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Carta de Armando Robles a Pablo Echenique: «Sois basura política y como tal espero que muy pronto seáis arrojados al vertedero»

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AR.- Admito que no puedo ser objetivo porque siento por ti un profundo asco y un desinterés  absoluto por las limitaciones físicas que te han encadenado de por vida. Todas tus circunstancias me son del todo indiferentes y no movería un solo dedo por paliar ninguna de ellas. El problema es que esta democracia basurizada te ha dado un poder y ofrecido una repercusión mediática que hace que tus venenosas opiniones tengan un cierto calado social. Ahora, miserable, arremetes contra el empresario Amancio Ortega. Le doy a una sola de sus uñas más valor existencial que a toda tu repugnante persona. Él atesora lo que vosotros nunca tendréis, de ahí vuestro odio.


No sé si por tu merma o por otra ignota circunstancia, pero cada vez que hablas desprendes un rencor que acaso tu penosa condición justifique ante otros, pero no ante mí. Miserable, a diferencia de lo que tu no alcanzarás a ser nunca, Amancio Ortega es un ciudadano ejemplar y decente que ejerce la solidaridad con sus compatriotas. A vosotros, en cambio, a toda la purria podemita, no se os conoce mejor acción que la de serviros a vosotros mismos y aprovecharos de los que están en peor situación.

Irene Montero fue demandada por su escolta por obligarle a hacer de recadera, mecánica y chófer de la familia. Tu mismo, canalla miserable, fuiste condenado por la contratación irregular de un asistente personal al que pagabas en negro. No es extraño en vosotros. Siempre hacéis lo contrario de lo que pregonáis. Por eso el pueblo os tiene ya tan calados. Dais asco, mucho asco. La mayoría de los de Podemos son parásitos de la política incapaces de sobrevivir alejados del dinero público. Nunca habéis hecho nada decente que merezca ser ensalzado como parangón. Por eso no soportáis, y tú el primero, que haya buena gente que haga cosas en beneficio del conjunto de todos los ciudadanos.

Habéis perdido cualquier átomo de humanidad y sois gentuza. Solo os importa el poder, como a Maduro, aunque su población perezca de hambre o la nuestra perezca por vuestra incompetencia al gestionar la crisis del coronavirus. Sois basura política y como tal espero que más pronto que tarde seáis arrojados al vertedero.

Te fuiste de tu país, Echenique, porque allí no tuviste ninguna oportunidad de prosperar ni de que se te reconocieran tus derechos humanos por encima de la lamentable merma física que padeces.

Te acogimos en España como lo hicimos con decenas de miles de tus compatriotas, muchos de ellos auténtica escoria humana. La pericia y avance de nuestros médicos te rescataron de una muerte segura. No sólo dejaste de ser una rémora social, como por desgracia lo son quienes padecen tu misma enfermedad en el lugar donde naciste. Nuestro sistema de salud te garantizó atenciones y cuidados, además de reconocerte una discapacidad del 88 por ciento, lo que te asegura unos ingresos de por vida.

Pudiste acceder gratuitamente a la Universidad española y obtener un doctorado. Gracias a los contribuyentes españoles, has tenido una vida infinitamente mejor que la que nunca pudiste soñar en la Argentina. Recobraste tu dignidad personal y pudiste sentirte muy por encima de cualquier paria sin derechos, sin que al caso importase tu origen ni tu enfermedad, como por desgracia sí importan en los países bajo mando de esos dictadores bolivarianos a los que tanto idolatras. ¿Y cómo nos lo agradeces hoy, Pablo Echenique? Nos lo agradeces «ciscándote» en España y en el hombre que está proporcionando a un millón y medio de españoles las mascarillas sanitarias que tu infame gobierno tendría que haberles proporcionado. Estoy seguro que la iniciativa de Ortega servirá para salvar muchas vidas. Vosotros en cambio las destruis.

Pero no solo eso, gusano. Pretendes la implantación en España de un régimen comunista como el que ha arruinado a Venezuela, como el que arruinaría a quienes te hicieron sentirte un hombre libre y sin más cadenas que las que te mantuvieron unido al asistente que pagabas en negro.

De tal cuerpo, tal alma. Así nos lo pagas, Echenique, atacando con saña y odio a uno de los mejores hombres con que cuenta el país que te rescató del pozo más oscuro, y a cambio de nada, te ofreció cuidados médicos y un futuro promisorio que en ninguna otra parte del mundo hubieses tenido.

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Los dos minutos de odio. Por Diego Fusaro

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Quienes hayan leído 1984 de George Orwell (una lectura muy recomendable siempre, y más aún en nuestra época tan orwelliana), recordarán sin duda la emblemática figura de Emmanuel Goldstein.

Él es el principal enemigo del Partido que gobierna Oceanía.

Debido a su oposición al Gran Hermano, todos los días, a partir de las 11:00, en todas las oficinas y lugares públicos, se celebran manifestaciones de histeria colectiva contra él: los «dos minutos de odio», como los califica la obra maestra de Orwell. Las masas hipnotizadas por la propaganda del Gran Hermano suspenden toda actividad para manifestar histéricamente su odio hacia Emmanuel Goldstein, del que no saben nada más que lo que el partido les dice a diario sobre él, presentándolo precisamente como el enemigo por excelencia, como la amenaza que pone en peligro la paz de su mundo.

También en este caso, como en muchos otros, la fantasía distópica de Orwell parece superada con creces por nuestro presente completamente distópico. También el Occidente actual, rectius uccidente, tiene su Emmanuel Goldstein, que sin embargo se llama Vladimir Putin.

A todas horas, la radio, la televisión y los periódicos de la civilización falsamente democrática del Gran Hermano repiten propagandísticamente que él es el enemigo, el peligro máximo, la amenaza suprema para el paraíso occidental Y las masas tecnonarcotizadas y teledependientes se prestan con estúpida euforia a esta representación de histeria colectiva, exhibiéndose en otras tantas variaciones tragicómicas de los dos minutos de odio de la memoria orwelliana.

Es una práctica antigua y probada del poder hacer creer que la contradicción y el enemigo están al otro lado del muro, en el espacio exterior con respecto a la sociedad totalmente administrada por el propio poder: de este modo, desviando siempre la mirada de las contradicciones internas de nuestra sociedad, se produce una unificación ficticia del interior, llamado a cooperar en función de la resistencia al enemigo exterior, del que tal vez, como hoy (pero lo mismo vale para Emmanuel Goldstein), se dice que está listo para invadir nuestra civilización.

Al igual que en la novela de Orwell, siempre hay un Emmanuel Goldstein detrás de cada contradicción, detrás de cada distorsión, detrás de cada mal, y lo mismo ocurre hoy en día en el orden discursivo dominante, que siempre y de nuevo señala a Putin —el nuevo Emmanuel Goldstein— como responsable de todos los males.

¿Alguien se atreve a discrepar de la Unión Europea de la vestal de los mercados apátridas Ursula von der Leyen?

Debe haber detrás la longa manus de Putin. ¿Alguien se atreve a criticar las políticas imperialistas de las barras y estrellas? Debe ser un agente secreto enviado por Putin a Occidente. ¿Alguien se atreve a cuestionar los equilibrios de la globalización neoliberal, cada vez más asimétrica? Por necesidad, es un infiltrado solapado de la Rusia de Putin. Releer a Orwell puede ser realmente beneficioso para un despertar colectivo del hechizo hipnótico de la sociedad del espectáculo y la manipulación milimétrica de las conciencias.

Apaguen la radio y la televisión, lean a Orwell. Quien se lo sugiere es, por supuesto, un espía enviado por Emmanuel Goldstein…

Por Diego Fusaro

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