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(VIDEO) GUARDIA CIVIL: De «El Honor es mi divisa» hemos pasado a «¿El Honor? Ni se divisa»

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(Arriba: Terrible imagen para la historia: la explanada Del Valle de los Caídos tomada por antidisturbios de la Guardia Civil)

Con profunda tristeza, y lágrimas en los ojos, no podemos dejar de informar de lo acontecido: los mandos de la Guardia Civil, el Benemérito Instituto, establecido por el Duque de Ahumada, ha olvidado su código de honor. Lo ha olvidado y, lo que es peor, lo ha mancillado y lo ha destruido.

Quiero en este momento citar las Inmortales palabras de una homilía del Padre Calvo, que ilustra con La Luz cegadora de la Verdad lo que queremos expresar:

Sin embargo, tanto la obediencia como la disciplina tienen un límite: El límite de la obediencia es la conciencia y el límite de la disciplina es el honor. La conciencia es la facultad de decidir y hacerse actor y autor de los propios actos y responsable de las consecuencias que de ellos se siguen, según la percepción del bien y del mal -la moral- que sólo ofrecen los Diez Mandamientos de Dios. De modo semejante se expresan vuestras ordenanzas: El mayor prestigio y fuerza moral de la Guardia Civil es su primer elemento; y asegurar la moralidad de sus individuos la base fundamental de la existencia de esta institución (Cartilla de la Guardia Civil. Cap. 1, Art.2). El honor es pues la cualidad moral que impulsa a un militar a actuar rectamente, cumpliendo su deber y de acuerdo con la moral. Especialmente para vosotros, miembros del Benemérito Instituto: El honor ha de ser la principal divisa del Guardia Civil; debe por consiguiente conservarlo sin mancha. Una vez perdido no se recobra jamás (Ibid. Cap. 1, Art. 1).

[…]

En ninguna circunstancia el mando o superior jerárquico tiene derecho a mandar algo que vaya contra el honor o contra la propia conciencia. Un obispo no tiene derecho a mandar nada que esté contra la voluntad o la Ley del buen Dios, nada que sea pecado, aunque este sea insignificante (cf. S. Maximiliano Kolbe. Cartas). Un mando militar no tiene derecho a mandar a sus subordinados nada que vaya contra la verdad, el bien, y la justicia más elemental, la cual está por encima de todas las leyes positivas.

Y si el superior jerárquico pudiera llegar a hacerlo en algún momento, tenemos la grave obligación de dejarnos guiar por el honor y la conciencia, antes que obrar la injusticia. Si lo hubiésemos hecho siempre así, hubiésemos evitado a la Santa Iglesia y a nuestra España tristes y dolorosos fracasos.

 

Por todo lo anterior, no queda sino taparnos el rostro con las manos, y lamentar que haya sido nuestra cobardía -la de TODOS los españoles- la que nos ha traído a esta situación. No nos engañemos: no culpemos a Pedro Sánchez, a Rajoy, o al Rey. Los culpables somos NOSOTROS, porque NOSOTROS hemos consentido que la situación llegara a estos extremos. Nosotros, con nuestro cómodo sofá, con nuestro fútbol, con nuestro alcohol, presumiendo de ser el país Europeo que más cocaína consume. Precioso y perfecto: esto es lo que somos, y esto es lo que merecemos. Mas, no es TODO lo que merecemos, pues aún nos esperan mayores y peores humillaciones porque hemos delegado en nuestros abyectos gobernantes el control de nuestra moral, nuestros principios y nuestro honor. Somos niños malcriados que se hacen sus necesidades encima por pura dejadez; que comen con las manos por pura desidia. Somos monstruos deformes: somos, todos los españoles, en fin, unos cobardes.

¿Conocen el nombre de al menos, UN HOMBRE valiente, con honor, principios, moral y gallardía? YO SI. Se llama D. Santiago Cantera. Y es el Prior de la Abadía Del Valle de los Caídos. El español más valiente vivo. Sin el menor género de duda. Un hombre admirable; un ejemplo a seguir. No lo olviden… porque el enemigo no va a olvidarse de el. 

Como consuelo, les ofrecemos en este vídeo las imágenes de algunos individuos que, siendo la excepción que confirma la regla, son héroes abandonados por sus conciudadanos -NOSOTROS- por sus parientes -NOSOTROS- por sus camaradas. Están solos. Y así seguirán. Porque no tenemos el valor de hacer lo que hacen ellos: les despreciamos y les apellidamos de tontos, fanáticos, exaltados.

Pero ellos son héroes. Y nosotros no somos nada. Una nada podrida. Eso es lo que somos, queridos compatriotas españoles. NADA.

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España

Se les acaba la alfalfa en el pesebre. Por Jesús Salamanca Alonso

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.«Es un hecho que la afiliación sindical ha descendido del año 2000 para acá; son los sectores de servicios los que acaparan mayor afiliación: educación, biblioteca, etc. Hoy no supera el 12-13% y bajando, según la OCDE»

El pesebre sindical se va quedando sin alfalfa. Al sindicalismo en desuso, consagrado casta y de buen vivir se le acaban los haces de alfalfa como a los aviones de ciertos países, que se van quedando sin queroseno de reserva. Sea por improvisación de los Gobiernos, mala gestión de las políticas o simplemente la conflagración de una guerra inesperada, el caso es que quienes comían ya no comen, al igual que los que vivían del lujo, malgastando fondos de la Junta de Andalucía o del Fondo europeo ya no vive igual y comprueba como Anticorrupción, la UCO o Hacienda le tienden trampas. Algunas iguales a las que tienden a los contribuyentes, que ponerlas las ponen.

Hacienda, la UCO y la Fiscalía Anticorrupción lleven a cabo una investigación en profundidad sobre la opacidad del patrimonio sindical y, en algunos casos, el de los líderes que llevan años enclaustrados con tumbona, porrón, cacahuetes y naipes de ocio alargado. Algunas sanciones a esos sindicatos machistas, privilegiados y casta se han pagado con patrimonio sindical, cuando las sanciones han sido aplicadas por la mala gestión efectuada. No echen en saco roto cómo uno de esos sindicatos amamantado por el Erario Público pagaba a su gente viajes al Caribe con cargo de los fondos que recibía de la Junta de Andalucía. Investiguen, investiguen, verán como no es necesario que me retracte.

Durante muchos años han vivido de los presupuestos y del dinero público. Ahora parece que el grifo se queda sin agua o tiene fugas por otros sitios. Grifo sin agua y vaca sin leche ya se sabe. Han tirado tanto de la ubre que no da más de sí. Están obligados a pedir perdón a los trabajadores por usos y representación fraudulenta. En España, entre los trabajadores de 25 a 44 años, está afiliado a un sindicato el 18% de los empleados a tiempo completo. Parece que ese porcentaje desciende al 10% entre los trabajadores que trabajan parcial. Es un hecho que la afiliación sindical ha descendido del año 2000 para acá; son los sectores de servicios los que acaparan mayor afiliación: educación, biblioteca, etc. Hoy no supera el 12-13% y bajando, según la OCDE.

«Más allá de su función institucional (…), el grado en que los trabajadores deciden afiliarse a un sindicato refleja su nivel de identificación con estas organizaciones y la capacidad de éstas para atraer y retener nuevos miembros. En los últimos años, diversos estudios han señalado un proceso de debilitamiento de la afiliación sindical en muchas economías avanzadas, especialmente entre los trabajadores más jóvenes y aquellos con trayectorias laborales más inestables». Eso se debe a una transformación estructural del mercado de trabajo, el aumento de la temporalidad y una mayor rotación en el empleo, así como por los cambios habidos en las relaciones laborales.

El nivel de identificación en España con este tipo de organizaciones no supera el cuatro por ciento. Están obligados a cambiar su estructuración, su dedicación al afiliado o usuario y a un aumento de las exigencias para la mejora de sus servicios. El gran logro del siglo XXI se habrá alcanzado cuando aprendan a mantenerse con sus propios presupuestos para ganar independencia respecto al Estado. Ahora es ese momento: vivir de sus afiliados y mantener sedes y servicios de ellos, ajenos al Estado y a las empresas. «Han vivido del robo y la venta de los trabajadores y se han dado lujos de los que se privaban los trabajadores: mariscadas, vicios mayores, orgías a destiempo, etc.», dice E. San Román, afiliado hasta su desengaño.

Ahora empezarán las huelgas que llevan años sin hacer porque, estando lleno el buche, no dan ganas de algaradas ni de quema de contenedores. Les interesan más sus intereses y llenar sus bolsillos que las necesidades de los trabajadores. Movilizaciones las llaman, pero solo recurren a ellas si les tocan el bolsillo. ¡Vividores a trabajar! Castilla y León se han comprometido a quitar las subvenciones a los sindicatos y a enseñarlos a vivir de lo que generen. Ya lo hizo en la legislatura anterior, pero solo mientras VOX permaneció en el Gobierno. Si se ha hecho en casi todos los países, ¿por qué en España seguimos sin evolucionar, pringados en naftalina y con estructuras sindicales anquilosadas? A Alfonso Fernández Mañueco le hemos dado un plazo prudencial para cerrar el grifo de las subvenciones inútiles, que las hay, y muchas. Si no lo lleva a cabo tendrá que soportar movilizaciones de la ciudadanía que produce y si no, al tiempo.

Mientras este tipo de sindicatos no cambie y se modernice, solo merecen patatas cocidas (marraneras) y no tantas gambas. ¡Ya está bien de fiestas! Para el 1º de mayo ya está organizado el comité de seguimiento para comprobar cómo desciende el «montante gambeto» de España. Contabilicemos gambas y liberados.

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