Sucesos
Una madre mata supuestamente a sus dos hijas en su casa de Gerona e intenta suicidarse tirándose a la AP-7
Los Mossos d’Esquadra investigan la muerte violenta de dos niñas menores de edad en Vilobí d’Onyar (Gerona), presuntamente a manos de su madre. Los cadáveres de las dos jóvenes, que tenían 5 y 7 años, han aparecido este viernes en el domicilio familiar.
Según han confirmado algunas fuentes, la madre ha intentado quitarse la vida en la autopista AP-7 a su paso por Salt (Gerona), donde ha quedado herida aunque sigue con vida. Algunas fuentes hablan de que ha intentado suicidarse arrojándose por un puente y ha sido atropellada por un camión.
Como consecuencia de ello, dos carriles de la vía rápida en sentido a Francia han quedado temporalmente cortados, lo que ha provocado algunas retenciones. La madre ha sido trasladada en helicóptero medicalizado al Hospital Josep Trueta de Girona, donde permanece en estado crítico.
Según fuentes próximas a la investigación, ha sido el padre quien ha encontrado los cuerpos de las pequeñas con evidentes señales de violencia en el piso familiar, situado en el núcleo urbano de Salitja, perteneciente a Vilobí d’Onyar.
La policía catalana ha abierto una investigación para analizarlas circunstancias del suceso y confirmar, entre otros aspectos, si la progenitora tiene relación directa con las muertes.
Asimismo, el Ayuntamiento de Vilobí d’Onyar (Gerona) ha decretado este viernes tres días de luto tras el hallazgo de dos niñas muertas . En declaraciones a Europa Press, la concejal Sandra Ros ha explicado que el consistorio también ha convocado una concentración el sábado a las 11 horas en señal de rechazo a los hechos.
El Ayuntamiento no tiene constancia de denuncias previas, ni los servicios sociales habían sido alertados de ninguna problemática en la familia, empadronada en el municipio desde 2014, que estaba formada por el padre, la madre y las niñas, y convivían en una misma casa en la carretera de Caldes, en el núcleo de Salitja.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
