma inopinada esgrimió un cuchillo de cocina de grandes dimensiones, acuchilló a una joven de 17 años de edad que se encontraba a su lado y seguidamente le arrebató el teléfono móvil.
A continuación, el sospechoso del ataque inició una alocada huida que le llevó a tratar de introducirse en una cafetería cercana, en la que los clientes, asustados por los gritos que profería en árabe y por la visión del arma blanca, lograron rechazarlo cerrando la puerta y empujando sobre ella para impedir que pudiera abrirla. Ello llevó al magrebí a meterse en un centro de tatuajes, del que salió a los pocos segundos, y se dirigió a la carrera hacia la conocida cafetería Roses, en la que se introdujo visiblemente alterado.
«Toda la gente que estaba allí dentro ha salido a la calle tremendamente asustada», relataba poco después Rubén Ayllón, uno de los testigos del incidente, quien añadió que de manera casi inmediata comenzaron a llegar patrullas policiales a la plaza. Varios de esos agentes habrían logrado arrestar al sospechoso en las inmediaciones de la calle Cartagena.
Mientras tanto, la joven herida en los brazos, a quien la dueña del establecimiento de tatuajes, Cari, ya había prestado una primera asistencia con vendas y apósitos, era atendida por una ambulancia enviada hasta el lugar por el Centro de Coordinación de Emergencias 112, que en pocos minutos recibió una gran cantidad de llamadas alertando del suceso.
Una de las circunstancias que mayor preocupación causaron entre las personas concentradas en la zona estribaba en el hecho de que, según algunos agentes, estaba siendo buscado un segundo individuo que también iría armado con un cuchillo. A la hora de cerrar esta edición nada más había trascendido sobre la supuesta existencia de otro hombre armado por la zona.
Fuentes próximas a la Delegación del Gobierno en la Región se refirieron este miércoles a este incidente como un atraco con intimidación mediante arma blanca, ya que el sospechoso se llevó de esa forma un teléfono móvil.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
