España
«Antifascistas» abuchean y acosan a Ortega Lara: «¡Vuelve al zulo!»
Jose Antonio Ortega Lara ha sido recibido con gritos e insultos de «¡Ortega Lara, vuelve al zulo!» por cientos de radicales de izquierda que intentaron boicotear el acto de VOX al que acudía ayer Miércoles en Murcia con Santiago Abascal.
El ex funcionario de prisiones, que estuvo secuestrado por la banda terrorista ETA más de 531 días, tuvo que enfrentarse a las descalificaciones de un grupo de la izquierda radical,pertenecientes al ‘movimiento Antifascista’.
Posicionados en los exteriores del Hotel Nelva, los terroristas callejeros «antifascistas» acosaron, insultaron, agredieron e intentaron impedir la entrada de los asistentes a los actos que el partido político Vox y la organización Hazte Oír desarrollaron en la tarde de ayer en el centro de Murcia. El CNP, que desplegó un dispositivo de seguridad en la zona ante la previsión de que se pudieran producir actos violentos, se vió obligada a cargar hasta en tres ocasiones contra los manifestantes y detuvo a tres personas.
Las protestas se iniciaron sobre las cuatro de la tarde, cuando alrededor de cien personas empezaron a agruparse en las inmediaciones del Hotel Nelva para proferir insultos, acosar, presionar e intentar impedir por la fuerza la conferencia ‘Marxismo, Feminismo y LGTBI‘, promovida por Hazte Oír, contra «la ideología de género que propone la homosexualidad o la transexualidad como modelo educativo superior». El Frente de Acción Estudiantil (FAE), que convocó las movilizaciones junto al grupo #EstudiantesEnMovimiento y la Juventud del cuasi criminal PCPE, considera que tanto este colectivo como el partido Vox «se lucran de alimentar el odio entre la clase trabajadora» con su discurso político. Dado que la forma de lucrarse y ganarse la vida de los individuos que militan en estas patibularias organizaciones suele ser desconocido, un militante de VOX les sugirió, a voces, y de forma muy celebrada «Que se fueran a trabajar» después de exclamar «Arriba España».
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A pesar de la importante presencia policial, la tensión aumentó cuando un grupo de maleantes avanzó hacia las puertas del hotel y empujó a uno de los asistentes al acto, al que recriminaron que les estuviera haciendo fotos. Cosa que, por supuesto, ellos hacen en todo momento pero que, según su estricto sentido de la justicia, nadie más puede hacer.
La Policía estableció un cordón de seguridad, singularmente poco efectivo a la hora de proteger a los militantes de VOX que se vieron reducidos a entrar por un estrecho pasillo de 15 cms. pegados a un muro, la exaltación comunista y los insultos continuaron al tiempo que los simpatizantes de Vox mostraban banderas de España y los estudiantes pronunciaban consignas como «no pasarán» o «si tocan a una, nos tocan a todas». Con la efectividad que consigue la izquierda con estos cánticos, sobre todo con el primero, que fue himno de la resistencia criminal roja en Madrid durante la Guerra Civil y que fue parodiado con el genial cuplé «Ya hemos pasao«.
También hubo gritos a favor de la independencia de Cataluña y burlas sobre el asesinato de Carrero Blanco y el secuestro de Ortega Lara por parte de ETA. «Vuelve al zulo«, berreaban.
«Si salimos ahí fuera…»
Durante su discurso en el acto de su partido, Santiago Abascal señaló que los jóvenes que protestaban «representan la podredumbre de la antiEspaña» y los llamó «escuadras mandadas por Pablo Iglesias que han sido protegidas durante cuatro horas por el delegado del Gobierno». «Dicen que somos cobardes. Mira que si saliéramos ahora todos ahí fuera…», amenazó el líder de Vox, quien denunció que, en todo momento, las consignas que vociferaban estas personas «eran amenazas de muerte e incitaciones al odio». Anunció que analizarán el contenido de los vídeos que miembros del partido grabaron con el móvil para estudiar «posibles acciones judiciales».
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
