España
VOX culpa al Vicepresidente comunista Pablo Iglesias de la muerte y abandono de más de 20.000 ancianos y solicita al Defensor del Pueblo «investigar el geratricidio»
«El vicepresidente del Gobierno es el responsable de la gestión de las residencias de ancianos desde el mes de marzo».
Así de contundente se ha mostrado este martes la formación liderada por Santiago Abascal en contra de la gestión del líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, durante la pandemia.
Vox recuerda que el pasado 19 de marzo el vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias, compareció ante los medios de comunicación para anunciar la creación de un «escudo social» y ponerse al frente de la gestión de las residencias de ancianos, hasta ese momento competencia de las Comunidades Autónomas.
Iglesias decretó la medicalización de las residencias por parte del Gobierno y asumió la responsabilidad de la entrega del material de protección: «Ya estamos trabajando con el Ministerio de Sanidad para que estos equipos lleguen cuanto antes».
«La inacción de Iglesias ha provocado la muerte de más de 20.000 ancianos en sus residencias, en soledad, sin poder despedirse de sus familias y sin recibir una atención sanitaria digna», lamentan desde Vox.
Además, señalan que «la gestión criminal del vicepresidente del Gobierno choca con su hipocresía cuando, en una entrevista en televisión, enarbolaba la bandera de la justicia social frente al desastre de las residencias«.
«La realidad es que Iglesias conocía de primera mano lo que estaba ocurriendo con nuestros mayores», sostiene la formación liderada por Santiago Abascal. «Las residencias privadas y religiosas han informado a diario a los ayuntamientos, a las comunidades y a las delegaciones del Gobierno, que eran las encargadas de enviar a la UME», confirman desde el Círculo Empresarial de Atención a Personas (CEAPs), la patronal de las residencias de ancianos.
Misiva al Defensor del Pueblo
Rocío Monasterio, portavoz de Vox en la Asamblea de Madrid, ha enviado una misiva al Defensor del Pueblo solicitando que se abra una investigación «sobre el geriatricidio que ha tenido lugar en las residencias de ancianos».
En la carta, Vox solicita que requiera al Gobierno regional a que tome «las medidas oportunas para esclarecer lo sucedido, depurar responsabilidades y hacer un informe que se haga público y contenga los resultado de dichas investigaciones».
«Nos consta por fuentes oficiales que, en los tres últimos meses, más de 5.900 residentes han fallecido con covid-19 confirmado o con sintomatología compatible con el virus. Son el 31% del total de muertes por la enfermedad en geriátricos de toda España (19.000 ancianos fallecidos en residencias para la tercera edad, a 24 de mayo 2020). Y ello a pesar de que en la región sólo están el 13,5% de las plazas residenciales –51.582 de un total de 381.158 plazas repartidas en toda España–, según los últimos datos del Imserso correspondientes a 2018 y elaborados con la información que facilitan las propias comunidades. La desproporción entre ambos porcentajes es enorme: los geriátricos madrileños tienen el 13% de las plazas residenciales de toda España y acumulan el 31% de los fallecidos en este tipo de centros. No es ya una cuestión de mero control parlamentario al Gobierno de la Comunidad: creemos estar ante una vulneración de los derechos y la dignidad de nuestros mayores y de sus familias», recoge el escrito.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
