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Cañizares arremete contra el nuevo entrenador catalán del Valencia: «Celades ha perdido la ética y la moral»
La destitución de Marcelino García Toral ha caído como una bomba en medio del Valencia, y no sólo de su vestuario. Además de hombres con peso en la plantilla como Dani Parejo o Ezequiel Garay, no han podido morderse la lengua figuras históricas como Santi Cañizares, que ayer se desquitó a gusto en los micrófonos de Cope y criticó con dureza la gestión del propietario del club, Peter Lim.
«Se sabía que podía pasar cualquier cosa y que el técnico quedaba muy desprotegido. Lim ha dicho que el cese de Marcelino es porque no confía en la cantera del Valencia. Eso es algo absurdo y que no tiene ningún valor deportivo. Marcelino ha conseguido los objetivos deportivos con creces. Peter Lim pretende que esos chicos jóvenes salgan adelante inmediatamente. Tiene una ansiedad tremenda porque eso suceda. Marcelino busca un crecimiento del jugador normal, no alocada», expresó Cañizares, quien considera que la patada al técnico era inevitable desde el momento en que se produjo el desencuentro definitivo entre el director deportivo, Mateu Alemany, y Lim, aunque lo considera «un atropello tremendo».
Sobre Albert Celades, sustituto de Marcelino en el banquillo local de Mestalla, no fue más cauto: es un chico que viene de formarse como entrenador en las selecciones inferiores y no tenía opciones de firmar en Primera División. Cuando estás necesitado de firmar un contrato y te llega la oportunidad de entrenar al Valencia, pues uno pierde todo concepto de honor y de ética. Celades creo que no sabe dónde se ha metido, con cómo está en el vestuario. Su papel desde el principio va a ser muy complicado». «Se encuentra con un equipo distraído y avergonzado del club donde está, eso hace que el compromiso descienda. Celades viene con unas premisas: Ferrán y Kan Lee tienen que tirar para arriba, y las alineaciones van a ser ellos dos y nueve más, porque ese es el deseo de Peter Lim», razonó.
El capitán del Valencia, Parejo, se posicionó ayer del lado de Marcelino a través de una publicación en sus redes sociales. «Míster, te deseo lo mejor. Estoy seguro de que te irá bien allá donde vayas y te dejen trabajar. Gracias por hacer al club más grande y a mí mejor futbolista», escribió el centrocampista, que hoy es internacional por España.
Garay, otro de los que lleva la voz cantante en Paterna, fue más explícito y extenso en sus perfiles en la red: «Después de muchos años contigo (no solo en Valencia) se a la perfección como eres, tanto en lo profesional como en lo personal. Pero no solo yo me quedo con ello, se lo has demostrado a todo el mundo. Porque el camino se demuestra andando y tú has hecho un recorrido limpio, transparente y sano.Te vas por la puerta grande mister. Quien haya tomado esta decisión NO solo te llevó a ti por delante, arrastró a todo un equipo y afición, algo que alto y claro digo: NO ES JUSTO».
Gabriel Paulista, Carlos Soler, José Luis Gayá o Rodrigo Moreno fueron otros que tuvieron gestos de cariño hacia el entrenador asturiano, expresados principalmente a través de fotografías junto a él, aunque sin «recados» para la directiva valencianista.
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Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy
zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.
La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.
Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.
También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.
Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.
En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.
La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).
Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.
Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.
