Sucesos
Una decena de menores agrede y roba a un joven a la salida del metro de Arturo Soria
Una decena de menores agredió el pasado domingo por la noche a un joven para robarle el teléfono móvil. Los hechos tuvieron lugar minutos antes de las 22.30 horas a la salida de la boca de Metro de Arturo Soria (calle de Ulises, 1), cuando el grupo de atacantes acorraló a su víctima propinándole puñetazos y patadas hasta hacerla caer al suelo con la cara llena de sangre. Pese a lo aparatoso de los golpes, fuentes de Emergencias Madrid confirmaron ayer a este periódico que los sanitarios del Samur atendieron a dos personas aquejadas de contusiones menores, sin necesitar ninguna traslado hospitalario. Se investiga quién es el segundo herido y si los autores del asalto, que huyeron a la carrera, pertenecen al Centro de Primera Acogida de Hortaleza, ocupado en su mayor parte por menores extranjeros no acompañados (menas).
La lejanía de la residencia, no obstante, coloca también en el punto de mira al Centro de Adaptación Cultural y Social Manzanares (Arturo Soria, 124), que acoge a otro reducido grupo de adolescentes en situación de desamparo. Esta agresión se produjo solo horas después de que parte del vecindario de Hortaleza, arropados por miembros de grupos de extrema izquierda, se manifestara a las puertas del centro de acogida en repulsa por el hallazgo de una granada en el patio, lanzada desde el exterior del recinto.
Por si fuera poco, ese mismo día, la fachada de la sede de Hortaleza Boxing Crew, el club de boxeo de la Unidad de Absorción Vecinal (UVA) de Hortaleza –conocido en la zona por ayudar a través del deportes a varios de estos adolescentes–, amaneció con pintadas amenazantes. Este ataque es el segundo que sufre el espacio tras el ocurrido a principios de octubre, solo un día después de hacerse público un vídeo en el que dos hombres enmascarados y armados con remos golpean sin mediar provocación a dos jóvenes, de apariencia magrebí, en una parada de autobús cercana. Al igual que en aquella ocasión, los radicales volvieron a vandalizar la fachada con el lema «Todos remamos juntos», amén de insultos y dos banderas de España pintadas encima del mural que adornaba el local.
El clima de tensión ha motivado un agrio enfrentamiento entre partidarios y detractores de los menores, criticados duramente por Vox y situados en la diana de determinados grupúsculos ultraderechistas. Un sector del barrio lleva años quejándose de los «continuos robos y agresiones» cometidos por algunos de los internos en las inmediaciones de las paradas de Metro de Hortaleza, Pinar del Rey o Mar de Cristal. Otros residentes, en cambio, sostienen que los adolescentes malviven en condiciones de hacinamiento y culpan a la Comunidad de Madrid –responsable directo del centro– de no haber frenado a tiempo la encrucijada actual. Una situación límite que, a tenor de los últimos acontecimientos, está muy lejos de remitir.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
