Sucesos
Una joven de 20 años, agredida sexualmente en las fiestas Colombinas de Huelva
Una joven de 20 años, natural de un pueblo de Sevilla, ha denunciado haber sido objeto de una agresión sexual durante las Fiestas Colombinas de Huelva, hechos por los que se ha detenido a J.N.D.M., de 25 años y nacionalidad dominicana, que ya ingresado en prisión por orden judicial.
Los hechos tuvieron lugar en la madrugada de ayer jueves en las inmediaciones del recinto donde desde el pasado martes se celebran las fiestas grandes de la capital onubense.
La joven, según fuentes de la investigación consultadas por Efe, fue encontrada por unos viandantes la madrugada de este jueves malherida en la calle Sabino Negral, en una zona de arboleda ubicada tras las zonas donde están instaladas las hamburgueserías de dicho recinto.
Estos alertaron a la Policía Local, cuyos agentes se personaron en la zona y prestaron una primera atención a la joven que fue trasladada al hospital Juan Ramón Jiménez de Huelva para valoración, interponiendo con posterioridad la correspondiente denuncia por los hechos ante la Policía Nacional.
El presunto agresor, de nacionalidad dominicana, fue detenido sobre las siete de la mañana y trasladado por los agentes de la Policía Local a la comisaría de la Policía Nacional, bajo cuya custodia quedó hasta que por la tarde pasó a disposición judicial del Juzgado de Instrucción número 4 de Huelva, en funciones de guardia.
El juez ha decretado su ingreso en prisión provisional comunicada y sin fianza y le investiga por un presunto delito de agresión sexual; la causa por estos hechos la llevará el Juzgado de Instrucción número 3 de Huelva, según ha informado el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA).
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
