España
… Y el Gobierno responde a Torra que «no acepta ultimatums», aunque le ofrece diálogo
La portavoz del Gobierno y ministra de Educación, Isabel Celaá, ha respondido hoy al presidente de la Generalitat, Joaquím Torra, que el Ejecutivo «no acepta ultimatums» y rechaza el referéndum de autodeterminación que éste ha reclamado esta tarde en el Parlamento catalán, aunque mantiene abierta la puerta del diálogo con los separatistas.
Celaá ha respondido así a la advertencia de Torra de que retirará su apoyo al Gobierno de Pedro Sánchez si no plantea un referéndum de autodeterminación antes de un mes.
«El presidente de la Generalitat no tiene que esperar a noviembre para recibir una respuesta», ha precisado la portavoz del Gobierno para acto seguido dejar claro que la respuesta del Ejecutivo es «autogobierno y convivencia» frente a la independencia.
No al 155, de momento
Por otra parte, Celaá, ha asegurado que el Gobierno no aplicará el artículo 155 de la Constitución en Cataluña «mientras no haya razones evidentes para aplicarlo», una cuestión que -ha dicho- no se ha producido.
«Entre el salto al vacío y el 155 perpetuo está la convivencia que demanda el Gobierno de España», ha dicho la portavoz del Ejecutivo tras emplazar a rebajar la crispación.
Después de que el presidente del Gobierno advirtiera de que si los partidos que le apoyan, entre ellos los independentistas, priorizan el conflicto a la cooperación se podría «ir a elecciones y acabar la legislatura», Celaá ha afirmado hoy que «el Gobierno va a seguir determinado en su acción de Gobierno, que es definitiva».
La portavoz ha garantizado que el Ejecutivo va a continuar con todos los recursos abiertos para el diálogo» y para «superar el conflicto en Cataluña», si bien ha admitido que «no parece que el señor Torra esté orientándose a la cooperación hoy, hoy», ha repetido la ministra.
Pese a ello, Celaá ha defendido que existe un «enorme terreno» para el diálogo y los acuerdos y es ahí donde se sitúa el Gobierno con la convicción de que es lo que demandan los catalanes y la sociedad española.
Según Celaá, el Gobierno está demostrando su voluntad de «tender puentes y construir concordia» y el independentismo debe asumir su responsabilidad, que es «gobernar, no gesticular» y «no volver a caminos que conducen a la frustración».
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
