España
Detenidos el patrón, el mecánico y el piloto de una patera interceptada con 53 personas a bordo
La Policía Nacional en Almería ha detenido a tres hombres como presuntos responsables de una patera que fue interceptada en el mar de Alborán con 53 personas de origen subsahariano a bordo ya que supuestamente ejercían como patrón, mecánico y piloto.
La investigación apunta a que gobernaron la embarcación desde la costa de Nador en Marruecos hasta el lugar donde fueron rescatados en alta mar, a tres millas náuticas al oeste de la Isla de Alborán y que cobraron a cada viajero unos 1.000 euros por realizar el trayecto.
La interceptación se produjo el 26 de diciembre, cuando en una embarcación tipo neumática de color gris viajaban un total de 53 inmigrantes subsaharianos. El bote medía seis metros de eslora y dos metros de manga, y contaba con un motor fueraborda de 15 CV de potencia.
De manera coordinada, y mientras se realizaban los trámites administrativos recogidos en la Ley de Extranjería para los inmigrantes irregulares llegados en patera, agentes de la Ucrif especializados en la materia, iniciaron las investigaciones tendentes al descubrimiento de los miembros de las redes organizadas que se lucran por gobernar embarcaciones hasta las costas almerienses.
Con un claro reparto de funciones, los tres investigados de origen senegalés se convirtieron en los garantes de la vida del resto de los tripulantes. Al primer detenido, un hombre que responde a las iniciales de T. T., y de 19 años de edad, se le atribuye el cargo de patrón o capitán, con mando sobre la tripulación y capacidad de coacción y amenaza con arrojar por la borda a quien no siguiese sus instrucciones.
K.D., de 28 años de edad fue el encargado del control de los aparatos de posicionamiento y guía marítimos, y el tercer arrestado, que responde a las iniciales de E.M.D.K. y 27 años de edad, tenía encomendada la misión de reparar el motor en caso de avería y surtirlo de gasolina, partiendo desde la costa provisto con un juego de herramientas.
Durante la investigación, la Policía Nacional pudo concluir que los tres arrestados no abonaron cantidad económica alguna por realizar el trayecto en patera, y antes de partir recibieron instrucciones durante al menos 45 minutos por los responsables de las mafias que radican en las costas de Marruecos.
Los detenidos han pasado a disposición del Juzgado de Instrucción 4 de Almería en funciones de guardia acusados de los delitos contra los ciudadanos extranjeros que ha decretado el ingreso en prisión de todos ellos.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
