Sucesos
Un muerto en un descarrilamiento de un tren de cercanías en Cataluña
El descarrilamiento esta madrugada de un tren de cercanías en Vacarisses (Barcelona) ha causado un muerto y 44 heridos, aunque ninguno de ellos de gravedad. En total hay 131 personas afectadas, de las que 86 han resultado ilesas, según ha informado Protección Civil de la Generalitat, y 41 heridas leve.
Se desconoce por el momento el alcance de las heridas de los pasajeros afectados, aunque fuentes de Renfe han informado de que alguno cinco de ellos han sido tenido que ser traslados a distintos hospitales de la zona.
El descarrilamiento se ha producido sobre las 06.15 , cuando un desprendimiento de tierra ha alcanzado los cuatro últimos vagones de un tren de cercanías de seis convoyes de la R4 que cubría el trayecto entre Manresa y Sant Vicenç de Calders, entre Vacarisses y Vacarisses Torreblanca, y en el que viajaban unas 150 personas.
El consejero de Interior, Miquel Buch, ha anunciado que se está trasladando a la zona del accidente, que ha ocurrido a altura de la C-58, en el kilómetro 32, entre Can Serra y el Polígono Can Torrella.
El servicio ferroviario está interrumpido entre Terrassa y Manresa y hay largas retenciones para acceder por carretera a la zona del accidente.
Protección Civil y Renfe han puesto dos teléfonos de información a disposición de los familiares de los pasajeros: el de Cercanías de Cataluña (900.41.00.41) y el teléfono gratuito de Emergencias (900 400 012).
Los Bomberos de la Generalitat confirman que a las 08.10 ya no quedaba ningún herido atrapado en el interior del tren.
Renfe
El portavoz de Renfe, Antonio Carmona, ha asegurado este martes que la operadora ferroviaria analiza las causas del descarrilamiento y desconoce si el desprendimiento de tierra se ha producido en el momento del accidente o ya estaba en la vía cuando ha pasado el convoy.
En declaraciones a TV3 ha dicho que han descarrilado cuatro de los seis vagones que componían el tren y ha subrayado que «la principal preocupación» es el estado de los 150 pasajeros que viajaban en el tren, entre los que hay un muerto y heridos de diversa consideración, ha apuntado.
Además, ha explicado que Renfe ha habilitado un servicio de autobús para que los pasajeros afectados por el descarrilamiento puedan llegar a su destino.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
