Internacional
Biden se quita la careta y elige al talibán abortista Becerra como secretario de Salud
Kamala Harris será posiblemente la vicepresidenta de los Estados Unidos más agresivamente abortista de la historia. Harris ha dado muestras de actuar siguiendo los designios de Planned Parenthood y de ser una feroz talibán presta a combatir con todos los medios a su alcance cualquier iniciativa dirigida a defender la vida de los no nacidos. Su historial al respecto, que recordé recientemente, es demoledor.
Joe Biden tiene un perfil menos agresivo que nos retrotrae a los tiempos en que los demócratas abogaban porque el aborto fuera algo “seguro” pero raro, excepcional. Pero Biden no ha llegado a la presidencia de los Estados Unidos por ser un hombre de principios, sino por su habilidad para adaptarse a las tendencias del momento. Y el Partido Demócrata del año 2021 ha abrazado el aborto como el derecho sagrado sobre el que se funda su concepción de una sociedad libre. Así que Biden va a luchar para que no exista ninguna restricción a la posibilidad de matar a un ser humano en el seno materno. Una opción es la de aumentar el número de miembros del Tribunal Supremo para llenarlo de jueces abortistas, pero quizás no sea necesario llegar hasta esos extremos y baste elevar el “derecho al aborto” a rango de ley federal, como ha prometido Biden durante la campaña electoral.
En cualquier caso, y a la espera de ver qué camino elegirá el nuevo presidente estadounidense, el anuncio del nombramiento de Xavier Becerra como nuevo secretario de Salud nos indica que Biden no se anda con chiquitas. Una cosa es la retórica, moderada y reconciliadora (“vamos a volver a unir al país”) y otra los hechos. Como declaró Marjorie Dannenfelser, presidenta de la Susan B. Anthony List, con esta elección “Biden ha demostrado una vez más que es un extremista del aborto. Becerra es agresivamente proaborto y un enemigo de la libertad de expresión”.
Biden ha elegido a Becerra por encima de otros candidatos menos controvertidos, como la exgobernadora de Michigan, Jennifer Granholm o la exsecretaria del HHS, Sylvia Burwell. A diferencia de otros candidatos al puesto, Becerra nunca ha ocupado un puesto de alto nivel en el ámbito sanitario, pero en cambio tiene un amplio historial de ataques a los provida y a las organizaciones religiosas.
Y es que Becerra, siendo fiscal general de California, se ha dedicado a emprender continuas batallas judiciales contra los pro-vida. Una de ellas, que llegó al Supremo en 2018, se originó después del intento de obligar a los centros pro-vida que ayudan a mujeres embarazadas a hacer publicidad de los servicios de aborto a los que pueden acceder. El Tribunal Supremo echó por tierra la pretensión de Becerra y del estado de California, que consideraron una violación de la Primera Enmienda. Por otra parte, Becerra no dudó en continuar la ofensiva de su predecesora en el cargo, Kamala Harris, para perseguir al periodista de investigación David Dalendein, que había expuesto la venta ilegal de tejido fetal procedente de abortos por parte de la multinacional abortista Planned Parenthood.
En los inicios de la pandemia, Becerra lideró una coalición de fiscales generales del estado para presionar ante la administración para que redujera sus restricciones a la distribución de la píldora abortiva. Pero no fue ésta la única iniciativa de Becerra en este complicado año: en octubre pasado, el gobernador Gavin Newsom lanzó una nueva serie de restricciones arbitrarias sobre los lugares de culto y Becerra se lanzó a perseguir a quienes no las cumplieran. El reverendo Trevor Burfitt, un sacerdote católico, calificó las restricciones de «laberinto burocrático de absurda complejidad» e interpuso un recurso que llevó a que el Tribunal Supremo, una vez más, le quitara la razón a Newson y Becerra.
Otro de los campos en los que ha destacado Becerra es en el intento de imponer el mandato contraceptivo que obligaba al empleador a contratar un seguro que incluyera la posibilidad de esterilización, anticoncepción y aborto para todos sus empleados. Biden ya ha anunciado que pretende resucitar el mandato contraceptivo de Obama, por lo que probablemente Becerra se verá involucrado en una importante batalla al respecto.
Otra batalla judicial en la que probablemente tendrá protagonismo será la del mandato transgénero, que impide que sea negada cualquier petición de cirugía ‘de transición‘. Este mandato fue rechazado en un tribunal en 2019 pero ahora se espera que Becerra apele. Asimismo, se teme que las cláusulas de protección de conciencia para trabajadores sanitarios que reconoció la administración Trump sean rechazadas por el nuevo secretario de Salud.
Así que, oh sorpresa, Joe Biden, el presidente de la unión y la reconciliación, empieza su mandato con una elección para un puesto clave que augura una guerra cultural sin cuartel. Lo resume bien Ross Douthat dese el New York Times: “Becerra es la elección que haces si tienes la intención de perseguir a muchos de tus compatriotas, ya que eso es lo que lo caracteriza: es un convencido combatiente en temas como las armas y la inmigración y un maximalista del derecho al aborto que ha utilizado la oficina del fiscal general para demandar a las Hermanitas de los Pobres después de una decisión de la Corte Suprema en su favor y para perseguir a los cineastas provida que hicieron vídeos encubiertos de ejecutivos de Planned Parenthood hablando de la venta de partes del cuerpo de los fetos abortados”.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
