Opinión
Un Ministerio de Gibraltar
Conocido el vicio garrotil que tienen los británicos -rule the waves everywhere- de parasitar territorios que no les corresponden, bien para ahorrar estadías de la Navy, como para contribuir al fraude fiscal por doquier y el escaso respeto que nos profesan a los españoles y a los hispanohablantes, devenido sin duda de rencores históricos por haber ostentado el Imperio que desearon y que respetaron hasta hartarse y por cojones, cuando les tocó bajar a piratas, es necesario enterrarlos en su propio caldo espeso y dejar de soportar esa actitud chulesca y matonil, que no es otra cosa, visto que o les sale cara la cosa o deberá ser cruz forever.
La ONU se la pasan por la entrepierna, tipo mocho, como tantos otros, que no son los únicos a los que se la trae al pairo –obsérvense los bolivarianos, castristas y orteguistas, etc. y sus señoras, que son que para qué cuando salen malas, y lo que hacen con los derechos humanos y los inhumanos- o se la refanfinfla a la vista del público, y no seré yo el que les pida respeto por algo que no lo merece ni hace valer lo que cuesta en paniaguados, que no son otra cosa.
Laisser faire, laisser passer. Pura fisiocracia del XVIII, puesta en manos de tercermundistas que tienen sus ojos en Suiza, Liechtenstein, las Caimán, Mauricio, Gibraltar, Bahamas, Vírgenes, Jersey y poco más. Obsérvese que la mayoría fiscoparadisiaca está en manos británicas, lo que disuade a estas buenas gentes –tan responsables- a meterse con lo de Gibraltar o lo del Sahara, o lo que sea, no vaya a ser que lo saquen a la luz, se acabe el chollito y terminen en la cárcel y el paro. ¿Se pispan? ¿Quién no?
Venga de objetivos para dentro de cuarenta años, estos de la ONU, mejor que para treinta y desviar las miradas del mundo de su inepcia, incapacidad e impotencia generandi y coeundi y que sigan poniendo cuartos para que sigan trincando. Esa es la historia de la descolonización, y del famoso Comité de 1961, con 57 años de existencia, que no sea tirar estatuas de Colón, don Cristobal. El aborto, las migraciones para incordiar a Europa, LGTB para todos y sin fronteras, etc., es cuanto les ocupa a esos paniaguados, que eso maldito lo que les importa a los vividores que presiden aquello y lo parasitan, nepotifican, porculizan, se lo llevan crudo y etc.
¿Dónde queda la descolonización prescrita por la ONU hace 57 años, que tanto entretiene a nuestro ministerio de Asuntos Exteriores –cuando es un asunto interior para nosotros- desde ni se sabe? No comparen a Jordana, Martín Artajo, Castiella y al mundo en contra, achuchado por la pérfida Albión, con la trayectoria miserable de la Trini, Moratinos o Morán el de los chistes y ahora el Doctor Pildorilla y sus huestes. El único al que creo capaz es a Borrell, el escupido, pero poco.
Esa es la historia del respeto y consideración que nos tienen los ingleses y los paniaguados de la ONU, de nuestro respeto, nuestra autoestima y lo que quieran poner negro sobre blanco o verde sobre magenta. Lo mismo da.
Con esa actitud despectiva y delictiva de la espantapájara de la May y sus compinches, incursos en el fraude, la receptación, el estraperlo –tan republicano él- el blanqueo, el negreo y todas esas cosas aplaudidas por el Picardo y personajes sin graduación ni remedio que nos chulean impunemente, no hay otra que montar un Ministerio de Gibraltar o un Ministerio de la Dignidad, con el único objetivo desde la mañana a la noche y desde el momento de su creación, de llevar a cabo la amargura del Peñón, convertirlo en un peñazo cercado de 679 hectáreas, sin salidas, entradas ni vistas, incomunicado por tierra y mar, caro, insoportable y cerrado por reforma. ¿Quién va a querer vivir allí para izar una bandera por las mañanas? Espero de Vox, porque lo que es la Tejerina o el Suarez Illanano me ofrecen confianza.
En su entorno fomentar la cría de cerdos, industrias ruidosas y que huelan mal, y polígonos industriales a coste cero y sin fiscalidad alguna que les importune para los próximos cincuenta años, revisables, para fomentar a los autónomos y emprendedores que den empleo a nuestra gente que hable español, catalán, fabla aragonesa, bable, suahili o tagalo, pero nunca inglés y que lo poco que coticen sea para pensiones y para vino con gildas, piparras, ahumados con almendras fritas y cosas similares.
Y todo con dinero de la Unión Europea. Se acabó. ¿Qué les parece? ¿Alguien se opone?
Que no nos enteremos cuando abandona la roca el último inglés, persona, o mono rabón y apague la luz. El día que lo abandonen puede destinarse a vertedero todo lo horadado hasta colmatarlo de caca.
Tiempo (314 años de vellón) y lugar han tenido.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
