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Opinión

Análisis TOTAL, DEFINITIVO y PLUSCUAMPERFECTO de la última jornada electoral, perpetrada en Andalucía. Por Miguel Ángel Velarde

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Ya que hoy tocan análisis superficiales y simplistas del resultado de las elecciones andaluzas, no me voy a quedar yo callado, que sí que sé exactamente los motivos del voto (o el no voto) de cada uno de los 8 millones y medio de andaluces. Faltaría más.
1. Para empezar, me reitero en mi opinión (controvertida y que me ha traído muchos disgustos) de que la población andaluza es profundamente conservadora: En Andalucía se votaba masivamente al PSOE porque era lo que tocaba, lo que siempre había sido, lo conocido, la tradición. Se era del Betis (por ejemplo), de la Trianera y del PSOE. Por eso la estrategia del PP siempre fue el “no cambiaremos nada y mejoraremos alguna cosilla”, y cuando los astros se alinearon para que pudiesen gobernar, se han empeñado en demostrarlo en estos años. De modo que masivamente se vuelve a votar por lo que ya hay, por el orden establecido, lo conocido, lo de siempre. Dicho lo cual, hay otros factores, por supuesto.
2. Dentro de su empeño por que no se notase cambio alguno, el hecho de no robar a manos llenas y de poner al frente de los chiringuitos a personas con una capacidad intelectual media y un mínimo de competencia, en lugar de los chimpancés amaestrados a que nos acostumbraba el PSOE, ha hecho que las cosas mejoren en la región. Es lo que se vende como “una buena gestión” y que ha sido el segundo punto de la campaña del PP (después del “¿veis como no cambiamos nada?”).
3. Además y no hay que olvidarlo, tener a Pedrete en la Moncloa ha sido la mejor campaña para el PP.
4. Un PSOE empeñado en perder, al que sólo ha faltado suplicar que no les voten (empezaron la campaña prometiendo una subida de impuestos y la acabaron con Zapatero -¡Zapatero!- reivindicando el ejemplo de Chaves, Griñán y el resto de corruptos condenados) ha demostrado que aunque su líder sea un babuino que salga en los debates enseñando el culo, tendrá como mínimo 1/4 de los votos emitidos. Recordemos que en Andalucía votar al PSOE es como ser de una hermandad o ir a la feria del lugar. Cuestión de identidad y tradición. Y para muchos es lo que les sigue poniendo el plato de comida en la mesa, por más que en este aspecto, el PP trate de sustituirlos.
5. C’s subió vendiendo que era la alternativa a PP y PSOE pero demostró que era la muleta de quien lo necesitase, independientemente de quién y para qué. La irrelevancia tiene esta consecuencia.
6. Vox se lanzó a una sorprendente campaña simplista y cateta, centrados en un voto rural que está fuertemente anclado en su tradición, y olvidando (casi despreciando) al resto de la población, que veía con asombro cómo una líder con aspiraciones nacionales, se comportaba como la candidata a la alcaldía de un villorrio.
7. Los fascio-regionalistas desunidos han pasado del 16% de los votos (17 diputados) en una sola candidatura, al 12% (7 diputados), que da una idea del porcentaje de votantes que vive bajo los efectos permanentes de los porros, o los que esperan sinceramente que se les de milagrosamente una paguita por su cara bonita.
8. Y enlazando con el punto 1, recordemos que sociológicamente Andalucía nunca ha cambiado. Se empezó votando al PSOE de Felipe González y se sigue votando al PSOE de Felipe González (que ahora es el PP). En estos años hemos sufrido el siempre problemático tránsito de siglas y personas, pero todo sigue igual.
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España

Elecciones autonómicas o juegos florales. Por Jesús Salamanca Alonso

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«El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria».

Trascurrido el 8-M con división, amenazas entre las diversas «tribus» innombrables, desnudos malogrados –aunque ellas mismas se llamen feministas o «feminazistas»– esputos, amenazas e insultos a las periodistas que cubrían la noticia, parece que volvemos a la normalidad diaria que, en estas fechas, son las elecciones de las distintas comunidades, siendo las más cercanas las de Castilla y León.

Tal comunidad, decíamos hace unos días, que tenía sus revoluciones pendientes; incluso León (solo) trabaja por su independencia uniprovincial, otra revolución pendiente y que ya huele. Sigue insistiendo Fernández Mañueco que va a exigir a Vox que, si hay acuerdo, lo sea para toda la legislatura. Él tiene la impresión de que el Mediterráneo estaba sin descubrir hasta que llegó a presidente con su declaración rimbombante. Algo que es lógico y que no se cumplió la legislatura pasada por la falta de cuadros y la división interna del partido que «acaudilla» un tal Santiego Abascal y del que empiezan a mofarse sus seguidores más jóvenes y buena parte de la ciudadanía madura. En fin, si la incompetencia volara…seguramente no nos daría el sol.

Alguien dijo eso de que «éramos pocos y parió la abuela». Pues justamente es lo que está sucediendo en el partido a la derecha del Partido Popular. Abascal se ha ido quedando sin los mejores por las cacicadas que se han impuesto desde la cúpula ultraderechista. Recordarán a Macarena Olona, a Espinosa de los Monteros, la ejecutiva de Murcia y más recientemente a Ortega Smith. Quienes mejor podían conformar los cuadros de gestión están en la calle y durante la campaña electoral tan sólo se ha visto a Abascal. ¿Le molesta que otros chupen cámara? ¿Acaso piensa que le van a destronar de un plumazo por su caudillismo mal enfocado? ¿quiere seguir presumiendo de su enfrentamiento pasado con ETA?

Por mucho que hable Alfonso Fernández Mañueco de exigir compromisos para toda la legislatura, eso no lo puede hacer con Vox porque hay una tremenda deficiencia en sus inexistentes cuadros de gestión. Carece de banquillo, como se dice ahora. Lo estamos viendo en Extremadura y en Aragón, aquí parece que los militantes son más sensatos. En Extremadura ha sido calamitosa la actuación del líder regional de Vox, asesorado por los de más arriba, por eso se están marchando los militantes a chorro. No olviden que los políticos son como los libros de una biblioteca, cuanto más latos están menos sirven.

Casi un 70% de la población extremeña culpa a la formación de Abascal de huir, de no dar la cara y de no haber entendido el voto de las urnas. Han aterrizado en política como podían haber planeado y caído en una vaquería. Si quieren presumir de torpeza, allá ellos, pero la ciudadanía no se lo va a consentir. No deben olvidar que los atropellos se pagan siempre en las urnas y, a veces, antes.

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En Castilla y León de prevé un proceso parecido al de Extremadura: «aguanto como que soy fuerte, pero en dos meses te desgasto». Eso no es hacer política, sino terrorismo electoralista y con ello se parece a EH Bildu, pero desde otra perspectiva. ¡Qué poca cabeza tiene el líder extremeño de Vox, si al final acabará claudicando, como dejaba constancia de ello el 53% de los extremeños! La actitud de Vox en Extremadura se conoce en mi pueblo como «enmarranar más al cerdo». En otros tiempos le hubieran «hecho los perrillos» como hacíamos en el colegio a quienes presumían de algo o fantasmeaban demasiado. Y lo hacíamos por su mala fe, tocapelotas, imbécil e insensato.

Tan sólo el 31% de extremeños culpa a María Guardiola del bloqueo por no haber sabido atraerse a los de Santiago Abascal. Posiblemente, la peor noticia para Vox sería convocar ahora mismo nuevas elecciones porque, según las dos encuestas consultadas, esa formación ultraderechista perdería entre dos y cuatro diputados, que sumaría el PP y dos perdería el PSOE.

Si Vox no tiene más que estratagema, esa se combarte con una buena estrategia. Siempre ha sido así. Al PSOE de Extremadura le hundió los engaños del «hermanísimo», las trampas mafiosas de Garrido y la desconfianza de los socialistas. Si se hubieran convocado antes las elecciones generales sería otro el resultado, pero donde no hay mata, no hay patata.

Según veo en una encuesta de Signa Dos para El Mundo, siguen divididos los deseos de los extremeños y mientras uno de cada cuatro apoya que el PSOE permita un gobierno de la derecha pepera en solitario, entre quienes se dicen votantes socialistas, un 40% quiere ese gobierno en solitario del PP. Un 22% de extremeños prefiere que haya repetición electoral porque creen que la ultraderecha acabará de morros contra las urnas. Y créanme que no van descaminados.

El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria. Ni Castilla ni León van a permitir tonterías, ni se va a esperar a que caiga el higo de la higuera o a Abascal lo alumbre San Apapucio, patrón de la estupidez.

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Cuando ese santo alumbra, la estupidez y la torpeza ya están instaladas en la persona. Y si no ceden las partes todo lo que haya que ceder, que dejen la política y se vayan a poner copas y cacahuetes a los lupanares de Pedro Sánchez y malversadora señora «catedrática» o a República Dominicana a contar los aterrizajes del Falcon sin transparencia.

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