España
Cabify también dejará de operar desde este viernes en Barcelona, al igual que Uber
El taxi «se ha tornado más violento que nunca». Los incidentes violentos que está provocando el gremio de taxistas desde que están en huelga ha dejado un rosario de agresiones y actos vandálicos difícilmente justificables. Los usuarios deberían tomar nota de cara al futuro. Los taxistas están poniendo en práctica tácticas violentas a lasque se les debería haber puesto coto. Sus argumentos van en contra de las propias necesidades de la ciudadanía. Hacen falta más servicios de transporte individual, ya que la demanda está un poco por encima de la oferta, y las prerrogativas de los licenciatarios, como contratar a personas a su nombre, son excesivas, como ya ha constatado la autoridad española de la competencia (CNMC) en varios informes.

(El Español)
Los ciudadanos también podrían exigir a los taxistas una mayor limpieza y cuidado de sus unidades de trabajo y de su higiene personal, que vistan adecuadamente, que conduzcan de una forma responsable, que moderen sus tarifas, que devuelvan las pertenencias olvidadas, que no manipulen los taxímetros o que subcontraten a españoles en vez de a extranjeros.
Lo peor con todo es que el matonismo de muchos taxistas estén logrando el objetivo de «exterminar» a la competencia.
Cabify dejará de operar en Barcelona
La empresa Cabify ha anunciado, poco después de hacerlo Uber, que este viernes, 1 de febrero, dejará de operar en Barcelona, el mismo día que entra en vigor el decreto de la Generalitat que obliga a precontratar los vehículos de alquiler con conductor (VCT) con una antelación mínima de 15 minutos.
Según ha informado la empresa, la aplicación de Cabify informará a sus usuarios de «su expulsión de Cataluña», con la entrada en vigor de la normativa catalana.
Tras revisar el texto, la compañía ha concluido que esta regulación tiene «como único objetivo y, por tanto, también como consecuencia final», la expulsión directa de la aplicación Cabify y de sus empresas colaboradoras de Cataluña y Barcelona.
Uber deja de operar en Barcelona este viernes por las «restricciones» a los vehículos VTC
el discurso de los conductores de VTC también se ha vuelto más áspero. «Como no haya un muerto sobre la mesa, no se va a hacer nada»,
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
