España
Cayetana Álvarez de Toledo (CAT), sensación mediática de la campaña (y de Casado)

Emilia Landaluce (R).- Mediodía en Cornellá, tradicional feudo socialista. Cayetana Álvarez de Toledo (CAT) se pasea entre los puestos del mercado. Una borde la llama «cara haba». Cuando se aleja, otra masculla un «qué ascazo, una facha». Sin embargo, la mayoría la mira con curiosidad. «Esta es la que salió el otro día en el debate», explica una joven a otra. Esa misma. La del «sí, sí, sí hasta el final» (en relación al consentimiento sexual). La que preguntó a María Jesús Montero si Sánchez indultaría a los presos del 1-O. A la que la ministra no supo responder cuando le pidió que dijera cuántas naciones hay en España. «¿Y en Cataluña?», volvió a insistir.
CAT se ha erigido en la sensación mediática de la campaña de Casado. Un milagro considerando el punto desde donde arrancaba el PP catalán tras el fracaso en las últimas autonómicas y la amenaza (fantasma o no) de Vox. «España es la voluntad empecinada de vivir juntos los distintos», explicaba ayer en Cornellá a un grupo de simpatizantes. «Yo es que ya además de militante del PP, soy militante de Cayetana», le contestaba un afiliado.
Quien hubiera escuchado o leído (en este mismo periódico) a Cayetana Álvarez de Toledo no puede sorprenderse por las cosas que hace y dice la candidata popular por Barcelona. Cayetana es así. Inteligentísima. Dice lo que piensa porque precisamente lo ha pensado. «Hay que tratar al votante, al ciudadano, como si fuera un adulto responsable», suele decir. «Como a las mujeres, que no son un bloque monolítico (…) tampoco somos víctimas. Ni débiles». La responsabilidad es un concepto al que suele aludir la candidata en todos los discursos. La de los políticos, la de los medios, la de los dos millones de nacionalistas cómplices con el golpe, la de los ex votantes del PP a los que les pica Vox.
«Mira, parece poca cosa pero tiene unos c…», dice un señor. «No hay quien la pare», añade su mujer. Las verdades como puños en la mandíbula de sus contrincantes.
Pero hay algo más. Los medios nacionalistas ya saben que Cayetana interesa. Todas las noticias vinculadas a su nombre -sobre todo si incluyen conceptos como marquesa (lo es), su relación con Felipe V, el doctorado en Oxford- son un éxito de audiencia. Clicks en las páginas web. Les pone mucho. Es lista y habla muy bien. Cada una de sus apariciones suscita un reguero de comentarios. Quizás porque CAT ha vuelto a la política recuperando o, mejor dicho, introduciendo algo que parecía olvidado: la razón. La izquierda llama a sus argumentos, a su rapidez verbal y expositiva, «el garrote». El nacionalismo -más vicioso- se refiere al «látigo», el «azote».
El discurso de CAT ha roto con esos argumentos nacionalistas a los que en su día se plegó el constitucionalismo. El origen es el primero de los tabúes que han saltado por los aires. Álvarez de Toledo podría haber sido segunda de Casado en Madrid. Sin embargo, eligió ir por Barcelona, el Titanic que describió Félix de Azúa, que ya a principios de los 80 intuía los estragos que causaría el nacionalismo. En cuanto Casado confirmó que sería número uno por Barcelona, el independentismo la descalificó por no hablar catalán. Ella les respondió: «Cada vez que digan que un no catalán no tiene derecho a presentarse por Barcelona se reafirma el sentido de mi candidatura».
Sus palabras servían para denunciar el discurso independentista, ese que «pretende convertir en extranjeros a la mitad de los catalanes que no son nacionalistas». El que ha hecho que una parte importante de esa Barcelona internacional, abierta, se viera obligada a marcharse. Y la que ha traído de vuelta Cayetana. Con ella han hecho campaña Boadella, Trapiello y parte de la izquierda nacional, como José María Fidalgo, ex secretario general de CCOO.
Su siguiente paso fue evidenciar que el espacio público no era patrimonio exclusivo del independentismo, la gran reivindicación de la manifestación del 8 de octubre de 2017, después del 1-O, en la que tan implicada estuvo CAT. Fue en la Universidad Autónoma de Barcelona, adonde había acudido a un acto constitucionalista. Los radicales quisieron impedir su paso. Los escoltas trataron de convencerla de que desistiera. Pero logró avanzar. «Son niñatos totalitarios y subvencionados que creen que la universidad es suya». Su rostro entre la marabunta indepe se convirtió en carne de whatsapp, una imagen que se ha convertido en el eje de la campaña que lidera Casado. O el PP o la victoria de Pedro Sánchez con los nacionalistas.
La reconquista del espacio público fue también el argumento en su entrevista en TV3. Acusó a la cadena de «participar en un golpe contra la democracia» y dijo que el ente público catalán se había convertido en una «cadena residual» ignorada por la mitad de los catalanes. Click, click.
Lo siguiente que hizo fue decir abiertamente que el nacionalismo es xenofobia. Una afirmación que escuece muchísimo en el independentismo. El día del referéndum, Cayetana estuvo en San Julián de Ramis, la localidad donde debía haber votado Puigdemont. «Española», la insultaban. Una señora precisó: «No, es argentina. Hija de una puta y un español».
Ayer en Rac1, frente a Jordi Basté, volvió a referirse a la Cataluña xenófoba. «La mitad de los catalanes tiene que reflexionar por qué no quiere vivir con otros españoles. ¿Qué les pasa? ¿De verdad se sienten excluidos? Eso es xenofobia». Click, click.
El látigo de la marquesa excita sobre todo a las élites catalanas, seguramente necesitadas de corte y látigo. Incluso en su propia casa. En el Círculo Ecuestre acusó a los empresarios de no haber frenado el procés. «¿Hicieron lo que pudieron? ¿Cuántos empresarios han plantado cara al nacionalismo?».
Cuentan los testigos que alguno de los presentes trataba de escabullirse mirando fijamente la ensalada.
Y luego llegó el debate en TVE. Y el «sí, sí, sí hasta el final». Y nadie en Cataluña habla de otra cosa, y casi que en el resto de España tampoco.
España
¡Al fin! VOX trata al PSOE Azul (Antiguo PP) como se merece y advierte: serán «el doble de exigentes» y acusa al PP de «patrocinar guerras sucias» contra Vox

El líder de Vox reclama a los populares negociaciones «serias, sin prisas, con medidas concretas» y plazos y garantías de cumplimiento: «No son de fiar»
Santiago Abascal ha ofrecido este lunes una declaración ante los medios de comunicación en la que ha acusado al PP y al PSOE de atacar de forma «permanente» a Vox con «mentiras e insinuaciones» y en concreto a los populares de «patrocinar guerras sucias» contra su formación. Y ha advertido a Alberto Núñez Feijóo de que en las negociaciones, que ahora parece que han quedado en stand by, después de la investidura fallida de María Guardiola y la falta de acuerdo en Aragón para la Mesa de las Cortes, Vox será «el doble de exigente» porque en las urnas los ciudadanos han pedido el doble de Vox.«Después de este maratón de elecciones,(…) podemos concluir que Feijóo ha cometido un grave error impidiendo que se llegasen a acuerdos con Vox tanto en Aragón como en Extremadura que fuesen parecidos a los del PP de la Comunidad Valenciana», ha sostenido Abascal. «Si el PP convocó esas elecciones para no aceptar las exigencias de vox y los extremeños y aragoneses han dicho que quieren el doble de exigencias, nosotros vamos ser el doble de exigentes», ha asegurado.Según ha expresado el líder de Vox, hay un «Gobierno criminal» enfrente y mientras un PP al que ve «absolutamente incapaz» de romper con Pedro Sánchez y de presentar una moción de censura contra él. Y cree que ambos están empeñados en «acabar» con su partido. «Son incapaces de debatir con nosotros sobre los problemas reales de las políticas que han aprobado desde hace décadas y que han impulsado desde Bruselas», ha criticado.
En este contexto ha indicado que es «muy difícil» entablar conversaciones para que haya un acuerdo con el PP y ha reclamado a los populares entablar «negociaciones serias, sin prisas, con medidas concretas» asociadas a presupuestos para poder acometerlas y con plazos y garantías de cumplimiento. «No son de fiar», cree Santiago Abascal.El líder de Vox ha hecho estas declaraciones desde el Parador de Gredos, tras una reunión con el Comité Ejecutivo Nacional, el Comité de Acción Política, los portavoces nacionales y los portavoces autonómicos.Una reunión que se produce a pocos días de las elecciones de Castilla y León, donde a partir de la semana que viene todo apunta a que tendrán que sentarse a hablar con el PP, y tras unos días de tensión a nivel interno, con la reciente expulsión definitiva de Javier Ortega Smith del partido y la apertura de expediente disciplinario a José Ángel Antelo. Ortega Smith este mismo lunes ha anunciado una denuncia contra la Ejecutiva de Vox por la «filtración» de su expediente de expulsión, y recursos contra su expulsión. Y Antelo ha pasado al grupo mixto en la Asamblea de Murcia.Abascal no ha aludido a ninguno de los dos, ya se pronunció al respecto la semana pasada y zanjó: «Nadie está obligado a estar en Vox. Quienes están en Vox están obligados a respetar las normas internas de Vox, sea el presidente o el último afiliado, y eso va a seguir siendo así».Respecto a las «mentiras, demonización y guerra sucia» contra su partido que achaca a Ferraz y a Génova, ha instado al PSOE y al PP a que «pierdan toda esperanza de destruirnos o de pararnos». «Tenemos el apoyo creciente del pueblo español».






