Internacional
100 días de Biden en el poder: crónicas de un desastre anunciado
Hoy se cumplen 100 días desde que Joe Biden asumió como Presidente de los Estados Unidos tras unos comicios dudosos y repletos de polémicas. El demócrata prometió “deshacer el trabajo de Trump”, promesa que cumplió, para mal, en varios campos, mientras que en otros se vio desbordado por las circunstancias y debió continuar con la política de su predecesor.
Migración: promesas incumplidas y crisis histórica
Desde la asunción del presidente Joe Biden, Estados Unidos atraviesa una crisis migratoria sin precedentes que pone en peligro la estabilidad nacional.
Uno de los primeros factores que desencadenó la crisis fue el freno a la construcción del muro de Trump, que servía como barrera a la entrada masiva de extranjeros. A eso se les sumó un memorándum interno a las fuerzas fronterizas pidiendo mayor flexibilidad con los migrantes ilegales; pero principalmente, porque Biden prometió durante su campaña una amnistía total a todos los inmigrantes ilegales, lo que generó enormes caravanas hacia la principal potencia del mundo.
Un Juez declaró inconstitucional el decreto presidencial que frenaba las deportaciones por 100 días. A eso se le sumó un aumento de la inmigración ilegal en un 600% en menores de edad, quienes fueron asignados a unos campos de contención en condiciones de hacinamiento.
Tras el desastre que provocó, Biden comenzó a deportar como no lo había hecho Trump, les pidió a los inmigrantes que no entraran al país “lo puedo decir fuerte y claro: no vengan” y anunció la continuación de la construcción del muro de Trump lo que, en los hechos, es admitir la derrota.
Rusia, China y bombardeo a Siria: una política exterior errática
La política exterior de Biden mostró un claro contraste con la de Trump, primer presidente en no iniciar una guerra en 90 años: a menos de un mes de su asunción, ordenó un masivo bombardeo a Siria. También, anuló el decreto que impedía al Partido Comunista de China realizar inversiones en el sistema eléctrico estadounidense por ser un sector estratégico, abriendo las puertas al enemigo. En la cumbre de Alaska, convocada por él, China lo desafió: “Estados Unidos ya no negocia desde una posición de fuerza, podemos hablarles como iguales”. Xi Jinping entiende que EEUU con Biden es una potencia en retroceso, y actúa en consecuencia.
Con Rusia, país con el que Trump había forjado una muy buena relación, generó otro desastre diplomático: tildó a Putin de “asesino” y, cuando éste lo retó a debatir públicamente, rehuyó. El líder del “mundo libre” rechazando un debate abierto con el líder de Rusia, algo impensado hace pocos años.
Otro de los logros del republicano había sido el acercamiento con Corea del Norte, quien se comprometió a abandonar su programa de armamento nuclear. Cuando Biden asumió, intentaron comunicarse con el Gobierno de Kim Jong Un, pero le respondieron: “sólo estamos dispuestos a hablar con Trump”.
Nobleza obliga, sí podemos reconocerle dos buenas medidas en su política exterior: mantuvo la alianza y el compromiso de defensa de Taiwán frente a la amenaza de China, y condenó el genocidio armenio por parte de Turquía.
Economía: camino al socialismo
Sobre su política económica, se pueden enumerar algunas medidas que van en la dirección contraria a la libertad de mercado impulsada por Trump:
–Anuló el decreto de Trump de reducción del gasto público
–Anunció un aumento de impuestos histórico. El impuesto a las ganancias, por ejemplo, podría pasar del 20 al 43,4% y situarse al nivel de países como Argentina.
-Emitió un inmenso plan de ayuda estatal mediante deuda, emisión monetaria y gasto público.
-Implementará un plan alimentario para niños similar a la Asignación Universal por Hijo de Argentina. A más de una década de su implementación en el país, la pobreza infantil supera el 60%. Biden cree que la política de planes sociales que fracasó en tantos países funcionará esta vez.
-Impulsa el “Green New Deal”, un inmenso paquete de regulaciones “ambientales” que podrían arruinar a las pequeñas y medianas empresas, que son el motor de la economía estadounidense, en beneficio de algunas pocas compañías que se benefician de la “Agenda verde”.
Aborto, género y una nueva cruzada contra la familia
A pocas semanas de su llegada a la Casa Blanca, el Ejército estadounidense eliminó las pruebas de género neutro para entrar a las fuerzas, es decir, habrá pruebas diferenciadas para hombres y mujeres, lo que supondrá una importante merma en la primera potencia militar del planeta.
Biden eligió a Rachel Levine como Subsecretario de Salud. Levine es un transexual que ejerció como Secretario de Salud en Pennsylvania, y su gestión estuvo marcada por su política abortista, por promover la hormonización de niños y por enviar a enfermos de coronavirus a los asilos de ancianos, causando estragos en cuanto a las muertes.
En cuanto al aborto, Biden restituyó todos los fondos federales a Planned Parenthood eliminados por Trump, y eliminó las restricciones a la experimentación con fetos abortados, también puestas por el republicano.
Todo lo mencionado se combina con una fuerte protección mediática, tal y como reveló la investigación de Project Veritas mediante cámaras ocultas al Director Técnico de CNN, Charlie Chester.
Estados Unidos, la otrora gran potencia de Occidente, está retrocediendo a un paso agigantado con la nueva administración demócrata de Joe Biden y Kamala Harris, que han acentuado la radicalización de la izquierda en el país, y hacen dudar sobre el verdadero ganador de la Guerra Fría: en los hechos, Estados Unidos derrotó al comunismo soviético pero, al final del día, las ideas soviéticas han penetrado en el alma de las élites y juventudes del país, representando la mayor amenaza a la libertad desde la caída del Muro de Berlín.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
