Sucesos
Un matrimonio se declara culpable de torturar a sus trece hijos
El matrimonio estadounidense que fue acusado de torturar, maltratar y mantener cautivos a sus trece hijos en la casa familiar en el sur de California se declaró culpable de 14 cargos, informó este viernes la Fiscalía del Condado de Riverside.
David Allen Turpin, de 56 años, y Louise Ann Turpin, de 50, se presentaron hoy en una corte de este condado y se declararon culpables de 14 cargos (afrontaban 49), entre ellos de tortura, maltrato infantil y crueldad, los cuales le supondrán al menos 25 años de cárcel.
La pareja se había declarado inocente de todos los cargos, no obstante, a fin de evitarse ir a juicio, hoy cambiaron su declaración en una audiencia en la que Louise se quebró en un momento.
El fiscal de Riverside, Mike Hestrin, dijo en una conferencia de prensa que a fin de evitar que las víctimas tengan que testificar aceptó la declaración de culpabilidad de los esposos, detenidos en enero de 2018 cuando la hija de 17 años logró escapar del domicilio y alertar a las autoridades.
«Queremos justicia, pero esa justicia también es cuidar a las víctimas y no queremos que sufran más», recalcó el fiscal de distrito.
El caso se destapó luego de que la hija se fugara y llamará el teléfono de emergencia 911 para avisar que sus hermanas estaban «encadenadas a las camas» en el domicilio familiar, ubicado en la localidad de Perris.
Las autoridades descubrieron luego las penosas e insalubres condiciones en las que permanecían los 13 hijos, en ese momento con edades comprendidas entre los 3 y 29 años, quienes fueron atados con cuerdas y cadenas, encerrados en jaulas y algunos de ellos presentaban cuadros de desnutrición severa.
«Es el caso más horroroso que he visto en toda mi carrera como fiscal», aseveró hoy Hestrin, quién precisó que al cabo de 25 años la pareja podría solicitar libertad condicional aunque un panel tendrá que determinar si le concede o no el pedido.
El fiscal precisó que es «la condena es la más grande que se pueda lograr en California» después que el año pasado entró en vigencia una ley que no permite condenar de más de 25 años a una persona de la tercera edad, sin tener una oportunidad de pedir libertad condicional.
Los 13 hijos de la pareja están a cargo de los servicios sociales del Condado de Riverside.
El matrimonio Turpin regresará a corte el próximo 19 de abril para la audiencia de sentencia.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
