Sociedad
Un municipio sueco termina con las comidas escolares sin cerdo para musulmanes
La Junta Municipal de Staffanstorp quiere que las escuelas en el municipio dejen de ofrecer alternativas al cerdo.
De acuerdo con una propuesta que pronto se planteará en la Junta Educativa, las escuelas de Staffanstorp ya no ofrecerán una alternativa a la carne para quienes no comen carne de cerdo, informa Nyheter Idag . En su lugar, se les ofrecerá comida vegetariana los días que el cerdo esté en el menú. Aquellos que, por razones médicas, tengan derecho a dietas especiales, lo recibirán.
“No podemos, con el dinero de los impuestos, tener en cuenta varios requisitos dietéticos religiosos. Todo cuesta y, por lo tanto, debemos priorizar y gastar nuestros impuestos en actividades básicas, como la educación ”, escribe el Presidente de la Junta Municipal, Christian Sonesson, en Facebook.
El periódico Sydsvenskan entrevista a una madre cuyos hijos no comen carne de cerdo por razones religiosas. Ella dice que la propuesta envía el mensaje de que no todos son bienvenidos a Staffanstorp. «No tengo nada en contra de la comida vegetariana, pero no se trata de comida, sino de política y humanitarismo», dice.
Åsa Ekstrand, presidente de la Junta de Educación, niega que esto sea una discriminación contra ciertas religiones. “Hay otros grupos aparte de los musulmanes que no comen carne de cerdo y la decisión también se aplica a ellos. Y cualquiera puede comer la opción vegetariana «, dice.
De acuerdo con el programa de acción que los moderados y los demócratas suecos han desarrollado para el período 2019 – 2022, las actividades de la municipalidad deben estar libres de «requisitos culturales especiales». “Por ejemplo, horas separadas de natación o similares. Y las actividades del municipio también deben estar libres de expresiones religiosas, como el sacrificio ritual de carne ”, afirma la Junta Municipal.
(La Gaceta Europea)
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
