Europa
Una organización «de ayuda humanitaria» en Grecia está traficando con personas

Por Maria Polizoidou.- El 28 de agosto, treinta miembros de la ONG griega Emergency Response Centre International (ERCI) fueron arrestados por su implicación en una red de tráfico de personas que ha estado operando en la isla de Lesbos desde 2015. Según un comunicado hecho público por la policía griega, fruto de la investigación que condujo a los arrestos, «las actividades de una red de crimen organizado que facilitó sistemáticamente la entrada ilegal de extranjeros salió plenamente a la luz».
Entre las actividades descubiertas estaban la falsificación, el espionaje y la vigilancia ilegal de la guardia costera griega y la agencia de fronteras de la UE, Frontex, con el propósito de obtener información confidencial sobre el flujo de refugiados turcos. La investigación también condujo al descubrimiento de otros seis griegos y 24 ciudadanos extranjeros implicados en el caso.
ERCI se describe a sí misma así:
«Una organización sin ánimo de lucro griega que provee atención de emergencias y ayuda humanitaria en tiempos de crisis. La filosofía de ERCI es identificar las carencias en la ayuda humanitaria e intervenir para ayudar de la manera más eficiente y eficaz posible. Actualmente, ERCI tiene cuatro programas activos para trabajar con los refugiados en Grecia en las áreas de Búsqueda y Rescate, Medicina, Educación y Coordinación en los Campos de Refugiados».
A pesar de su declaración de objetivos y su perfil no lucrativo, ERCI, según las autoridades griegas, ha ganado considerables sumas de dinero al servir como conducto para las actividades ilegales. ERCI recibió 2.000 euros de cada inmigrante ilegal que ayudó a entrar en Grecia. Además, sus miembros crearon un negocio para «integrar a los refugiados» en la sociedad griega, asegurándoles 5.000 euros por inmigrante procedentes de varios programas gubernamentales (en educación, vivienda y nutrición).
ERCI ha sido cómplice, según las informaciones, de la entrada ilegal en Grecia de 70.000 inmigrantes desde 2015, lo que le ha hecho ganar a la organización «sin ánimo de lucro» 500.000 millones de euros al año.
Esta revelación, sin embargo, no empieza ni a cubrir el alcance de las actividades ilegales que rodean la entrada de los inmigrantes en Grecia. En 2017, por ejemplo, las autoridades griegas arrestaron a 1.399 traficantes de personas, algunos de los cuales operaban bajo la cobertura de las operaciones «humanitarias»; y en los primeros cuatro meses de 2018, las autoridades han arrestado a 25.594 inmigrantes ilegales.
Más preocupante que el exorbitante precio pagado a los traficantes de personas por los propios inmigrantes –o cobrados del Gobierno griego en forma de ayudas a la integración– es el peaje que la situación está cobrando a la sociedad griega en su conjunto.
Según las estadísticas de la policía griega, hubo 75.707 denuncias de atracos y robos en 2017. De ellos, sólo se resolvieron 15.048 casos, y 4.207 fueron perpetrados por extranjeros. Además, la policía calcula que más del 40% de los delitos graves fueron perpetrados por inmigrantes ilegales. (Los inmigrantes legales e ilegales suponen entre el 10 y el 15% de la población total de Grecia).
En 2016, en las cárceles griegas había 4.246 griegos y 5.221 extranjeros condenados por delitos graves: 336 por homicidio, 101 por intento de homicidio, 77 por violación y 635 por robo. Además, miles de casos siguen pendientes de juicio.
En un reciente y desgarrador caso ocurrido el 15 de agosto, un estudiante universitario de 25 años y de Atenas –que había ido a casa de visita desde su universidad en Escocia– fue asesinado por tres inmigrantes ilegales mientras estaba enseñándole la ciudad a una amiga de Portugal.
Los tres atacantes, dos pakistaníes y un iraquí con edades comprendidas entre los 17 y los 28 años, dijeron a la policía que primero atacaron a la mujer, para robarle el dinero, las tarjetas de crédito, un pasaporte y el teléfono móvil del bolos, pero después se dieron cuenta de que su móvil era «antiguo», y fueron a quitarle el móvil al hombre, al que amenazaron con un cuchillo. Cuando intentó repelerlos, dijeron en su confesión, lo empujaron y cayó por un barranco y murió. Tras el interrogatorio, trascendió que los tres asesinos estaban buscados por diez robos más en la zona.
En una indignada carta al primer ministro griego, Alexis Tsipras, los miembros del Parlamento el alcalde de Atenas y la madre de la víctima acusaron a Tsipras de «negligencia criminal» y «complicidad» en el asesinato de su hijo:
En lugar de dar la bienvenida y proveer «tierra y agua» a cada criminal e individuo peligroso con instintos salvajes –escribió–, ¿no debería el Estado pensar primero en la seguridad de sus propios ciudadanos, cuya sangre se bebe a diario [económicamente]? [¿Debe el Estado] abandonar [a sus ciudadanos] ante las bandas hambrientas, para las cuales una vida humana vale menos que un teléfono móvil o una cadena de oro?
Aunque estas eran las palabras de una madre de luto, son sentimientos ampliamente compartidos y expresados en toda Grecia, donde este tipo de incidentes son cada vez más comunes.
El 29 de agosto, dos semanas después de ese asesinato, seis inmigrantes agredieron verbalmente en el norte de Grecia a un hombre de 52 años por la calle, aparentemente sin motivo. Cuando los ignoró y siguió andando, uno de ellos lo apuñaló en el hombro con una navaja de 24 cm., y el hombre tuvo que ingresar en un hospital.
Dos días antes, el 27 de agosto, unos cien inmigrantes, que protestaban por las condiciones de vida en su campo en Malakasa, bloquearon la autopista nacional durante más de tres horas. Los conductores atrapados en la carretera dijeron que algunos tenían una actitud violenta, y que empezaron a golpear los coches con bloques de madera. Para agravar las cosas, la policía allí presente dijo que no había recibido instrucciones del Ministerio de Protección Ciudadana de despejar la autopista o proteger a las víctimas. Gatestone pudo saber, tras sus posteriores consultas, que no hubo un comunicado oficial de la policía o el Ministerio, sólo las declaraciones de los conductores.
Cuando el Gobierno de Grecia parece completamente perdido y no sabe cómo manejar esta crisis migratoria y salvaguardar la seguridad de sus ciudadanos, resulta particularmente desolador descubrir que la gran ONG, cuyo mandato es proveer ayuda humanitaria a los inmigrantes, se está aprovechando de su tráfico con ellos. El reciente arresto de los miembros de ERCI subraya la necesidad de escudriñas a todas estas organizaciones.
España
Lo único bueno que nos trae Europa: retuercen el brazo a Sánchez para aumentar el gasto en Defensa

El portaaeronaves Juan Carlos I se renueva con 50 equipos para su nueva propulsión y 35.000 metros de cableado
La gran revisión del buque insignia ha movilizado a más de 300 profesionales y cerca de 40 empresas especializadas
Tras casi cuatro meses de trabajos, el buque insignia a L-61 Juan Carlos I estará puesto a flote este lunes 10 de noviembre, antes de iniciar las pruebas de mar previstas para la primera quincena de diciembre, según ha informado la Armada española.
El proyecto, uno de los más relevantes desde la entrega del buque a la Armada en 2010, ha movilizado a más de 300 profesionales y cerca de 40 empresas especializadas , reflejando la magnitud técnica y humana de la actuación. Los trabajos comenzaron el 17 de julio, con la entrada del buque en dique seco , y han incluido actuaciones críticas para garantizar su operatividad durante la próxima década.
El punto central de la modernización ha sido el reemplazo completo del sistema de propulsión, un proceso de alta complejidad que permitirá optimizar el rendimiento energético del buque. Se han desmontado los Pods existentes, desinstalado 48 equipos del sistema anterior e instalado 50 nuevos equipos para sustituir su propulsión de última generación.
El proyecto ha implicado el tendido y conectado de más de 35.000 metros de cableado —tanto de fuerza como de control— y la reutilización y reconexión de otros 31.000 metros ya existentes. Estas tareas aseguran la integración total del nuevo sistema y su compatibilidad con los sistemas eléctricos y de control del buque.
La inmovilización ha incluido un programa de trabajos de varada de gran envergadura: tratamiento de superficies del casco y la superestructura, revisión de hélices transversales, estabilizadores, anclas y cadenas, y la renovación de ánodos y sistemas de protección catódica (ICCP) . También se ha intervenido en el sistema antiincrustante MGPS, se han sustituido o revisado más de 200 válvulas de fondo y se han limpiado y pintado casi 80 tanques y sentinas.
Entre las labores más complejas destacan también las de mantenimiento de los grupos generadores diésel, que han sido sometidas a un «overhaul» completo para garantizar la confiabilidad y disponibilidad necesarias para alimentar los nuevos sistemas de propulsión.
Modernización total
El capitán de corbeta Héctor Arias Macías, jefe de Máquinas del buque, ha subrayado la importancia técnica y humana del proyecto: «La modernización efectuada en el buque se traduce en una mayor confiabilidad de los sistemas y en una mejora sustancial de las condiciones de vida a bordo».
Según explica, las mejoras en habitabilidad se reflejarán en «las zonas de esparcimiento, aseos y cocinas, que se han renovado por completo junto con las cámaras frigoríficas». Arias ha destacado además «la empatía y profesionalidad con la que todo el personal y las empresas implicadas han afrontado el proyecto», y ha reconocido que «ver al buque de nuevo a flote, tras cuatro meses en dique seco, listo para la siguiente misión, nos llena de orgullo e ilusión».

Imagen del L-61 al frente de un grupo naval. Armada Española
Por su parte, Joaquín Pery Bohórquez, jefe de programa de Navantia, ha subrayado «la magnitud de esta inmovilización, tanto en términos de empleo en la Bahía de Cádiz, como en el trabajo conjunto con la Armada para garantizar la plena operatividad del buque y la mejora de la habitabilidad para la tripulación».
Pery ha destacado que «han sido meses de intenso trabajo en los que Navantia se ha involucrado para entregar a tiempo y con la calidad que la Armada requiere», en una actuación que consolida la experiencia del astillero gaditano en el mantenimiento de grandes unidades navales.
El Juan Carlos I, puesto en servicio en 2010, es el buque de mayor tamaño y capacidad de la Armada Española, con una eslora de 231 metros, una cubierta de vuelo apta para aviones AV-8B Harrier II Plus y helicópteros, y capacidad para transportar un batallón completo de Infantería de Marina con sus vehículos y equipos.
Con esta modernización, el buque insignia de la Armada refuerza su papel como plataforma estratégica de proyección anfibia y aérea, preparada para afrontar las nuevas misiones nacionales e internacionales que le sean encomendadas.







Ramiro
07/07/2019 at 13:38
Una buena parte de las ONGs son así. ¡Y algunas peor! Como decía el señor Sánchez Dragó, en España el que está en el paro es porque quiere… ¡Con lo fácil que es montar una ONG, y vivir de las subvenciones, ponerse nómina y sueldo, etc! Como dicen en mi pueblo, a costa de los tontos, viven los listos. Y MUY BIEN, ADEMÁS.
Ramiro
23/10/2018 at 17:45
Una buena parte de las ONGs son así. ¡Y algunas peor! Como decía el señor Sánchez Dragó, en España el que está en el paro es porque quiere… ¡Con lo fácil que es montar una ONG, y vivir de las subvenciones, ponerse nómina y sueldo, etc! Como dicen en mi pueblo, a costa de los tontos, viven los listos. Y MUY BIEN, ADEMÁS.