España
Casado toma el mando de las listas del PP, y en el futuro, de la dirección
Paloma Cervilla.- Por los pasillos del Congreso de los Diputados hay estos días un ambiente de despedida, de fin de ciclo, sobre todo en las filas populares. La mayoría de los diputados del Grupo Parlamentario Popular desconocen su futuro y solo un puñado de fieles a Pablo Casado tienen la certeza de que volverán a ocupar dentro de tres meses sus escaños en el hemiciclo.
Gobierne o no el PP, la próxima Legislatura se presenta complicada y el presidente de los populares necesita un grupo parlamentario compacto, leal y en el que no haya fisuras ni discrepancias notables.
Por esta razón, Casado ha tomado el mando de la elaboración de las listas electorales, que hasta ahora estaban llenas de marianistas y sorayistas. Este “marrón” lo ha delegado en el secretario general, Teodoro García Egea, su hombre de confianza, al que no le duelen prendas de bajar a la arena, recorrer territorios y conocer uno a uno quién es quién en el PP, para después reportar a su jefe.
Antes de que le inviten a abandonar el barco, ya han dado el salto algunos destacados sorayistas, que han encontrado acomodo en la Junta de Andalucía de Juanma Moreno, un verdadero fortín de resistencia de los que perdieron las primarias del PP.
La despedida de ayer de Celia Villalobos fue la más mediática. Antes de que la descabalguen de la lista de Málaga se fue a ver a su amiga Susana Griso y le contó la exclusiva. Ni habló con Casado, ni piensa hacerlo, se va porque ni ella está cómoda en el nuevo PP ni allí la quieren demasiado. Eso sí, seguirá defendiendo sus siglas, eso le honra, y espera que su amiga Carolina España encabece la candidatura de Málaga para apoyarla en la campaña.
Antes, como la que no quiere la cosa, ya se había ido Teófila Martínez, la exalcadesa de Cádiz, a la que nombraron el martes presidenta del Puerto de Cádiz. Como solo queda un Pleno, no sé si dejará su acta de diputada. Teófila apostó fuerte por Soraya, como la mayoría del PP de Cádiz, con excepciones como Pepe Ortiz, el alcade de Vejer, y futuro presidente de los populares gaditanos, sustituyendo a Antonio Sanz, jefe de la campaña de Soraya, que también ha encontrado refugio con Moreno Bonilla como viceconsejero de Presidencia.
En el paquete de nombramientos del pasado martes había otro nombre, Rafael Merino, exalcalde de Córdoba y diputado por esta provincia andaluza. Será el presidente de todos los puertos andaluces. Merino era consciente de que no iba a repetir en una provincia con la que ya tiene escasa vinculación y que está controlada por el casadista José Antonio Nieto, portavoz parlamentario en Andalucía. Este último nombramiento ha sido una de las pocas concesiones que Moreno Bonilla ha hecho al casadismo en Andalucía.
Entre los que no han encontrado acomodo todavía, pero tienen un futuro muy negro en las listas están los exministros Cristóbal Montoro e Íñigo Méndez de Vigo, porque el otro exministro, Álvaro Nadal, está a la espera de destino en una embajada como técnico comercial. Caso distinto es el de Fátima Báñez, la exministra de Empleo cuenta con el cariño de la nueva dirección del PP y podría encabezar la lista por Huelva.
Otro destacado sorayista, como José Luis Ayllón, también está en la cuerda floja, aunque no crea que tenga ningún interés por repetir, a no ser que no encuentre sitio en el sector privado.
Después hay otros nombres como el de Alicia Sánchez-Camacho, Belén Bajo, Fernando Martínez Maillo, que hicieron campaña por Soraya y que temen que los dejen fuera del pastel parlamentario, que en la próxima legislatura será más pequeño. A ello hay que unir el grupo de asesores y personal de confianza, que ya tiembla pensando en su futuro.
Esta será la primera criba, pero no será la única, a largo plazo Casado también tendrá que configurar una ejecutiva a su medida, no la que se vio obligado a hacer para satisfacer a los sectores del PP que le auparon a la presidencia: Cospedal y Núñez Feijóo.
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España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
