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Cada vez son más los que consiguen su pan gracias al sudor de la frente ajena

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La ministra de Hacienda, María Jesús Montero.
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Por José Manuel Otero Lastres.- Los lectores que hayan estudiado bachillerato en las décadas de los cincuenta y los sesenta del siglo pasado seguramente recordarán el muy citado por entonces pasaje del Génesis, 3. 19, en el que, al fijar Yahveh el castigo a Adán por haber comido del fruto prohibido, le dice “Ganarás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la tierra, de donde fuiste sacado. ¡Porque eres polvo y al polvo volverás!”.

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Con pasajes del Antiguo Testamento como éste, se nos instruía a los escolares de entonces en que para ganarse el sustento de cada día no quedaba otro remedio que trabajar. Y en aquellos tiempos de la sociedad de los muchos deberes y los escasos derechos no era difícil estar convencido de que ganarse el pan con el propio trabajo era una imprecación tan lógica que se aceptaba sin discutirla.

Desde luego, en España aquéllos eran tiempos de pobreza para la gran mayoría de los que vivían en el olvido de los del montón. La Guerra Civil nos había sumido en una lacerante escasez de todo tipo de bienes y vivíamos una economía de pura subsistencia. Había sí algunos ricos –siempre los hubo- pero eran pocos y la publicidad comercial, por entonces muy incipiente, más que incitar a consumir lo que no abundaba, iba informando de los pocos y escasos productos y servicios que estaban al alcance de la generalidad.

Los que han crecido en la democracia conocen por sí mismos cómo hemos ido evolucionando económicamente desde el final del franquismo hasta nuestros días en los que se puede afirmar sin exagerar que estamos instalados en la sociedad del bienestar. Fue una evolución económica lenta en la que se pasó de una renta per cápita algo superior a los 6.000 dólares en 1980 hasta superar los 35.000 en 2008 para situarnos actualmente y, tras los efectos de la crisis, en algo más de los 28.000 dólares. Y, aunque hoy es innegable que todavía hay familias en situación de riesgo de pobreza, la realidad acredita que son menos de las que nos anuncian, y que la pobreza de hoy es, por decirlo así, más abundosa que la de la postguerra.

Viene lo hasta aquí dicho a cuento para mostrar mi preocupación por la tendencia a vivir de la subvención que se venía observando en la realidad española de los últimos años y que acaba de intensificarse con fines electorales en el proyecto de Presupuesto Generales del Estado de 20019.

En efecto, a través de una presión fiscal, casi confiscadora, que sube hasta el 35,3 del PIB y afecta, como casi siempre, a las sufridas clases trabajadoras, el Estado se gastará en 2019 más de 345.358 millones de euros, un 5,3% más que el año anterior. Es verdad que la mayor parte del gasto público ira a las pensiones, cuyo importe crece un 6,2% hasta la imponente cifra de 153.864 millones, el 42% del Presupuesto. Y lo es también que las pensiones no son subvenciones (con excepción de las no contributivas), sino pagos a gente que ya trabajó y que, en consecuencia, ganó el pan con el sudor de su frente. Pero si lo que antecede es cierto también lo es que crecen las ayudas públicas que subvencionan la dependencia, la vivienda, los consumos domiciliarios, y un amplio programa social cuya guinda es un plan contra la pobreza infantil y ayudas para las familias más necesitadas.

No soy tan insensible como para afirmar que no hay que ayudar a las personas y a las familias más necesitadas. Lo que digo es que no parece conveniente una política económica que fomente más la subvención que el trabajo, en la que sean cada vez más los que consiguen su pan no gracias al sudor de su frente, sino al trabajo ajeno. Lo que sostengo es que, bien miradas las cosas, nuestra Constitución ha recogido la mencionada imprecación bíblica. Y así su artículo 31 dispone que “todos” tenemos que contribuir al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con nuestra capacidad económica, mediante un sistema tributario justo pero no confiscatorio, y en un sistema en el que la asignación del gasto público se efectúe de manera equitativa y de acuerdo con los criterios de eficiencia y economía.

Fomentar el “subvencionismo”, como hace el proyecto de Presupuestos de Sánchez, es electoralista, pero no responde al orden económico y social justo del que habla la Constitución, en el que el progreso de la economía para asegurarnos a todos una digna calidad de vida tiene que fundamentarse en el deber de trabajar de que habla el artículo 35 de la Constitución y no en un derecho a vivir permanentemente del subsidio público. Porque, por si alguno no lo sabe, los recursos públicos no son una fuente inagotable de bienes que, cual el maná bíblico proviene del cielo, sino un fondo limitado que se nutre de las aportaciones que hacemos los ciudadanos que contribuimos económicamente al sostenimiento de los gastos públicos.

 


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La hecatombe de Pedro Sánchez

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José Luis Torró. – El sacrificio de cien reses que hacían los antiguos griegos a sus dioses ha quedado para la posteridad para referir una mortandad, desgracia o catástrofe. Cien reses sacrificadas son muchas. El gobierno de Pedro Sánchez se las da de ecologista, verde, progresista, feminista. Ya lleva cuarenta días en el cargo, si bien poco le ha cundido la faena para otra cosa que no haya sido la de colocar a íntimos y colaboradores en puestos de muy alta remuneración. Mucho más alta que la del propio presidente del Gobierno. Sueldazos que no son made in Sánchez, sino que vienen de antes. ¿Es más difícil y complicado dirigir la empresa de las Loterías del Estado que la presidencia del Gobierno? Eso parece, a tenor de lo que cobra el lotero mayor del Reino, 214.000 euros brutos al año, frente los 83.000 de Pedro Sánchez. Eso sí, Sánchez tiene todo pagado en La Moncloa, además del Falcon.

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En un plis plas se pasan los cien días de cortesía y ya tendremos licencia para criticar. Hay algunas cosas la mar de criticables, que no admiten demora por lo muy incoherentes que resultan. Ahí está el nombramiento de un director general de los Derechos de los Animales, que ha recaído en la tómbola sanchista de cargos y cargas en Sergio Antonio García Torres, el mismo que en su día se manifestó en contra de que la leche de las vacas sirviese de alimento humano. ¿Tendrán derecho las vacas a partir de ahora, a oponerse al sacrificio al que son sometidas, para su que sus carnes, huesos y piel sean provechosas para comensales carnívoros o empresarios marroquineros? No parece que sea al caso como ahora se verá.

Porque cada uno de los nuevos vicepresidentes y vicepresidentas, que son cuatro y cuatra, y todas y todas ministros y ministras, que son otros dieciocho y dieciocha, reciben como prueba totémica de su confirmación en el cargo y carga una cartera fabricada en España. Artesanal elaboración que es encomendada a reconocidos profesionales de la piel como Tarín Maletas y Del Barrio Estudio. Estas empresas han sido las últimas en cumplir el encargo y hacerlo, además, con la diligencia que exige tenerlas a punto para el acto de toma de posesión ministerial, ese en el que se escenifica ante las cámaras de televisión la entrega por parte del anterior ministro al nuevo de su correspondiente cartera.

¿Ha reparado el lector en la clase de material con que están fabricadas estos portafolios de los ministros y ministras? Pues sí. Se trata de piel de vacuno. ¿Cómo es posible que este Gobierno, que tanto se las da de progresista, feminista y animalista, haya consentido la cruel masacre vacuna, toda una hecatombe, para disponer de pieles suficientes con que poder fabricar las carteras ministeriales? ¿Y cuantos cerdos y cerdas han sido igualmente sacrificados para aprovechar su piel, que será utilizada como forro de esas mismas carteras? No puede haber mayor evidencia de lo muy contradictorio que está siendo el Gobierno de Sánchez, capaz de nombrar un director general de los Derechos de los Animales y, al mismo tiempo hacer de piel las carteras ministeriales.

No se sabe de que un vicepresidente tan animalista como Pablo Iglesias, a cuyo departamento pertenece la dirección general de los Derechos de los Animales, haya dicho palabra alguna en contra de esa cruel práctica asesina. Ni tampoco por parte del enchufado en esa dirección general. Y mucho menos que algún ministro o ministra haya renunciado al cargo en solidaridad con vacas o cerdos sanguinariamente muertos para hacer una cartapacio tan peculiar. Lo de menos son las características de estos portafolios, que si pesan kilo y medio; que si miden 45x35x20; que si tienen seis compartimentos en su interior y que ya disponen de espacio para el portátil o tablet. Lo que debería ser noticia es que este gobierno progresista, feminista y animalista ha decidido no matar más animales con cuya piel hacer carteras. Eso hubiese sido lo consecuente y coherente. Pero no. Mucha palabrería y ninguna implicación animalista. Y para rematar la faena, observad y nunca veréis a un ministro o ministra hacer una visita a una población, centro oficial o empresa llevando su cartera. O que se le lleve un edecán, asesor pelota o guardaespaldas. O sea, que no había ninguna necesidad de una masacre para hacer unas carteras que no sirven para otra cosa que para el boato del momento de la toma de posesión ministerial.


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La hecatombe de Pedro Sánchez

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José Luis Torró. – El sacrificio de cien reses que hacían los antiguos griegos a sus dioses ha quedado para la posteridad para referir una mortandad, desgracia o catástrofe. Cien reses sacrificadas son muchas. El gobierno de Pedro Sánchez se las da de ecologista, verde, progresista, feminista. Ya lleva cuarenta días en el cargo, si bien poco le ha cundido la faena para otra cosa que no haya sido la de colocar a íntimos y colaboradores en puestos de muy alta remuneración. Mucho más alta que la del propio presidente del Gobierno. Sueldazos que no son made in Sánchez, sino que vienen de antes. ¿Es más difícil y complicado dirigir la empresa de las Loterías del Estado que la presidencia del Gobierno? Eso parece, a tenor de lo que cobra el lotero mayor del Reino, 214.000 euros brutos al año, frente los 83.000 de Pedro Sánchez. Eso sí, Sánchez tiene todo pagado en La Moncloa, además del Falcon.

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En un plis plas se pasan los cien días de cortesía y ya tendremos licencia para criticar. Hay algunas cosas la mar de criticables, que no admiten demora por lo muy incoherentes que resultan. Ahí está el nombramiento de un director general de los Derechos de los Animales, que ha recaído en la tómbola sanchista de cargos y cargas en Sergio Antonio García Torres, el mismo que en su día se manifestó en contra de que la leche de las vacas sirviese de alimento humano. ¿Tendrán derecho las vacas a partir de ahora, a oponerse al sacrificio al que son sometidas, para su que sus carnes, huesos y piel sean provechosas para comensales carnívoros o empresarios marroquineros? No parece que sea al caso como ahora se verá.

Porque cada uno de los nuevos vicepresidentes y vicepresidentas, que son cuatro y cuatra, y todas y todas ministros y ministras, que son otros dieciocho y dieciocha, reciben como prueba totémica de su confirmación en el cargo y carga una cartera fabricada en España. Artesanal elaboración que es encomendada a reconocidos profesionales de la piel como Tarín Maletas y Del Barrio Estudio. Estas empresas han sido las últimas en cumplir el encargo y hacerlo, además, con la diligencia que exige tenerlas a punto para el acto de toma de posesión ministerial, ese en el que se escenifica ante las cámaras de televisión la entrega por parte del anterior ministro al nuevo de su correspondiente cartera.

¿Ha reparado el lector en la clase de material con que están fabricadas estos portafolios de los ministros y ministras? Pues sí. Se trata de piel de vacuno. ¿Cómo es posible que este Gobierno, que tanto se las da de progresista, feminista y animalista, haya consentido la cruel masacre vacuna, toda una hecatombe, para disponer de pieles suficientes con que poder fabricar las carteras ministeriales? ¿Y cuantos cerdos y cerdas han sido igualmente sacrificados para aprovechar su piel, que será utilizada como forro de esas mismas carteras? No puede haber mayor evidencia de lo muy contradictorio que está siendo el Gobierno de Sánchez, capaz de nombrar un director general de los Derechos de los Animales y, al mismo tiempo hacer de piel las carteras ministeriales.

No se sabe de que un vicepresidente tan animalista como Pablo Iglesias, a cuyo departamento pertenece la dirección general de los Derechos de los Animales, haya dicho palabra alguna en contra de esa cruel práctica asesina. Ni tampoco por parte del enchufado en esa dirección general. Y mucho menos que algún ministro o ministra haya renunciado al cargo en solidaridad con vacas o cerdos sanguinariamente muertos para hacer una cartapacio tan peculiar. Lo de menos son las características de estos portafolios, que si pesan kilo y medio; que si miden 45x35x20; que si tienen seis compartimentos en su interior y que ya disponen de espacio para el portátil o tablet. Lo que debería ser noticia es que este gobierno progresista, feminista y animalista ha decidido no matar más animales con cuya piel hacer carteras. Eso hubiese sido lo consecuente y coherente. Pero no. Mucha palabrería y ninguna implicación animalista. Y para rematar la faena, observad y nunca veréis a un ministro o ministra hacer una visita a una población, centro oficial o empresa llevando su cartera. O que se le lleve un edecán, asesor pelota o guardaespaldas. O sea, que no había ninguna necesidad de una masacre para hacer unas carteras que no sirven para otra cosa que para el boato del momento de la toma de posesión ministerial.


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Rehenes de Maduro

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Agustín Pery.- Que el Gobierno ha mentido en el caso Ábalos es empíricamente demostrable. Que en su miríada de falacias están implicados varios ministerios, también. Que su campaña de contraataque se sustente en un alud de tuits burdos a cargo de los boyardos del PSOE argumentando, decretando más bien, que los españoles tenemos cosas más importantes de las que ocuparnos sería una bufonada salvo por lo que tiene de redundante moralina, de tic izquierdoso que decreta qué y en qué grado importan las cosas. El silencio cómplice del otrora combativo Podemos no es más que la constatación de la fórmula pujoliana del «ahora no toca». Apoltronados en el poder, al partido de Iglesias no le interesa vocear su hermanamiento dopado con la satrapía venezolona. Ahora, ya digo, no toca. Entonces, ¿a qué obedece este esperpento? ¿Qué gana Sánchez? Nada. ¿Qué pierde? Algo. Otra grieta en su vaciado depósito de credibilidad.

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Se puede mentir por vicio, estaríamos ante una patología. Se puede fingir por interés. Pues eso, a falta de un sistema a la americana, con impeachment a Sánchez, y sabedores de que su troupe de asociados no tienen ningún problema en convivir con un embustero, la cosa no tiene más remedio que irse a hacer puñetas. Concretamente las de los jueces, que esperemos tengan la pericia y el valor para desentrañar lo que no es un resbalón diplomático, sino un delito. Mentir, al fin, sería entonces por necesidad. Falta desentrañar las razones. ¿Congraciarse con un régimen denostado «urbi et orbi»? Imposible, toda vez que la remilgada Europa se ha posicionado del lado de los demócratas caribeños y en contra del tirano. ¿La vía española? Una patochada con Zapatero de embajador del régimen bolivariano.

Lo desolador es que con un Congreso cautivo de la aritmética y convertido en un mercado persa tengamos que recurrir a la Justicia, otra perseguida, para poner luz en todo lo que el Gobierno quiere ocultar. Maleta arriba, maleta abajo, en cualquier otro país el rosario de dimisiones sería instantáneo. Aquí no. Aquí la mentira institucional se consolida, se tecnifica y acaba hermanando dos regímenes, el de Maduro y el de Sánchez. Ocurre que el segundo es rehén del primero. Sánchez y sus edecanes cautivos de lo que quiera desvelar el tirano venezolano. ¿Y si decide contar lo que vino a hacer Delcy? ¿O calla a cambio de prebendas? Unos linces los de Moncloa. Y mentirosos.


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