Sociedad
Voto en blanco, voto nulo o abstención: ¿a quién beneficia cada uno?
La insatisfacción con el sistema electoral actual unido al desencanto con las opciones políticas son las principales motivaciones de los ciudadanos para hacer uso del voto en blanco o nulo, si bien es cierto que en muchos casos se confunde su significado.
¿A quién beneficia el voto en blanco?
Un voto en blanco es un sobre que no contiene papeleta y, en el caso del Senado, es también la papeleta en la que no se ha marcado ningún candidato.
Aunque no es cierta la leyenda de que los votos en blanco favorecen a la lista más votada, tampoco son inocuos, ya que se contabilizan como válidos.
Pueden así influir en las posibilidades que tienen las listas con menos respaldo de acceder al reparto de escaños, ya que la legislación electoral establece que es necesario superar el 3% de los votos válidos.
El voto en blanco ha tenido siempre más éxito en los comicios municipales que en las elecciones a Cortes, a tenor de los datos oficiales del Ministerio del Interior. De hecho, el voto en blanco alcanzó su cota más alta en España el 22 de mayo de 2011 en las elecciones municipales y autonómicas cuando cerca de 600.000 españoles (584.469 votantes) siguieron esta opción.
En general se interpreta el voto en blanco como una muestra de descontento hacia la clase política, a la par que una expresión de respaldo al sistema democrático; pero los sociólogos también reconocen que es una tendencia que acoge a una tipología muy diversa de electores.
¿Qué se considera un voto nulo?
El voto nulo suele estar motivado por errores o decisión política intencionada.
De las elecciones nacionales celebradas en la democracia, fueron las generales de 1982 las que registraron mayor porcentaje de votos nulos, el 1,95% de los sufragios. Es nulo el voto emitido en sobre diferente del modelo oficial o alterado; o papeleta diferente del modelo oficial, alterada, rota o rasgada; así como el emitido en papeleta sin sobre.
La ley también considera nulo el voto en el que no se pueda dilucidar la voluntad del elector, como por ejemplo el que contenga en un sobre más de una papeleta de distinta candidatura.
En el supuesto de que el sobre de votación contenga más de una papeleta de la misma candidatura, se computará como un solo voto válido.
¿Qué significa la abstención?
La abstención es simplemente no ir a votar ni, lógicamente, introducir ningún voto. Al no haber voto, éste no se suma y no afecta a los resultados. Sobre el significado de la abstención, en este caso es mucho más difuso, pues no se sabe por qué la persona no ha ido: si es por indiferencia, descontento con el sistema electoral, enfermedad, etcétera.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
