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Opinión

Alzamiento Nacional, el antídoto del Terror Rojo. Por Eduardo García Serrano

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Desde que el Rey huyó por la carretera de Cartagena en las postrimerías de aquel 14 de abril de 1931 el chupinazo del Terror Rojo le abrió los toriles a la muerte socapa de una bayeta tricolor, devenida bandera de la negación de la Patria, de una ideología bárbara de la que el exterminio es código y legítima expresión de la voluntad popular y de una derecha política envilecida en su cobardía y taimada en sus académicos saberes, que se arrodilló para incentivar el pánico de Alfonso XIII trayendo a hombros la II República mientras la izquierda contemplaba con pasmo y paciencia, desde los sótanos en los que aún vivaqueaba, cómo esa derecha cultivada en los ateneos y entrenada en la cobardía le regalaba el patíbulo en el que durante el lustro siguiente, con la bayeta tricolor en las azoteas de las chekas, España iba a ser el anfiteatro de sí misma a manos de verdugos nacidos de su útero.

La tragedia en todo su esplendor. Esquilo, pletórico a través de milenios de Historia y de Cultura viendo cómo la madre muere a manos de sus hijos, los unos armados de cobardía política y de tibieza intelectual y los otros de bárbara ferocidad revolucionaria y de antropofagia fratricida. El Caín Rojo señoreando los predios de Santiago Apóstol; eso fue la II República.

Eso y, sobre todo, así fue la II República con su modus operandi del Terror Rojo y su modus vivendi en el matadero, en sus salas de espera y en sus salas de despiece con el fin de instaurar en España otro paraíso comunista espejo de la URSS. La izquierda, borracha de vino y crueldad, y la derecha, untada de modales versallescos, empecinada en interpretar la civilizada farsa democrática y republicana, llevaron a la Nación, por acción y por omisión, a la inapelable condena por el imperdonable delito de su Nombre y de su Historia, de su Imperio y de su Apostolado: la Patria colgada en el patíbulo de la Puerta de Alcalá bajo el infamante INRI del “Viva Rusia, muera España”.

La honda marca del arado soviético y la lacerante erosión del terror comunista hicieron que de las llagas de España naciera la redención en esa unción sencilla, moral, silenciosa con la Patria. La Fe robusta de fondo campesino y la mística de España, no el mito, fueron el último refugio, como lo fue para Nietzsche, de los patriotas que el 18 de Julio de 1936, unidos por afinidades telúricas, oyeron la voz de Covadonga y del 2 de Mayo de 1808 esculpida en los clarines de sus relojes y de sus calendarios y se alzaron. Se despidieron del Terror Rojo como quien besa a la muerte en los labios y se sublevaron tras el Águila del César, que ya cruzaba el Rubicón por el Estrecho de Gibraltar. No fue solo Francisco Franco, es cierto. Tan cierto como que sin él nada hubiera sido posible.

¡Viva Cristo Rey, Arriba España y Viva Franco!

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España

Elecciones autonómicas o juegos florales. Por Jesús Salamanca Alonso

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«El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria».

Trascurrido el 8-M con división, amenazas entre las diversas «tribus» innombrables, desnudos malogrados –aunque ellas mismas se llamen feministas o «feminazistas»– esputos, amenazas e insultos a las periodistas que cubrían la noticia, parece que volvemos a la normalidad diaria que, en estas fechas, son las elecciones de las distintas comunidades, siendo las más cercanas las de Castilla y León.

Tal comunidad, decíamos hace unos días, que tenía sus revoluciones pendientes; incluso León (solo) trabaja por su independencia uniprovincial, otra revolución pendiente y que ya huele. Sigue insistiendo Fernández Mañueco que va a exigir a Vox que, si hay acuerdo, lo sea para toda la legislatura. Él tiene la impresión de que el Mediterráneo estaba sin descubrir hasta que llegó a presidente con su declaración rimbombante. Algo que es lógico y que no se cumplió la legislatura pasada por la falta de cuadros y la división interna del partido que «acaudilla» un tal Santiego Abascal y del que empiezan a mofarse sus seguidores más jóvenes y buena parte de la ciudadanía madura. En fin, si la incompetencia volara…seguramente no nos daría el sol.

Alguien dijo eso de que «éramos pocos y parió la abuela». Pues justamente es lo que está sucediendo en el partido a la derecha del Partido Popular. Abascal se ha ido quedando sin los mejores por las cacicadas que se han impuesto desde la cúpula ultraderechista. Recordarán a Macarena Olona, a Espinosa de los Monteros, la ejecutiva de Murcia y más recientemente a Ortega Smith. Quienes mejor podían conformar los cuadros de gestión están en la calle y durante la campaña electoral tan sólo se ha visto a Abascal. ¿Le molesta que otros chupen cámara? ¿Acaso piensa que le van a destronar de un plumazo por su caudillismo mal enfocado? ¿quiere seguir presumiendo de su enfrentamiento pasado con ETA?

Por mucho que hable Alfonso Fernández Mañueco de exigir compromisos para toda la legislatura, eso no lo puede hacer con Vox porque hay una tremenda deficiencia en sus inexistentes cuadros de gestión. Carece de banquillo, como se dice ahora. Lo estamos viendo en Extremadura y en Aragón, aquí parece que los militantes son más sensatos. En Extremadura ha sido calamitosa la actuación del líder regional de Vox, asesorado por los de más arriba, por eso se están marchando los militantes a chorro. No olviden que los políticos son como los libros de una biblioteca, cuanto más latos están menos sirven.

Casi un 70% de la población extremeña culpa a la formación de Abascal de huir, de no dar la cara y de no haber entendido el voto de las urnas. Han aterrizado en política como podían haber planeado y caído en una vaquería. Si quieren presumir de torpeza, allá ellos, pero la ciudadanía no se lo va a consentir. No deben olvidar que los atropellos se pagan siempre en las urnas y, a veces, antes.

En Castilla y León de prevé un proceso parecido al de Extremadura: «aguanto como que soy fuerte, pero en dos meses te desgasto». Eso no es hacer política, sino terrorismo electoralista y con ello se parece a EH Bildu, pero desde otra perspectiva. ¡Qué poca cabeza tiene el líder extremeño de Vox, si al final acabará claudicando, como dejaba constancia de ello el 53% de los extremeños! La actitud de Vox en Extremadura se conoce en mi pueblo como «enmarranar más al cerdo». En otros tiempos le hubieran «hecho los perrillos» como hacíamos en el colegio a quienes presumían de algo o fantasmeaban demasiado. Y lo hacíamos por su mala fe, tocapelotas, imbécil e insensato.

Tan sólo el 31% de extremeños culpa a María Guardiola del bloqueo por no haber sabido atraerse a los de Santiago Abascal. Posiblemente, la peor noticia para Vox sería convocar ahora mismo nuevas elecciones porque, según las dos encuestas consultadas, esa formación ultraderechista perdería entre dos y cuatro diputados, que sumaría el PP y dos perdería el PSOE.

Si Vox no tiene más que estratagema, esa se combarte con una buena estrategia. Siempre ha sido así. Al PSOE de Extremadura le hundió los engaños del «hermanísimo», las trampas mafiosas de Garrido y la desconfianza de los socialistas. Si se hubieran convocado antes las elecciones generales sería otro el resultado, pero donde no hay mata, no hay patata.

Según veo en una encuesta de Signa Dos para El Mundo, siguen divididos los deseos de los extremeños y mientras uno de cada cuatro apoya que el PSOE permita un gobierno de la derecha pepera en solitario, entre quienes se dicen votantes socialistas, un 40% quiere ese gobierno en solitario del PP. Un 22% de extremeños prefiere que haya repetición electoral porque creen que la ultraderecha acabará de morros contra las urnas. Y créanme que no van descaminados.

El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria. Ni Castilla ni León van a permitir tonterías, ni se va a esperar a que caiga el higo de la higuera o a Abascal lo alumbre San Apapucio, patrón de la estupidez.

Cuando ese santo alumbra, la estupidez y la torpeza ya están instaladas en la persona. Y si no ceden las partes todo lo que haya que ceder, que dejen la política y se vayan a poner copas y cacahuetes a los lupanares de Pedro Sánchez y malversadora señora «catedrática» o a República Dominicana a contar los aterrizajes del Falcon sin transparencia.

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