España
Vox no apoyará la prórroga del estado de alarma mientras Sánchez no dimita: «Este Gobierno condena a muerte a nuestros mayores»
Vox ha dejado claro que no apoyará en el Congreso la prórroga del estado de alarma por el coronavirus mientras no se produzca la dimisión en bloque del Gobierno de Pedro Sánchez, aunque no ha anticipado si en el Pleno del jueves votará en contra o se abstendrá ante la autorización solicitada hasta el 26 de abril.
En la rueda de prensa que ha ofrecido de forma telemática el portavoz del Comité de Acción Política del partido, Jorge Buxadé, el eurodiputado ha dejado claro que la única manera de que Vox apoye la nueva prórroga del estado de alarma «pasa por el cese del Gobierno» de PSOE y Unidas Podemos.
En este punto, ha insistido en que todo el Gabinete debe dejar sus puestos y dar paso a un Ejecutivo de emergencia nacional que desarrolle la propuesta que su formación puso sobre la mesa la semana pasada, destinada a atajar la propagación del virus y aprobar un plan económico que garantice le pago de los sueldos a todos los trabajadores por cuenta ajena y autónomos «a los que se les ha prohibido trabajar». [SIGUE MÁS ABAJO]
Buxadé se ha mostrado convencido de que la ciudadanía comprenderá la posición que defenderá Vox el próximo jueves, cuando el Pleno del Congreso, vote y debata la ampliación de la alarma por otros 15 días. A su juicio, los españoles son conscientes de que los de Santiago Abascal han sido «leales» al Gobierno mientras ha tomado decisiones «ajustadas a la realidad», pero ya no puede seguir siéndolo. [SIGUE MÁS ABAJO]
Y es que, según su análisis, ajustarse a la realidad implicar mantener medidas de protección sanitaria, pero no utilizar la declaración de alarma «para vulnerar derechos y libertades de los españoles, amordazar al Congreso o silenciar a los medios de comunicación».
EL GOBIERNO ES UNA AMENAZA
En este contexto, ha denunciado que Sánchez tardó sólo 48 horas en modificar las condiciones de la alarma tras recibir el aval del Congreso para la primera prórroga y también ha acusado al presidente de trasladar «información errónea» a Abascal y a todos los españoles «en las homilías laicas» que, a su juicio, lanza todos los sábados desde La Moncloa.
«España no se puede permitir ni un minuto más con este Gobierno ineficaz que condena a muerte a nuestros mayores y que es una amenaza para la salud y el bienestar de los españoles», ha sentenciado.
TRILERO Y ANTIDEMOCRÁTICO
En este punto, ha rechazado la llamada a la «unidad de acción» realizada por Sánchez apelando a una especie de reedición de los Pactos de La Moncloa y ha calificado al Gobierno de «trilero y directamente antidemocrático».
Por último, Buxadé ha defendido la decisión de los diputados de Vox de volver a sus despachos del Congreso. «Es su obligación y su responsabilidad, el estado de alarma no puede afectar al normal funcionamiento de las instituciones del Estado», ha insistido.
Aunque no ha concretado cuántos de los 52 diputados de su grupo parlamentario se han incorporado físicamente a sus puestos en la Carrera de San Jerónimo, sí ha garantizado que todos los que han ido están «cumpliendo con los protocolos sanitarios» utilizando material de protección como guantes y mascarillas y guardando las distancias de seguridad.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
